Bill y Tom se sorprendieron ante aquella noticia y Judith, quitándole
a Bill el bebé de los brazos, agregó antes de marcharse:
—De verdad, Tom, qué poco oportuno has sido esta vez.
Cuando ella se alejó, un descolocado Tom miró a su amigo y
murmuró:
—Joder, tío, no lo sabía. ¿Tú sí?
—No.
—¿Qué te ha contado Judith de ella?
Asombrado por aquel repentino interés por la joven que lo sacaba de
sus casillas, Bill le puso una mano en el hombro y dijo:
—Lo siento, James Bond, pero realmente Jud nunca me ha hablado de
la novia de Thor.
Ambos rieron y, deseoso de cambiar de tema, Tom propuso:
—Vamos, invítame a tomar un whisky de los que me gustan... Y como
me vuelvas a llamar James Bond, vamos a tener más que palabras.
Tras cenar esa noche en casa de sus amigos, Tom decidió pasar por
su casa para cambiarse de ropa y luego acudir a cierto local. Quizá, con un
poco de suerte, allí podría despejar sus dudas sobre aquella joven.
11
Aquella noche, al llegar al Sensations, Tom se acercó a la barra. Por
norma, nunca llegaba tan pronto, pero ese día quería ver si ______, la
enigmática amiga de Jud, aparecía por allí. Durante más de una hora, habló
con varias mujeres. Locas por sentirse especiales, todas lo miraban
deseosas de ser la elegida esa noche, pero él no podía apartar sus ojos de la
entrada.Y de pronto la vio.
Allí estaba ella, subida a unos impresionantes tacones y con un
ajustado vestido n***o. Parapetado tras dos mujeres, ella no lo vio y él
pudo seguir todos sus movimientos.
La vio llegar hasta la barra e, instantes después, observó cómo varios
hombres la rodearon. Su campo de visión se restringió y eso lo molestó.
Durante varios minutos, intentó localizarla con la mirada, pero allí sentado
le era imposible. Y cuando vio que ella entraba en el cuarto oscuro, no lo
dudó y, cogiendo de la mano a una de las mujeres con las que estaba, entró
también.
La oscuridad en un principio lo cegó. En aquel cuarto apenas se podía
distinguir nada. No había música y sólo se oían gemidos. Cuando sus ojos
se acostumbraron a la oscuridad del lugar, la localizó y se acercó a ella.
Soltándose de la mujer que lo acompañaba, ancló sus manos en la cintura
de ______ y su olor lo impregnó.
Olía a fresa. Eso le gustó.
Mientras la pegaba a él, notó cómo el hombre que había entrado junto
a ella le subía el vestido para meter las manos por debajo. ______ no habló y
Tom, dándole la vuelta, la colocó de cara a él, mientras el otro hombre se
agachaba, seguramente para mordisquearle el trasero.
Conmocionado por lo que de pronto la cercanía de aquella irritante
mujer le hacía sentir, decidió no abrir la boca. Si hablaba, con seguridad
_______ reconocería su voz y el morboso juego se acabaría. Las manos de ella
subieron a su cuello y pronto sus labios comenzaron a repartir cientos de
morbosos besos y mordiscos por su cuerpo.
Tom cerró los ojos y lo disfrutó y cuando su instinto animal le pidió
más y la cogió de la nuca para besarla, ella se echó hacia atrás y murmuró:
—No.
Él cedió. Deseaba besarla, pero se contuvo.
Cuando ______ volvió a pasear la boca por su cuello y le dio de nuevo
dulces mordiscos, no pudo contenerse y, a pesar de su negativa, acercó su
boca a la suya y la besó. En un principio, ella se quedó parada y,
retirándose, susurró:
—No.
Pero de nada le sirvió. Con exigencia, él atrapó sus labios con los
suyos y la devoró. Metió su lengua en aquella sensual boca y la besó con
deleite, sin importarle las consecuencias.
_____, a quien no habían besado desde que Mike murió, intentó
resistirse a aquel beso, pero ante aquel ímpetu, su voluntad cedió y dejó
que aquel desconocido la besara a oscuras y profundizara en ella. Abrió la
boca y se dejó explorar mientras un gemido de satisfacción le salía del
alma. Hacía tanto que nadie la besaba así, que su voluntad se anuló y
disfrutó de la experiencia.
Aquel tipo besaba muy bien. Y lo que era más: ahora era ella la que
profundizaba en su beso y se pegaba a él con desesperación. Le gustaba
cómo sus grandes manos la apretaban contra su cuerpo. La cautivaba su
olor y la atraía cómo le exigía y dominaba sólo con un simple beso.
Disfrutaba..., pero de pronto comenzó a sonar una suave música
romántica y el recuerdo de Mike regresó a ella. Separándose del hombre
con furia, salió del cuarto oscuro. Tom maldijo. ¿Qué había ocurrido? La
boca de ella lo había seducido y quería más. La deseaba. Por ello y
jugándoselo todo, la siguió, pero al llegar a la barra, de nuevo estaba
rodeada de hombres.
