Sofia. Lo ignoraba, solo pasaba de él. No le hablaba, no enviaba más mensajes, no hacía nada y a cambio obtuve otra atención de su parte, solo tuve que ignorarlo y él apareció. Atento, cariñoso y absorbente. El sol se filtraba entre las persianas de mi oficina, dando vida a los destellos dorados que dibujaban líneas en el suelo. Estaba sumida en mi rutina diaria cuando el mensaje de Alejandro apareció en la pantalla de mi teléfono, destacándose entre la maraña de correos y notificaciones. Alejandro: ¿Qué te parece un viaje? Tú, yo y horas de calidad lejos de aquí. Mis manos temblaron al leer esas palabras, un cosquilleo se esparció por mi piel, electrizante y embriagador. No era una pregunta común; había un matiz tentador en la oferta. Apenas un instante después, otro mensaje seguía:

