Las sábanas estaban mojadas, no entendía como lo sabía, pero lo hacía. Dio una frenética vuelta sobre el colchón, jadeo ante el dolor, y el miedo que lo asedian. Su cerebro estaba atrapado, entre la terrible pesadilla y el borde de la realidad. —Sabes lo que debes de hacer, y mejor hazlo rápido, no tengo todo el día. — dijo el hombre frente a él. Como siempre llevaba una correa de cuero en la mano, de forma amenazadora. Sí, sabía lo que tenía que hacer, arrodillarse ante su progenitor y soportar la paliza, sin chistar, porque de lo contrario, los golpes caerían sobre su cuerpo por mayor cantidad de tiempo. Observo como el primer látigo se extendía por arriba de su cabeza, pero nunca lo sintió. En cambio, se despertó de golpe, saltando sobre su mullido lecho, en medio de un grito ah

