El acuerdo

1427 Words
Badir, tenía los codos apoyados sobre la mesa de la biblioteca con sus manos cubriendo su rostro. Estaban en la semana de los primeros exámenes y al siguiente día sería el infernal examen de cálculo para el que no estaba preparado. Sentía que el mundo se le venía abajo con el temor de reprobar y ser expulsado. —Mira —lo codeó Alejandro—, en este libro hay ejemplos resueltos, puede ser que los entiendas. — ¿Tú los entiendes? —Masculló a la vez que enfocaba su mirada angustiada en su amigo. —Bueno… no —respondió un dudoso Alejandro—, aunque puede ser que tú le entiendas y nos expliques. La sonrisa esperanzada de su amigo le hizo sonreír un poco, a pesar de lo que él era y hacía, Alejandro confiaba ciegamente en sus capacidades, era el único que aseguraba podía lograr cosas que él mismo dudaba poder hacer. — ¿Tú entiendes algo, Hilal? —Se obligó a preguntar pues estaba en juego su estancia en la universidad. —No —respondió el aludido reflejando aún más angustia—, necesitamos pedir ayuda. —Pero ese hijo de puta no da asesorías, pretende que todo lo investiguemos —se quejó Alejandro cruzándose de brazos. —Alguien debería ir a hablar con él —propuso sin querer. Ambos lo miraron fijo como si esperaran que él mismo lo hiciera—, yo no iré —farfulló entrecerrando los ojos. —Badir —susurró Alejandro en forma de súplica—, tú eres más fuerte que nosotros. Si se pone agresivo es más fácil que tú logres detenerlo, a nosotros con un empujón nos mandaría a volar. Era una razón lógica pues ambos estaban hechos unos espaguetis, aunque viendo con un poco de detenimiento a Hilal, lucía un poco más grueso a comparación de sus años en el colegio. Aun así, no era suficiente como para enfrentar al profesor Darío. De nuevo la mirada suplicante de Alejandro hizo algo en él que lo obligó a levantarse y tomar sus cosas para dirigirse al despacho del hijo de puta de su profesor. Ni siquiera se despidió de ellos, solo salió e intentó pensar en cómo abordar la situación sin que fuera echado de la oficina antes de poder exponer su caso. Después de unos cuantos minutos de caminar por los pasillos se detuvo frente a la oficina del profesor y aspiró profundamente. Tocó la puerta con un poco de vacilación y esperó. La puerta se entreabrió revelando una parte de la musculosa figura del profesor. — ¿Qué quieres? —Farfulló el gran hombre con seriedad. —Necesito hablar con usted, es urgente —murmuró desviando la mirada al piso pues estaba a punto de rogar y le molestaba mucho la idea. Esperó que la puerta se cerrara en sus narices, en cambio se abrió un poco más y vio al profesor dirigirse a su asiento detrás del escritorio. Entró con lentitud, cerró la puerta tras él y se dirigió al escritorio para sentarse frente al hombre. —Profesor, no entiendo nada de su materia —murmuró sin encontrar el tono adecuado para hablar. —Qué novedad —fue la respuesta sarcástica que recibió. Badir se estaba esforzando en mantener la calma, pero ese tipo no se lo hacía fácil con esa actitud arrogante de mierda. —Usted sabe muy bien que no puedo reprobar ni un solo parcial si no quiero que me expulsen de la universidad, por favor explíqueme lo necesario para pasar el examen —pidió apretando los puños. Era muy difícil pedir un favor y más cuando nunca se había visto en la necesidad de hacerlo. Ni siquiera cuando los padres de Alejandro le ayudaron a entrar en la universidad tuvo que pedirlo, solo fue suficiente hablar con su amigo para que él mismo se ofreciera a hablar con sus padres. —Ese es tu gran problema —explicó el profesor entrelazando sus dedos y mirándolo con atención—. Tu estancia en la universidad no es para pasar una materia, no sirve de nada memorizar las cosas. Debes comprenderlas e investigar si no entiendes, solo así lograrás ser un ingeniero. Si no eres capaz de hacerlo por ti mismo deberías renunciar de una vez. Su cuerpo comenzó a temblar por la impotencia