06 - parte uno

4115 Words
Blair se llevó una mano a su mentón, mirando con concentración al par de hermanos sentados como niños regañados frente a él. Casi rezando internamente para no querer matar a ninguno de ellos. —No fue mi culpa que mi hermana piense en un ladrón antes de que piense que pude haber sido yo. —Cole se cruza de brazos, mirando hacia su izquierda con indignación. —También vivo en esta casa. Saskia estaba en esa misma posición, pero mirando hacia la derecha. Mellizos tenían que ser. —Fue difícil deducirlo. —Mejor ni hables. —Blair le advirtió. —Apestas a alcohol. —¿Por qué será? Si he ido a un bar a tomar agüita saborizada. Le puso mala cara. —No pueden darme ese susto nuevamente. —Volvió a hablar —Creí que era algo grave. —¡Fue algo grave! —Saskia apuntó a su hermano—¡Ha roto nuestro pacto de mantener el Sabbat en ese lugar! —Solo lo he querido leer. —Le puso mala cara. Saskia rodó los ojos. —Por supuesto. Ahora ya sabes leer en latín nórdico. ¿Algún logro más que has hecho en mi ausencia, Cole? —Enorgullecer a nuestros padres. —Pausó—No irme a un bar a beber con el enemigo. —¿Enemigo? —Se giró a verlo, sorprendida. —Es un cazador. —Vaya. Ahora hablas igual que un brujo, felicidades. —Alzó las manos, incrédula y dolida. —Además "Enorgullecer a nuestros padres" ¿insinúas que no lo hago? —No lo insinuó. Lo digo. Saskia lo miró sorprendida. Sintió algo amargo en la boca y en el pecho, como si su corazón se hubiera encogido en su propio lugar. Esperaba aquellas palabras de todos, incluso de Blair, pero nunca de él. ¿Por qué estaban tan distanciados? Eran los mellizos Hewitt, los mellizos más unidos y caóticos. El equipo inseparable y ahora por culpa de la magia estaban como dos desconocidos. —Saskia, no... —Púdrete. Se intentó poner de pie, pero solo recibió un aturdidor mareo que le recordó todos los tragos que había tomado. Se avergonzó de sí misma, no podía mantenerse parada. ¿Por qué cada vez está más humillada? Cole se acercó a ella, queriendo recompensar sus palabras al ayudarla a caminar. Sin embargo, apenas ella sintió su roce, lo empujó lejos de su cuerpo. —¡No me toques! —Gritó, retrocediendo torpemente—¡Púdrete tú, tú magia, tú Sabbat, todo! —También es tu Sabbat. —Le recordó, tensando la mandíbula. Le dio una venenosa mirada. —Ni siquiera me has esperado. Has aprendido a leerlo y no me lo has propuesto ni siquiera escucharte leerlo. Yo lo haría por ti. —¡Iba a hacerlo! —¿Sí? ¡Porque siempre me has llamado y preocupado donde estoy o cuando salgo por la noche sin avisar y hoy te ha dado igual! ¡Ni siquiera un mensaje preocupado me has mandado! ¡Estaba esperando tu m*****o mensaje! —¡No siempre tengo tiempo para soportar tu drama, Saskia! Ella retrocedió un paso por unos segundos hasta que presiono sus labios y volvió su postura al frente. —¿Sabes qué? ¡Entonces vete a vivir a su estúpido aquelarre si no me soportas! —¡Esta también es mi casa! —¡Tío Paul me lo regaló en mi cumpleaños, es mía! —¡Bien, me iré! —¡Vete! —¡Okay! Cole se giró y comenzó a caminar. Abrió la puerta de la casa para marcharse, pero se sorprende al ver que ésta se cierra fuertemente de nuevo dejándolo con la mano en el aire. Blair también tenía la mano en el aire, la había cerrado con su magia. —Son hermanos. Los hermanos no deben pelear así, solucionen sus dramas de una vez. —Pues yo no quiero solucionar nada. —Se cruzo de brazos Cole. —Yo mucho menos. —Saskia copio su acción. Blair puso los ojos en blanco, irritado. —Son hermanos. —Repitió. —¿Y eso qué? Si tuvieras hermanos sabrías que da igual eso. —Tenía hermano. —Pausa. —Arreglen sus problemas como brujos civilizados. —Ella no es bruja. —Masculla. Saskia alza las cejas. —¿Ahora ya no soy una bruja? Cole la miró rencoroso. No era él quien hablaba, era toda su impotencia y enfado. —No lo eres. Mamá y papá deben de haber estado desilusionados que todas las generaciones de grandes brujos se corten contigo. Saskia entrecerró sus ojos. —Vete. —Cole iba a reclamarle, pero ella vuelve a repetir lento y claro: —Vete, ahora. ¡Fuera! Cole se vuelve a girar, abre la puerta y se va. Saskia se queda mirando la puerta cerrada unos segundos más hasta girarse a ver a Blair. —Tú también. Fuera. —Saskia. —¡Me da igual que seas mi m*****o líder, fuera! —No te dejaré borracha, depresiva y sola. Lo siento. —¡Tienes la culpa de todo! —Gritó —¡Tú...!¡Tú...! —Cerró la boca y chilló como niña pequeña. —¡No tienes la culpa de nada, pero vete! —Muy madura, Hewitt. Le dio una mirada que asustaría hasta a Satanás y se giró, subiendo las escaleras —sosteniéndose de las barandillas y paredes para no caer—, mientras que Blair suspiró pesadamente y la siguió. —¡Que te vayas, pesado! —Gritó, exhausta. —Sácame. —Se encogió de hombros. Saskia llegó a la puerta de su dormitorio donde quiso abrir la puerta, pero por más que empujara y empujara, era imposible. Era como si la hubieran trabado con algo. Le puso mala cara cuando notó que Blair tenía la mano en el aire con el dedo pulgar e índice cruzados entre sí. Él estaba trabando la puerta. —¡Déjame en paz! —Gritó —¡Solo quiero dormir! —Lo hubieras pensado antes. —Sonó tranquilo ante su desesperación —¿Con qué cazador te has reunido? —Dormiré en el sofá. —Advierte. —Sería una pena que inmovilice tus piernas, Saskia. Responde. Debatió internamente si podría golpearlo, evadirlo o fingir un desmayo, pero estaba muy alcohólica como para poder elegir una de las dos cosas. Llevó ambas manos a su cintura, mirándolo completamente incrédula. —¿Siempre eres tan idiota? —No. Siéntete honrada. —Te odio. —Musita. —Felicidades. ¿Quién es el cazador? Pasó por su lado. —Me estas poniendo de los nervios. —Advierte. —Déjame en paz. Comenzó a bajar las escaleras, fue hacia la cocina a por un vaso de agua. Necesitaba librarse de Blair o la borrachera y por cómo se había puesto supuso que sería más fácil librarse de la borrachera. —¿Por qué? ¿No quieres que te enfurezca? ¿Qué sucederá? ¿Me lanzarás una cuchara? ¿Un tenedor? ¿Un mantel? ¿Debo suplicarte misericordia? Llegó hacia la cocina, cogió un vaso y lo lleno de agua. Ignorándolo completamente. —Ahora me ignoras. —Sonríe malicioso. —Que inmadura eres. Lo ignoró nuevamente, bebió del agua lentamente pestañeando muchas veces, intentando reunir la poca concentración que tenía. —Ya veo porque tu hermano estaba tan enfurecido. —Metió las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón y le sonrió de forma burlesca. Como si intentará provocarla. —Quizá si tenía razón, no eres digna del apellido. Notó algo distinto en su mirada. No supo describir cómo era, pero sabía que era algo bueno. Quería provocarla y efectivamente lo estaba haciendo, Saskia cerró su mano en un puño clavando sus uñas en la palma de su mano. —Debería de quitarte el Sabbat ¿No? —Señaló el gran libro con la cabeza, que había dejado en la mesa. —Después de todo, tus padres cometieron un error al dejártelo. Saskia dejó aún lado el vacío a medio terminar, se llevó un dedo a la boca mordiendo su uña intentando tranquilizarse. Blair no se inmuta en ese movimiento y sigue hablando. —Así que bueno, supongo que tampoco necesitarás a mi aquelarre por lo cual puedes quedarte aquí, sola. —Miró su alrededor, con un aspecto aburrido. —Pero de todas formas puedes tener la compañía de una vampiresa manipuladora o de tu asesino amigo cazador. Será interesante. Saskia suspiro y comenzó a caminar hacia la sala. No debía dejar el Sabbat en un lugar tan público como ese, preferiblemente era mejor guardarlo donde solo ella sepa su ubicación. Pero en cuanto lo iba a coger siente como algo la empuja justo en su pecho, haciendo que retroceda unos pasos y finalmente caiga de t*****o. Alzó la vista furiosa a Blair que tenía los dedos nuevamente cruzados. —Ups, que torpe. Mi magia te ha golpeado, a veces lo hago sin intención. —Hace una pausa y luego se comienza a reír. —Cierto, no debes entenderlo no eres bruja. —¡Basta ya! —Gritó. —¡Déjame en paz! Se volvió a intentar poner de pie y en cuanto lo hizo volvió a sentir como la empuja y su t*****o vuelve a impactarse con el suelo. —¡Ah cierto, me has dicho que me detenga, lo he olvidado! Lo fulminó con la mirada. Se puso de pie y volvió a ser tumbada. Tercer golpe y ya le dolía su t*****o. —¡Pero que olvidadizo estoy hoy! Saskia volvió a tener ese brillo especial en sus ojos que Blair notó rápidamente. Los brujos bloqueados por emociones negativas solían desbloquearse cuando colapsaban y lloraban, cuando abrían finalmente su corazón y se desahogaban. Pero aún, Saskia soportaba. —Eres un crío. —Mascullo sin ponerse de pie. —¿Ya no soy un idiota amargado? —Alzó ambas cejas. Se puso de pie lentamente. —Con que me vuelvas a... Y efectivamente, la tumbó. Ella cae por cuarta vez y gime adolorida. Le da una fugaz mirada de odio, la borrachera se estaba comenzando a sustituir por auténtico enfado y la paciencia que estaba manteniendo casi se estaba esfumando. Blair comenzó a sonreír malévolo, ella se puso de pie y caminó hacia él. En cuanto estuvieron el uno contra otro mantuvieron una mirada achispada, Saskia lo miraba con enfado y desconfianza y él con un gesto de diversión. —Detente. —Advierte, lentamente. Blair hace un paso adelante, rompiendo la poca distancia que tenían. —¿O qué? Saskia casi retrocede, en busca de su reconfortante espacio personal pero no quería lucir como una cobarde y con el efecto de alcohol en su sangre hizo un paso adelante. Si había un escaso centímetro de distancia ahora ya no había nada, su pecho se rozaban y en un acto de valentía Saskia echó su cabeza atrás para poder mirarlo a sus verdosos ojos. Sus respiraciones se mezclaron, casi pudieron sentir que sus corazones comenzaron a latir con más fuerza al estar tan juntos, pero ninguno de ellos se inmutó en demostrarlo. —Estoy curioso, Saskia. —Susurró, Saskia sintió su aliento contra el cuello. —¿Qué sucederá... —Se acerca más a su oído, casi su nariz rozándola. —... Si te provocó un poco más? Saskia tuvo el impulso de tocar de su pecho y empujarlo, pero en cuanto puso una mano sobre él sintió una corriente eléctrica y manchitas blancas apoderarse de su mirada. Todo comenzó a teñirse de blanco, era lo contrario a desmayarse y ver la oscuridad. Ella sólo podía ver claridad. Se sorprendió cuando vio que el pecho de Blair desapareció al igual que su presencia en la sala y miró a todos lados en su búsqueda, pero nota que ya no estaba en la sala de su casa. Ahora estaba en una sala muy distinta, parecía estar dentro de una cabaña donde las paredes son de madera al igual que el piso, había una chimenea prendida que daba un aspecto cálido a la sala, las paredes repletas de cuadros de pintura, pero ninguno parecía ser mínimamente reconocido, todos eran como si alguien los hubiera pintado únicamente para tenerlos allí colgados. —¡Hey, basta! —Gritó el pequeño niño corriendo detrás de la castaña de al menos nueve años que corría por delante. Saskia retrocedió y noto que ellos no se inmutaban en su presencia, y