6
El domingo, cuando Tom llegó a la casa de sus amigos Bill y Judith
en su nuevo Aston Martin y con la compañía de Agneta, tuvo que hacer
esfuerzos para no reír al ver la cara de su amiga Judith. Estaba más que
claro que ella y su acompañante no estaban en la misma onda.
Tras saludar y enseñarles el nuevo coche, Bill invitó a Agneta a entrar
en el salón y Judith, agarrándolo a él del brazo, musitó:
—No entiendo qué ves en Fosqui.
Tom rió al escuchar el mote por el que la llamaba y contestó:
—Es mona y me divierto con ella. Por cierto, le prometí que no la
incomodarías, por lo tanto, compórtate, preciosa, ¿vale?
Judith puso los ojos en blanco y, sonriendo, dijo:
—Ésa es tonta..., pero tonta de manual.
—Jud... no empieces.
—Por Dios, Tom, ¿cómo te puedes divertir con ese caniche
estreñido? Es la tía más sosa que he conocido en mi vida.
Él soltó una risotada. Judith era única. Estaba claro que Agneta y ella
nunca serían amigas y respondió:
—En la cama es de todo menos sosa.
Judith frunció el cejo y replicó:
—Desde luego, qué básicos que sois a veces los tíos. La tía es una
borde que te puedes morir, ¿y porque es una fiera en la cama sigues con
ella?
—Conmigo no es borde.
—Contigo normal —rió ella—. Pero con el resto de la humanidad es
una estúpida que ni te cuento. Ya puedes controlarla o esta noche se va
calientita de aquí. Recuerda que la última vez que nos vimos, la tía idiota se
permitió el lujo de llamarme asesina porque me gustan los filetes de
ternera, y que conste que no le dije lo que pensaba yo de ella porque era tu
acompañante.
—Agneta es vegetariana. No se lo tomes en cuenta.
—Pero joder, Tom, ¿por qué la tienes que traer aquí?
Muerto de risa, él abrazó a su amiga y respondió:
—La he traído para hacerte rabiar, ¡sos tonta! Pero tranquila, se
comportará si tú haces lo mismo.
Al oírlo, Judith sonrió y cuchicheó con complicidad:
—Serás gilipollas...
Entre risas entraron al salón, donde había más invitados. Bill y Jud
los fueron presentando a todos y, cuando llegaron a una joven que tenía en
brazos al pequeño Eric, divertida, Jud preguntó:
—¿Recuerdas a ________?
Tom miró a la joven vestida con vaqueros y jersey n***o de cuello
vuelto y negó con la cabeza. Judith prosiguió:
—Es una amiga española.
¿Él conocía a aquella guapa mujer española y no tenía su teléfono?
¡Imposible!
Aquella morenaza de pelo corto y n***o como el azabache no le
hubiera pasado desapercibida. Con curiosidad, paseó la mirada por su
cuerpo. Los vaqueros le quedaban muy bien y el jersey n***o le marcaba
unos bonitos y tentadores pechos que deseó tocar. Estaba observándola
abstraído cuando de pronto oyó:
—¡Hombre, pero si es el mismísimo James Bond!
Al oír eso, Tom cambió el gesto y rápidamente supo quién era
aquella mujer. Su mente se reactivó en décimas de segundo y la identificó como la
chula que meses atrás ayudó a Judith a salir del ascensor y la llevó al
hospital el día de su parto. Por ello, y sin muchas ganas de confraternizar
con ella, siseó:
—Vaya... vaya... pero si es Superwoman.
_______, al contrario que él, al oírlo abrió la boca y, sorprendida,
contestó:
—Ostras, ¿cómo me has reconocido?
Tom, desconcertado por la guasa en la cara de la joven, preguntó:
—¿Dónde te has dejado el disfraz, guapa?
______ cruzó una mirada divertida con Judith y, clavando sus ojazos
negros en los de él, respondió acercándosele:
—En el Batmóvil, c*****o. Pero, chis..., no digas nada. Lo tengo allí
por si debo salvar el mundo de cualquier espía que esté al servicio de la
Inteligencia británica.
