Darío condujo con tranquilidad de vuelta a casa pensando en Badir. Hacía mucho tiempo se había fijado en aquel duro e indisciplinado muchacho. Al principio se odió a sí mismo por interesarse en un chico tan problemático, todos los profesores se quejaban de él por ser un dolor en el culo en las clases. Esos comentarios lo hacían sentir muy culpable por haber abogado por él y que resultara ser solo una molestia para la universidad. Se sentía estúpido por haberse dejado llevar por una cara bonita. Al llegar a su casa se derrumbó en la sala sintiéndose muy agotado. La plática con Badir le había costado mucha energía, pues para él no era nada fácil hablar de sentimientos, no cuando solo había obtenido rechazo por parte de su familia y estaba acostumbrado a enfrentar al mundo con brusquedad pa