No se acercó. Simplemente se dedicó a observar con descaro hasta que
sus ojos se encontraron. _____, al verlo, se sorprendió y no supo si reír o
llorar. ¿Qué hacía allí aquel idiota?
Pero levantándose del taburete, se acercó a él y preguntó en tono
jocoso:
—¿Tú por aquí?
Tom sonrió.
—Lo curioso es verte a ti por aquí... y sola.
—¿Algún problema porque esté... sola?
—No es buen sitio para venir... sola.
—¿Por qué, nene? —lo retó ella.
Él fue a responder cuando _____ añadió:
—Éste es un local donde la gente viene a lo que viene, ¿no crees?
—Lo sé, nena..., pero tienes que tener cuidadito.
—Sola me las apaño muy bien.
—¿Seguro?
—Segurísimo.
Sin un ápice de vergüenza, ella miró a los hombres que la esperaban
en la barra y agregó:
—Precisamente no estoy sola. Como he dicho, tenía una cita con unos
amigos y, como verás, no es nada romántico.
Tom, mirándola, al recordar, dijo:
—Siento lo que he dicho. Cuando te has ido, Judith me ha explicado
lo de tu marido.
Sorprendida por cómo la miraba, ______ contestó sin cambiar el gesto:
—Cosas de la vida...
Durante varios minutos, ambos estuvieron callados, hasta que ella
hizo ademán de marcharse. Él la sujetó y, acercándose, murmuró en un
tono ronco y sensual:
—¿Adónde vas?
—Me esperan, ¿no lo ves?
Tom miró a los hombres que los observaban y, sin ganas de soltarla,
acercó la boca a su oído y murmuró:
—Hueles a fresas y a mí me encanta comerlas con chocolate.
Clavando su mirada en él, con el corazón a mil por lo que aquella
intensa mirada quería decir, ella repuso:
—Me alegro por ti.
Sin darse por vencido, insistió:
—Sí quieres, tú y yo...
_____ rápidamente identificó el aroma de él con el olor del hombre que
la había besado y tocado en el cuarto oscuro y con un agrio tono de voz,
siseó:
—Pínsipe... tú ya has jugado conmigo todo lo que tenías que jugar.
Con chulería, Tom murmuró sin separarse de ella:
—No siento lo del beso.
—Pues deberías sentirlo.
En un tono de voz bajo e íntimo, él añadió:
—Me ha encantado tu boca y estoy seguro de que me encantaría tu
cuerpo y a ti el mío. No sé por qué te resistes, preciosa... Somos adultos,
estamos en este local y ambos sabemos a lo que se juega aquí.
Agitada, ______ lo miró.
La intensidad de su mirada y las cosas que le decía la excitaban.
Pensar en Tom, en aquel hombre de tentadores labios chupando su cuerpo
como si fuera una fresa con chocolate, la excitó. Le temblaron las piernas
al imaginar cómo la poseería, pero sin querer dar su brazo a torcer con
aquel tocapelotas, replicó:
—Te has saltado una de las normas del club. Me has besado. Has
hecho algo sin mi permiso y podría hacer que te echaran, lo sabes,
¿verdad?
—Sí —murmuró él, paseando su boca por el cuello de ella. Se negaba
a dejarla marchar—. Pero aunque me cueste, reconozco que ha merecido la
pena saltarse la norma.
Cautivada por la sensualidad que emanaba él por los cuatro costados,
mientras la acariciaba intentó dar un paso atrás para apartarse, pero Tom
no la dejó y murmuró mientras su mano pasaba por sus posaderas con
tensión.
—Te aseguro que si tú y yo entramos en uno de esos reservados, te
voy a dejar más que satisfecha.
—Lo dudo, c*****o.
Él sonrió.
—No lo dudes, nena.
—¿Dónde te has dejado las cadenas? —Y al ver cómo la miraba,
añadió con mofa—: Lo digo por lo de fantasma. ¡Serás creído!
Tom, acercándose a su boca, murmuró:
—No, cariño, no soy fantasma. Echa un vistazo a tu alrededor y dime
qué mujer no me mira con deseo. Todas me quieren entre sus piernas.
Todas quieren que las haga chillar de placer y me las folle. Todas...
—Todas no —lo cortó ella—. Yo no. Eres demasiado prepotente para
lo que busco.
Divertido por la conversación y sin permitirle retroceder ni un
milímetro, insistió:
—¿Estar seguro de uno mismo es ser prepotente? —Ella no respondió
—. Vaya, querida _______, pues entonces creo que ambos somos prepotentes...
y tontos.
Ahora la que sonreía era ella. Con una cautivadora sonrisa, acercó su
boca a la de él y tras permitirse pasarla por encima para volverlo loco,
siseó:
—No te deseo.
—Mientes, Superwoman, y lo sabes. Tu piel se excita cuando la toco y
tus ojos me miran ardientes de deseo. Sabes que te volvería loca de placer
y eso...