Alejandro estaba sentado en la primera fila como acostumbraba desde que estaba en el colegio. Era la última hora de la clase con el odioso profesor de cálculo, el señor LeBlanc; quien en ese momento estaba escribiendo fórmulas en la pizarra como desquiciado, hablaba en voz baja y todos intentaban escribir lo más que podían o entendían. Hubo un momento en donde se rindió porque aparte de que no sabía qué mierda estaba escribiendo, la actitud de Badir le estaba poniendo los pelos de punta. Ya estaba acostumbrado a él siendo agresivo, acaparando su atención o siendo sarcástico, pero no estaba listo para enfrentar a un cabizbajo Badir. Apenas habían pasado dos horas desde que lo besó y su amigo ya lucía triste. Por una parte, se arrepentía de no corresponder el beso, aunque por otra se decí

