Sofía La noche aún parecía contener los ecos de nuestra última conversación en la terraza, como si las palabras y la tensión entre Alejandro y yo hubieran quedado suspendidas en el aire, flotando entre las estrellas y la suave brisa. Pero sobre todas las cosas de su mano en mi cuerpo. Desde aquel encuentro, no había dejado de repasar cada segundo, cada expresión en su rostro, cada matiz de su voz. Mi pecho todavía ardía con el recuerdo de su cercanía, del calor de sus manos sobre mi cuerpo y la mirada que me dio antes de que todo se desvaneciera y fuera la limpiar el desastre que dejo de mí. Esa noche, tras la fiesta, me había quedado despierta mucho tiempo después de que todos se marcharan, sintiendo en mi piel el peso de sus manos y la intensidad de ese instante en el que ambos nos ha