Judith soltó una carcajada. Ver la expresión de Tom no era para
menos. No entendía qué le ocurría a su buen amigo con aquella chica, pero la
divertía. Tom era un tipo con un humor excelente y, por lo que veía, _____
también, pero él se negaba a entrar en su juego. Finalmente, sin muchas
ganas de hablar, lo vio darse la vuelta y marcharse a hablar con Bill.
______ dejó al pequeño Eric en la sillita y, mirando a Jud, preguntó:
—¿Crees que todavía me odia por no haberte llevado él al hospital
aquel día?
Judith se encogió de hombros y, segura de lo que decía, respondió:
—Sólo te diré que es el mejor tipo que conozco después de mi marido,
y que no entiendo por qué reacciona así contigo.
En ese momento se oyó ruido de cristales estrellándose contra el
suelo. A Agneta se le había caído un vaso y éste se había hecho añicos.
Rápidamente, ______ buscó a su hija. La encontró justo al lado del estropicio,
llorando, y corrió hacia ella. Aunque antes de llegar, observó cómo la
pequeña se agarraba al vestido de Agneta y ésta, de un tirón, se apartaba de
su lado, lo que hizo que la niña se cayera.
Tom intentó coger a la pequeña al vuelo, pero finalmente acabó
sentada en el suelo. Al verla llorar, él se agachó, plantó una de sus manos
en el suelo y la cogió.
—Ya está, cariño... no pasa nada —susurró _______, quitándole a la
niña de los brazos, mientras pensaba que aquella mujer, la tal Agneta, era
una idiota.
La pequeña, asustada, continuaba llorando y la corona rosa de
princesa que llevaba en la cabeza se le cayó al suelo y Tom la cogió.
Todos la miraban y ______, olvidándose de todo, la acunó hasta que se le
pasó. Lo importante era su hija, el resto le daba igual. Cuando Sami se
tranquilizó, le enseñó uno de sus diminutos dedos y cuchicheó:
—Teno pupa.
Al verle sangre, ______ actuó con celeridad. Cogió una servilleta y, con
delicadeza, la limpió. No era nada grave. Sólo un pequeño cortecito, pero
mirando a su pequeña, dijo, caminando hacia su enorme bolso:
—Vamos, cariño, mamá te curará.
Bill, que estaba junto a su mujer, rápidamente le indicó que pasara a
la cocina y allí sacó de un armario un pequeño botiquín.
Con cariño, _______ y Judith atendieron a la pequeña, le dieron una onza
de chocolate y le pusieron una tirita de las Princesas Disney en el dedo.
Pero ella quería que su madre pronunciara las palabras mágicas por lo que,
cuando le enseñó el dedo, _______ sonrió y dijo:
—La Bella Durmiente te curará, mágicamente y el dolor se irá,
¡tachán... chán... chán!, para no volver más.
Sami soltó una carcajada y ______ comentó, mirando a su amiga:
—Si me llegan a decir que yo iba a hacer estas cursiladas por mi hija,
nunca lo hubiera creído.
Ambas rieron y cuando regresaron al salón, todos las observaron. _____
llevaba a la pequeña en brazos:
—Sami, diles a todos que estás bien —la animó mirándolos.
Mientras la dejaba en el suelo, la rubita de ojos negros, con una
enorme sonrisa, les enseñó el dedo con la tirita y murmuró:
—Toy bien.
Todos sonrieron y Tom, acercándose a ella, se agachó y preguntó:
—¿Cómo te llamas?
Ella pestañeó con gracia y respondió, agarrada a las piernas de su
madre:
—Pinsesa Sami.
_______ añadió, protegiéndola con cariño:
—Se llama Samantha. La llamamos cariñosamente Sami y ella se ha
otorgado el rango de princesa.
