Media hora después, Martín caminaba con paso firme hacia la oficina del director principal de su departamento, o sea el tío de Betty, Cesar Andrews. Tenía muy clara cuál sería el castigo para la agente. Sin importar los sentimientos que tuviera hacia ella, se merecía una reprimenda. Rompió muchas reglas en un transcurso de cuatro horas, incluso menos. Por lo que no permitiría que se saliera con la suya. Le dio tres ligeros golpes a la puerta de madera frente a él. Le invitaron a pasar y así lo hizo. Una vez dentro de la oficina, la boca se le secó. Sentado detrás del enorme escritorio se encontraba el capitán Andrews, y frente a él, su Padre, Edward Lane. Como de costumbre las manos comenzaron a sudarle, un terrible escalofrío recorrió su espina dorsal, y unas incontrolables náus

