Darío estaba conduciendo a toda velocidad a la casa de Badir pensando en todo lo que había confesado y contrario a lo que pensó, se sentía mucho mejor expresar sus verdaderos sentimientos hacia ese chico y lo mucho que le importaba su bienestar. Sonrió con más amplitud al recordar ese primer día de clases donde se dio cuenta de que Badir era terriblemente atractivo y lo siguió de regreso a casa por la tarde. Al ver la casa del chico se percató de que era un lugar muy pequeño, lo cual, le ayudó a deducir que su familia no tenía mucho dinero; así que siempre se mantuvo cerca para revisar que nada le faltara. Sin embargo, nunca vio la necesidad de intervenir, siempre se veía bien vestido y su cuerpo corpulento le indicaba que comía bien; por lo que se daba la libertad de tratarlo como a los