ese fue el primer indicador de que esto estaba volviendo a suceder. Estaba viendo un recuerdo. —Eres taaaan quejoso. —La niña lo miró, con aburrimiento mientras se detiene. —Y tú una tonta. ¡Le contaré a tu madre de que estás haciéndome enojar! —Amargado. —Murmura mientras le extiende el juguete de vuelta, que al parecer se lo había quitado. El niño le puso mala cara y examinó que su juguete esté en perfectas condiciones. —Cielo hay que irnos. —Exclama una mujer. —Otro día vendremos, Blair. —Le dice al niño, con una sonrisa. La niña corre hacia su madre, le saluda al pequeño Blair de nueve años y luego se va por el umbral de la puerta. En la puerta se encontraba dos personas más, una mujer que tenía una radiante sonrisa en sus labios, eran de esas mujeres que vieras por donde la vieras siempre parecían estar felices. Pero Saskia se incomodó al verle dos moretones, uno en su pómulo y otro en su cuello. A su lado estaba un hombre, bastante serio y amargado. Saskia supo al instante que eran los padres de Blair, ambos tenían ciertas características parecidas. Apenas la mujer cierra la puerta, la mujer deja de sonreír tan alegre y Saskia sintió algo amargo en su pecho cuando notó que aquella sonrisa había sido todo el tiempo fingido. —¡Tus putas amigas siempre están en la casa! —Le gritó el hombre, enfurecido. Saskia se giró a ver a Blair, quien corrió hacia las escaleras, subió cuatro escalones y se agachó detrás de uno de los balaustres de la barandilla, como si se protegiera, pero a la vez viera la escena. —Sergio, cariño, solo es una amiga. Además, ha estado solo una hora y su hija le cae muy bien a Blair. Para jugar. —¡El día que Blair sepa follar ahí si necesitará amigas, ahora no! —El hombre grita. La mujer aparta la mirada, intentando no lucir asqueada por lo que dijo. El desagradable hombre camino hacia ella, no tuvo tiempo para reaccionar que la sujeto del pelo y le estampó la cara contra la pared, la deja prisionera contra su cuerpo allí. Con una mano se asegura que no se moviera y se mantuviera contra la pared mientras que con otra mano se comienza a desabrochar el pantalón. —¡Blair, no mires, ve a tu habitación! —Gritó la mujer. El hombre, ante aquello, le sujeta del pelo tan fuerte que ella tiene que echar la cabeza hacia atrás. —Cierra tu puta boca. Le enseñaré a Blair lo que debe hacer. —¡No! —Forcejeo la mujer. —¡Blair vete a tu habitación! El hombre la hace girar de golpe, le encesta un puñetazo que hace que ella se haga pequeña frente a él. La vuelve a girar para ponerla nuevamente contra la pared. —Mira Blair. Esto es lo que debes hacer... Follarte a las mujeres, utilizarlas. Solo sirven para eso, para que te las folles, si se resisten demuestra que eres hombre. Blair apartó la mirada, cerrando sus ojos cuando vio como la penetraba mientras su madre gritaba. Saskia se giró horrorizada a mirar al pequeño queriendo saber cómo hacer para que no viese. Blair se pone de pie y sigue subiendo los escalones rápidamente. Saskia sube detrás de él, y se mete en la misma habitación. Se encuentra con paredes rosadas y llenas de posters de películas de Disney, muebles rosados y celestes, donde más allá había una niña jugando con sus muñecas sentada en una gran alfombra blanca. Ella alza la cabeza hacia Blair en cuanto él abre y pone el seguro como siempre hacia cuando su padre se comportaba como un idiota. Siempre tenía miedo que se le acercara a ella. —¿Qué sucede, hermanito? ¿Mamá está gritando? Se quiso poner de pie, pero él la interrumpió. —Descuida. Están viendo una película, no es ella. Eso parece relajarla, pero no tanto. —Quizá deba ir con ellos. Papá se enoja cuando no estoy mucho tiempo cerca de él. —Mejor quedémonos aquí. —Ofreció. Sentándose en la alfombra frente a ella —¿Quieres que juegue contigo a las muñecas? —¡Sí! Saskia sonrío cuando supo que sólo era una excusa para distraerla. Sin embargo, todo volvió a teñirse de blanco, ella retrocedió torpemente en la habitación rosa intentando que con pestañeos pudiera volver a ver sin manchas. Pero en un abrir y cerrar de ojos se encontraba nuevamente en la sala de su casa. Aún con la mano sobre el pecho de Blair Y todo su alrededor volvió a la normalidad. Ella se apartó horrorizada de Blair y miró a todos lados asegurándose efectivamente que estaba en su casa. —Me tocas el pecho y luego te apartas como si fuese ácido, no sé si me siento halagado o insultado. —¿Eh? —Lo miro desconcertada. —¿Cuánto tiempo pasó desde que te toque? —Lo acabas de hacer. —Alzó una ceja. «¿No sabe que he visto un recuerdo suyo?» pensó. —Yo... Debo estar borracha aún. —Murmuró, retrocediendo aún más. —Saskia, si es por mi cercanía puedo evitar hacerlo... No sé qué me sucedió, rompí tu espacio personal y... —Déjame tocarte. Él parpadeó, estupefacto. —¿Qué? Ella no volvió a responder y volvió a colocarle la mano en su pecho, pero está vez, no vio ningún recuerdo. Solo vio a una adulta versión de Blair mirándola como si fuese un bicho raro. —Vaya, nunca me lo han pedido tan directo. —Murmuró, burlesco. Saskia quitó la mano de su pecho, avergonzada. —No he querido hacerlo. Se gira, queriendo huir antes de pasar una vergüenza nuevamente. Pero Blair la coge del brazo y luego de un veloz y brusco movimiento la jala haciendo que ella giré y vuelve a estar contra él. Él le coloca su mano izquierda por la cintura asegurándose de que no pudiera escaparse, ni alejarse. —Es mi turno. —Susurró, mirándole fijamente a los ojos—También te quiero tocar. Saskia observa como su mano derecha se posiciona frente a su tórax, sintió el calor de su tacto y se paralizó. Blair mira su mano sobre su pecho y se atreve a subirla cada vez más. Su mano era grande y el contraste de pieles resultaba ser arte. Levantó la mano hasta llegar a su clavícula. Tenía los dedos bien extendidos, el toque era sutil y suave. Saskia lo miraba fijamente a los ojos mientras que Blair tenía la mirada perdida sobre su toque sobre ella. —Blair... —Susurró. Blair rápidamente alza su cabeza y la mira a los ojos. —Por favor, no digas mi nombre, no podré controlarme si lo haces de nuevo. Ella coloca ambas manos en su pecho, no ejerce presión para alejarse, pero sí los mantiene firmes para que no pueda acercarse aún más a él, ni viceversa. Él alza su mano y acaricia su mejilla con la mano que tenía sobre su pecho. Ninguno dice algo, se encuentran envueltos en una tensión s****l mucho más allá de lo comprensible, no necesitan hablar de todas formas, aquel silencio entre ellos resulta ser reconfortante. Él sigue acariciándole el rostro, memorizando cada peca, lunar, línea de expresión y todo lo que ella lleve en su rostro. —He conocido a cientos de mujeres que han querido poder, fama y dinero... —Blair... —Advierte. Él le coloca su pulgar en su boca, silenciándola, pero en cuanto ambos tienen un contacto, la tensión aumenta. Mira como sus labios están entreabiertos intentando respirar por la boca. —¿Por qué siento que tienes algo especial? No sé qué es, no sé si es tu magia bloqueada acumulada, mi instinto de líder o atracción. Pero siento que eres distinta. —¿Distinta? —He conocido a muchas mujeres, Saskia. Ella se tensa ante aquella confesión. Blair lo nota por lo cual deja de mirar sus labios para mirarla directamente a los ojos. Casi se siente noqueada ante esa mirada tan embriagadora que posee esos verdosos ojos. —Pero ninguna como tú... ¡Qué es lo que te hace tan especial? Parpadeó, aturdida y por instinto echó más la cabeza hacia atrás y tensó sus brazos. Quiso decir algo, por más mínimo y sutil que sea, pero para su sorpresa él la dejó de sujetar y retrocedió, devolviéndole su espacio personal Llevó ambas manos a su espalda y comenzó a caminar, explorando el lugar. Saskia quedó estupefacta en su lugar, lo miró como si fuese un alienígena de tres cabezas recién salido de una película de suspenso. —¿Qué fue eso? —Le preguntó. —¿Qué fue qué? —Sonrió cómo angelito. —Acabas de... —Se interrumpió a sí misma, negó frenéticamente con la cabeza. —Acabas de provocarme. —Solo buscaba provocar tu lado brujo, Saskia. Por eso primero te he enfurecido y luego te he provocado. —Le guiña el ojo. Se quedó como idiota mirándolo por unos segundos más hasta que reaccionó, camino hacia el Sabbat y lo sujetó con ambas manos. —Eres un imbécil. —Masculló, comenzando a subir los escalones. — Otro insulto a la lista. ¿Qué se supone que haces? —Preguntó, mirándola llegar al segundo piso. —¡Leer el Sabbat! —Gritó, enfurecida. —¡Aún no te he enseñado! —Le grita para que pudiera escucharlo. —¡Vete de mi casa! Cerró la puerta de su habitación con seguro en cuanto entró. Miró el techo cuando se acostó en la cama y se llevó ambas manos a la cabeza, dejando el Sabbat aún lado de su cama. Mierda. Miró su celular en busca de mensajes de Cole, pero no tenía ninguno. A diferencia, su teléfono comienza a sonar y era Karteen —al cual habían intercambiado números en la cafetería—. Atiende. ¿Por la llamaría a las tres am? —¡Un pajarito me contó que hay una bruja sin magia en Louisville! —Fue lo primero que dijo, ni hola, ni chau. Saskia cerró sus ojos abatida. —Me sentiré hija de puta si lo niegas, pero he pensado que quizá seas vos. Torció sus labios, indignada. — ¿Siempre te enteras de todo? —Probablemente. —Admitió muy digna. Detrás de su voz se escuchan las voces de personas hablando y el sonido característico de que alguien estaba jugando al billar. Lo cual la hizo sentirse confundida ¿Es que no sabe que tiene clases en tres horas? —¿Solo llamabas para asegurarte que sea yo? —Ajá. Además, también para advertirte. Los cazadores cuando se den cuenta que un Hewitt no tiene magia se pondrán un poco... Rudos. —Los cazadores me tienen harta. —¿A quién no? —Son tus amigos. —Le recordó. —Yo no tengo amigos, Saskia. —Casi pudo imaginársela sonriendo. —Tengo peones. —¿Y quieres que sea tu peón? —No. Bueno, no lo he pensado mucho. Digo, mis peones son algo útiles, Cazadores, Licántropos, demonios, ya sabes, pero nunca me he debatido si d***o un peón bruja sin magia. —Si te burlas cortaré. —¡Que amargada! —Se ríe. —Venga, solo llamo a decirte que los cazadores estarán alertas. Deberías de buscar la forma de que no sepan que eres tú la brujita sin magia. —Supongo que tienes un plan. —Murmuró. —Pues, puedes pedirme el favor a mí y yo encantada lo soluciono. —Pedirte favores no tiene una buena reputación, Karteen. —Ajá, tienes razón. —Murmuró, pensativa. —Pues bueno, no puedo ayudarte si no me dejas ayudarte. —¿No puedes hacer favores sin cobrarlo luego? —Preguntó sorprendida. —Eso hacen los amigos. —Ok, cuando tenga alguno te aviso y me ves haciendo caridad. —Hasta mañana, Karteen. —Hasta mañana, brujita. Sabes que puedes llamarme y soluciono tus problemitas en segundos. Y colgó. Saskia dejó caer el celular aún lado y luego se sentó bien sobre la cama para mirar fijamente el Sabbat. Espero que el Sabbat sea una mejor opción que los favores engañosos de Karteen Snow.
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