Tom, divertido por el desparpajo de la pequeña, asintió y,
enseñándole la corona que se le había caído, preguntó:
—Esto seguro de que es tuyo, ¿verdad?
La niña, encantada, asintió. Se la quitó de las manos, se la colocó en la
cabeza y aclaró:
—Soy una pinsesa.
Él sonrió y ella, acercándose, puso morritos y, sin dudarlo, le plantó
un sonoro beso en la cara que hizo reír a casi todos. A Tom el primero.
Enternecida por ese beso, _______ sonrió y cuando la pequeña se alejó
corriendo, cogió una servilleta, limpió el carrillo de Tom manchado de
chocolate y, ante el gesto de sorpresa de éste, le pidió:
—Enséñame la mano.
—¿Para qué?
—Dame la mano —insistió ______.
Tom, al ver que todos lo miraban, claudicó y lo hizo. Ella, dándole la
vuelta con cuidado, observó la palma y le comunicó:
—Te has clavado un pequeño cristalito. No te muevas y te lo quitaré.
Divertido por aquello, él se mofó:
—Esto es como lo de la espinita. ¿Si me la quitas seremos amigos
eternamente?
_______ lo miró y agregó:
—Lo dudo.
Sin moverse, la observó y vio cómo ella, con delicadeza, lo limpiaba y
le retiraba un pequeño cristal incrustado en la piel. Una pequeña gotita de
sangre salió y _______, sin pensarlo, cogió una tirita rosa de las Princesas
Disney como la que le había puesto a su hija y se la colocó.
—Pinsesassssssssssss —aplaudió la niña, acercándose.
Cuando _______ acabó, lo miró y, divertida, dijo al ver que su hija los
observaba:
—Que sepas que la Bella Durmiente te curará mágicamente y el dolor
se irá, ¡tachán... chán... chán!, para no volver más.
Alucinado por aquellas tontas palabras, Tom la miró y, parpadeando,
dijo:
—Estarás de coña, ¿no?
_______, al ver que su hija los observaba con atención, cuchicheó:
—Disimula y sonríe. Sami nos está mirando y cree en el poder de esas
palabras.
Él, al ver a la pequeña con su coronita rosa de plumas a su lado, sonrió
y, centrando de nuevo su atención en la madre de la criatura, susurró:
—¿Qué tal si la Bella Durmiente me cura otra cosa?
—¿El cerebro quizá?
Ambos se miraron y con una torcida sonrisa, Tom respondió:
—Si quieres llamarlo así, no me importa, y a él tampoco.
_______ soltó una carcajada y, agachándose para mirar a su hija, musitó:
—c*****o.
Tom, divertido por lo ocurrido, sonrió, mientras _______ bromeaba con
su pequeña, cuando Agneta, a su lado, se lamentó:
—¡Maldita niña! Por su culpa me he manchado el vestido.
_______, al oír ese comentario, se enervó. ¿Quién había dicho eso?
Al levantar los ojos, vio que se trataba de la acompañante de James
Bond, y antes de que pudiera responder, Judith, que la había oído también,
replicó con voz desafiante:
—Lo importante es que la niña esté bien, no tu vestido, Agneta.
Ésta suspiró y, cuando vio que Judith se alejaba, miró a Tom, que
estaba a su lado, y protestó:
—Tu amiguita, la simpática, como siempre poniéndose de parte de
todos menos de la mía. Esa mocosa me ha manchado el vestido con su
sangre y ahora resulta que yo no puedo protestar.
______ no pudo callar y, mirándola, respondió:
—Siento que mi hija te haya manchado tu bonito vestido, pero en su
defensa te diré que lo ha hecho sin querer. Por otro lado, ten cuidado con lo
que dices, porque soy su madre y me puedo ofender si la vuelves a llamar
«mocosa». Y antes de que digas nada más, te diré que mi hija tiene dos
años y medio y aún es un bebé y tú tienes al menos cuarenta años y la
mentalidad para razonar y entender las cosas.