Ambos trabajaban con rapidez, agachados sobre las láminas del fino metal. Habían tomado algunas cuerdas, utilizadas para el secuestro de los otros reclutas. Aunque se sorprendieron al no encontrarlos allí, se habían movido y ellos ni siquiera lo notaron. Con las cuerdas, estaban tratando de improvisar una especie de asa, para que se les facilitara poder utilizar el material como un escudo. —¿Qué haremos con los tipos de n***o apostados cerca de la placeta? – preguntó Betty, mientras trabajaba sobre su salvaguardia casero. —No lo sé, estoy pensando, obviamente nos verán venir, les llegaremos de frente. — explico Martín, realmente preocupado. —Quizás no necesitemos llegarles de frente, podemos tomar la calle por la que yo llegué, vi una vereda que puede llevarnos directamente a n