de no poder golpearlo y se mordió la lengua con fuerza hasta sentir el sabor metálico de la sangre en su boca. Ese imbécil no tenía ni idea de lo que sucedía en su vida, solo se limitaba a dificultarle el camino y claro que no debía preocuparle cuando tenía su estúpida vida resuelta. —Muy bien —lo halagó el profesor con una sonrisa de lado—, estás aprendiendo a mantenerte callado cuando no tienes nada inteligente qué decir. Solo por eso consideraré tu petición. — ¿Me va a explicar lo necesario? —Preguntó sintiendo un poco de esperanza. —No —respondió el profesor tamborileando los dedos sobre su escritorio—, no hay forma de que entiendas todo en un día, vas a reprobar y no hay vuelta atrás —Badir lo miró sin entender cómo podría considerar su petición si no estaba dispuesto a explicarle una mierda—. ¿Estás dispuesto a negociar? —Sugirió el profesor con una sonrisa maliciosa haciendo uso de sus propias palabras. El m*****o encerrado en sus pantalones se estremeció, recordó lo bien que se había sentido las manos de ese tipo en su cuerpo y lo minucioso del beso. Lo había dejado tan excitado que la sensación no se la había podido quitar en varios días. Inclusive su boca se le hizo agua al recordar lo excitante que resultó su primer encuentro. —Sí —respondió al desviar la mirada con la intención de no mostrar lo mucho que le entusiasmaba la idea. — ¿Estás seguro? Esta ocasión te saldrá más caro —Badir volvió a mirarlo, el rostro del profesor no reflejaba ninguna emoción, así que no supo cuáles eran sus intenciones—, si aceptas, esta vez te llevaré a la cama. Piensa bien tu respuesta. Una corriente de calor le hizo cosquillas en el vientre y antes de que su mente pudiera imaginar nada, se concentró en la propuesta. En realidad, no había mucho qué pensar porque el examen sería al día siguiente, era mejor asegurar su calificación aprobatoria antes de que el profesor pudiera arrepentirse. Y aunque intentara concentrarse en la seriedad del asunto, no pudo evitar imaginarse a ese hombre sentándosele encima gimiendo y disfrutando de su pene. —De acuerdo —murmuró—, hágalo. —Mañana al terminar las clases espérame en el estacionamiento —ordenó el profesor al levantarse, tomarlo del cuello de la camisa y guiarlo a la salida de la oficina. —Pero… el examen es mañana —expresó indignado, quería asegurar su calificación en ese preciso momento. —Y las calificaciones se entregarán la próxima semana —respondió el profesor en un tono muy parecido al suyo en una clara expresión de burla—. Hoy no tengo tiempo, así que si estás interesado en pasar tu examen te veré en el estacionamiento. No te esperaré, asegúrate de estar allí antes que yo. Badir asintió y fue expulsado de aquel sitio con un empujón para después escuchar el azote de la puerta cerrándose tras él. — ¿Y bien? —Preguntó Alejandro en cuanto estuvo afuera. Se sobresaltó al verlo frente a él junto a Hilal. — ¿Escucharon la conversación? —Inquirió un poco asustado. —No —respondió Alejandro con el ceño fruncido—, esperamos aquí afuera para saber si te explicó. —No. Y no lo va a hacer —respondió sintiéndose aliviado que ellos no hubieran escuchado su trato con el profesor. Alejandro y Hilal se miraron decepcionados. —Bueno… hay otra opción, ¿cierto? —Preguntó con timidez Alejandro a lo que Hilal le regresó una mirada reprobatoria— Conocemos a otro profesor que nos podría ayudar, ¿quieres venir con nosotros? Badir todavía debía estudiar para otras materias y quería aprovechar el tiempo. —No, vayan ustedes, yo estudiaré con el libro que me sugeriste. No le dio tiempo a que su amigo reaccionara y trotó de regreso a la biblioteca para tomar los libros de las materias que le faltaba estudiar. Prefería mantener su mente ocupada para no pensar en lo que haría el profesor Darío al siguiente día. No quería más imágenes de ese gran cuerpo sentándose sobre sus piernas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD