En la puerta del Sensations, Tom bromeaba con dos de sus amigas.
Alexia y Diana eran calientes y divertidas y siempre que quedaban para
verse en aquel local lo pasaban muy bien. Una vez dejaron los abrigos,
Alexia propuso ir directamente a un reservado. ¿Por qué perder tiempo? Él
accedió.
Al pasar por el reservado seis, la dura música heavy llamó de nuevo
su atención. Recordó a la mujer que vio aquel día y levantó la cortina para
ver si estaba allí. Como siempre, el espectáculo le gustó y sonrió al ver que
era ella y volvió a fijarse en su curioso tatuaje. Un tatuaje que parecía
moverse solo cuando se movía.
—Vamos, Tom —lo apremió Alexia.
Él, mirándola, contestó:
—Dadme dos minutos. En seguida voy.
Cuando las mujeres desaparecieron en el reservado, Tom sonrió. La
noche prometía ser, como poco, fogosa con Alexia y Diana. Pero aun así
entró toda su atención en la mujer que se divertía entre aquellos tres, la
observó mientras ella disfrutaba al compás de la cañera música heavy. De
nuevo se le antojó deliciosa y sexy. Y sin haberle visto la cara, sólo por
cómo movía la cintura mientras era penetrada, se excitó. Quería jugar con
ella, por lo que tendría que descubrir quién era. Intentó ver su cara, pero
entre la luz tenue y el pañuelo que ella llevaba tapándole los ojos, le fue
imposible.
Los jadeos llegaron al máximo y Tom estaba terriblemente excitado.
Quiso desnudarse y tumbarse en la cama junto a aquella mujer para
poseerla. Quería tener su turno, pero no debía. Él no había sido invitado a
aquella fiesta. Finalmente, se dio la vuelta y se marchó al reservado donde
lo esperaban. Allí, cinco minutos después, dos mujeres calientes le
entregaron todo lo que él pidió.
Cuando aquella noche ______ llegó a su casa, tras darle las gracias a
Dora, se duchó y acostó como una autómata. El sexo para ella sólo era
sexo. Nada de sentimientos. Sólo placer y, sin pensar más en ello, se
durmió.
10
El viernes por la tarde, ______ llamó a Judith y quedó en ir a su casa para
darse un bañito en la maravillosa piscina climatizada que tenían. Cuando
llegó con Samantha, la pequeña se volvió loca y, tras inflarle los manguitos
rosa, ______ la metió en el agua con ella.
Divertida, observó cómo su pequeña chapoteaba en la piscina y la
animó. —Vamos, cariño, mueve los bracitos.
Sami, que en la guardería iba a clases de natación, rápidamente hizo
lo que ella le pedía y Judith, que las observaba sentada en el borde con sus
hijos, aplaudió.
—Muy biennnnn, Sami, ¡nadas muy bien!
—¿Puedo sujetarla yo? —peguntó Flyn, uno de los hijos de Judith,
metiéndose en el agua.
—Claro, cariño. Ven..., ponte aquí —asintió ______.
Encantada, observó cómo aquel jovencito sujetaba a su hija y se
deleitó con la sonrisa de ambos. Pasadas unas horas, en las que disfrutaron
de la piscina, la puerta se abrió y aparecieron Bill, el marido de Judith,
acompañado por su amigo Tom.
Éste, al ver a _______, frunció el cejo. Sin duda alguna, en cuanto se
percatara de su presencia lo pondría de los nervios y así fue. Nada más
verlo, ella sonrió y dijo:
—Vaya..., llegó el atropellamujeres.
Todos sonrieron y Tom, de humor, repuso:
—Venga, no disimules, guapa. Me viste y te tiraste sobre mi precioso
coche para llamar mi atención.
______ al oír eso, levantó una ceja y replicó:
—Ya te gustaría a ti, nene.
Sin cortarse, él sonrió.
—Lo dudo, nena.
—Tom, ¿te metes en la piscina conmigo? —pidió Flyn.
Él, mirando al pequeño de ojos achinados, respondió:
—No, ahora no.
—¿No sabes nadar, capullín? —se mofó _______. Y tendiéndole los
manguitos rosa de princesas de su hija, añadió—: Ten, Sami te los presta.
Judith soltó una carcajada. Lo de aquellos dos comenzaba a ser
divertido y mirando a Tom fue a decir algo cuando su maravilloso marido
la agarró por la cintura.
—Hola, pequeña.
—Hola, grandullón.
Y sin importarles los demás, se besaron con auténtica pasión, hasta
que Tom dijo:
—Venga ya, idos a la habitación, por favorrrrrrrrrrrr.
______ al oírlo, sonrió. Pensaba lo mismo que él, pero no tenía
intenciones de decirlo.
—Sami, ahora vas a ser buena y mientras mamá se viste no te vas a
meter más en la piscina, ¿vale? —le advirtió a su pequeña después de
cambiarle el bañador y colocarle la corona.
La niña negó con la cabeza y ella, riendo con complicidad, preguntó:
—¿Te vas a volver a meter en el agua?
La pequeña asintió y corrió hacia el lateral de la piscina donde estaba
Flyn.
—Sami, ven aquí, que no llevas los manguitos —la llamó ______.
Pero la niña, divertida, siguió corriendo y ______ y Judith se levantaron y
corrieron tras ella. Tom y Bill observaban al pequeño Eric, que dormía en
su sillita tan feliz.
—¿Qué te parece cómo duerme tu ahijado? —preguntó el orgulloso
padre.
—¡Joderrrrrrrrr! —soltó de pronto Tom.
Bill, al ver la cara de su amigo, miró hacia las mujeres, que reían a
carcajadas, y preguntó:
—¿Qué ocurre?
Boquiabierto, Tom no se movió. Sólo podía mirar sorprendido el
tatuaje que _______ tenía en la espalda y, quitándose la chaqueta, dijo:
—Creo haber visto ese tatuaje en otro lugar.
—¿Dónde? —preguntó Bill.
Tom sin quitar los ojos de la joven, murmuró para que no lo oyera
nadie excepto su amigo:
—Si te lo digo no te lo crees.
En ese momento, el pequeño Eric se despertó y la atención de su padre
fue totalmente para él. Bill adoraba a su hijo, y mientras se prodigaba en
cientos de mimos, Tom continuaba mirando a ______. De pronto, su
rompecabezas encajó. Aquel cuerpo moreno y fibroso, unido al tatuaje y la
música de Bon Jovi, no le dejaba la más mínima duda de que era ella.
Sorprendido por lo que había descubierto, no podía dejar de mirarla.
Nunca lo habría imaginado. Cuando ellas llegaron hasta donde estaban
ellos, ______, con su hija en brazos, dijo:
—Vamos, cariño, nos tenemos que ir a casita.
—Noooooooo —chilló la pequeña, agarrándose a Flyn.
—No se quiere ir, ______... Quiere nadar un ratito más —comentó el
niño.
—Agua... más pischina —insistió Sami.
______ sonrió al oír a su hija. Aquella lengua de trapo le encantaba, pero
mirándola directamente a los ojos, la apremió:
—Sami, nos tenemos que marchar.
La niña se resistió y volvió a gritar:
—Noooo, pischina.
—Sami, venga... Te pondré dibujos en casita, ¿quieres? —insistió
para convencerla.
—Noooooooooo.
Tom, al ver la rebeldía de la pequeña, acercándose a ella se agachó e
intentó convencerla:
—Sami, las princesas son buenas y obedientes. Haz caso a tu mamá.
La niña lo miró y, con un gracioso gesto, preguntó:
—¿Tú, pínsipe?
Tom sonrió. ______ soltó una carcajada y murmuró:
—Sí, pero de las Tinieblas. Vamos, Sami.
Todos rieron excepto él y Bill preguntó:
—¿Por qué te vas tan pronto?
______, con su hija algo más calmada, recogió sus cosas y respondió:
—Esta noche tengo planes. Pero antes quiero bañar a Sami, darle de
cenar y acostarla.
—¿Cenita romántica con tu maridito? —aventuró Tom.
Los ojos de _______ lo taladraron y tras cruzar una significativa mirada
con Judith, respondió, mientras se ponía los vaqueros y una camiseta.
—Digamos que es sólo diversión.
______ se percató de que Tom no le quitaba ojo y plantándole cara,
inquirió:
—¿Por qué me miras así?
—Porque quiero.
—¿Tengo monos en la cara?
—No.
—Entonces, ¿por qué no me quitas ojo?
Él sonrió y, acercándose a ella, cuchicheó en su oído:
—Me gusta mirar los bichos raros.
—¿Me acabas de llamar bicho raro? —Tom asintió y ella murmuró
—: Desde luego, qué borde eres, hijo mío.
—Gracias, mamá, me gusta saberlo.
—Lo último que querría ser es la madre de un becerro.
—¿Me acabas de llamar becerro? —Ella sonrió y Tom repuso—: ¿Tú
tienes salidas para todo?
—No lo dudes..., c*****o.
Molesto porque ella no callaba y lo sacaba de sus casillas, fue a decir
algo cuando Judith, al ver que se retaban con la mirada, preguntó:
—Pero ¿qué os ocurre ahora?
—Aquí, el pínsipe, ¡que se cree lo más! —contestó ______ mientras le
ponía un jersey a su hija.
Al oírla, Tom achinó los ojos y dijo:
—Habló la novia de Thor. ¿Dónde tienes el martillo, guapa?
______ cerró los ojos. Aquel hombre era insoportable y con gesto
contrariado, siseó:
—Me acabas de ofender, pedazo de tonto.
—¿Por llamarte la novia de Thor?
—No, por llamarme bicho raro.
Bill soltó una carcajada. Desde luego, aquella mujer había
sorprendido mucho a su amigo. Judith intervino en defensa de ella:
—¿Acabas de llamar bicho raro a ______?
—Ni caso. Éste es tonto y como encuentre el martillo de mi famoso
novio, se lo estampo en la cabeza sin piedad —contestó la aludida.
La pequeña Sami miró a Tom y, con su media lengua, repitió,
señalándolo con el dedito:
—Tonto. Tú, pinsipe tonto.
El tono de voz de la pequeña lo hizo reír y mirando a la madre,
murmuró:
—No puedes negar que es hija tuya.
Eso hizo reír también a ______, que mientras le ponía el gorrito a su hija
añadió:
—Así me gusta, cariño. Que los identifiques desde pequeña.
Quince minutos después, la joven se subió a su utilitario y se marchó.
Cuando Judith cerró la puerta de su casa, miró a Tom a los ojos y
preguntó:
—¿Cómo puedes ser tan tonto?
—¿Tú también con eso? —se mofó él.
Tras mirar a su marido, que la observaba con su pequeño hijo en los
brazos, Judith le aclaró a Tom:
—______ es en cierto modo viuda. ¡Bocazas!