Ese comentario hizo sonreír a Tom, pero disimuló. Estaba claro que
la nueva amiga de Jud no se callaba una.
—¡Tengo treinta y dos años! —saltó Agneta, tremendamente
ofendida.
—¿En serio? —preguntó ______ con guasa.
—Sí —afirmó la otra, ceñuda.
—¿No me engañas? —insistió la joven.
Agneta, echando humo por las orejas porque todos la miraban
cuestionando su edad, aclaró con gesto contrariado:
—Treinta y dos. Ni uno más.
________, divertida, asintió y murmuró con malicia mientras se alejaba:
—Vaya... pues qué mal te conservas.
Inconscientemente, Tom volvió a sonreír. Le gustara o no, aquella
mujer tenía su gracia y se lo acababa de demostrar. Con disimulo, la siguió
con la vista y recorrió lentamente su cuerpo. Se paró en su trasero. Era de
lo más tentador. Agneta, a su lado, siguió dando explicaciones de su edad.
Cuando todos se marcharon, miró a Tom y, molesta, musitó:
—Esa mujer es una borde.
—¿Quién? —preguntó él, aun sabiendo la respuesta.
—La morena. La madre de la mocosa.
Tom, al ver la sonrisita en la cara de su amiga Judith, le enseñó la
tirita de las princesas y ésta se carcajeó. Después agarró a Agneta por la
cintura y le dijo:
—Ven, vamos a beber algo.
Unbuen rato después, todos se relajaron y pasaron al gran salón para
disfrutar de la comida. Como siempre, Simona les preparó unos exquisitos
manjares que todos degustaron con deleite. Sin poder remediarlo, la mirada
de Tom voló hacia _______, pero nunca conseguía que sus ojos conectaran.
Eso lo molestó. Aquella mujer sólo parecía tener ojos para su pequeña.
Una vez acabaron el almuerzo, los comensales comenzaron a hablar y
Judith, tras darle un cariñoso beso a su marido, se levantó de la mesa y se
encaminó hacia otro salón para ver a su hijo. Antes de entrar, vio por la
ventanita de la puerta a ______ sola en la cocina. Al entrar, un olor llamó su
atención y preguntó:
—¿Estás fumando?
Con la ventana abierta,_____ la miró y, antes de que pudiera responder,
Judith se acercó y ella susurró:
—¿Tú fumas?
Jud sonrió.
—Sólo de vez en cuando o cuando quiero enfadar a Bill.
Entre risas, se sentaron a la mesa de la cocina.
—¿Se ha dormido Sami?
—Sí, y tu hijo también. —Ambas sonrieron y ______ añadió con la
corona de plumas de su hija en la mano—: Simona me ha dicho que no nos
preocupemos por nada. Ella estará en el salón por si se despiertan.
—Ay, mi Simona —suspiró Judith, al pensar en aquella mujer a la que
tanto adoraba—. Sin ella mi vida no sería igual.
Simona y su marido, Norbert, vivían en la casa y se ocupaban de que
todo estuviera bien; era maravillosa. Jud se levantó.
—¿Qué quieres beber? Yo me muero por una Coca-Cola —preguntó a
_______ abriendo la nevera.
—Otra Coca-Cola, como tú.
Judith las sirvió y ______ dejó la coronita sobre la mesa y le ofreció otro
cigarrillo. Judith aceptó sin dudarlo.
—Tu trabajo de azafata tiene que ser una pasada —le dijo—. Eso de
viajar tanto y conocer países tiene su puntillo.
______ sonrió. Meses atrás, cuando Judith le preguntó a qué se dedicaba,
ella le contó que era azafata. Pero tras ver que Judith era una buena amiga
a la que no debía engañar, se le acercó y cuchicheó:
—Si te cuento un secreto, ¿lo guardarías?
—Claro, ______.
—Para mí es muy importante que lo hagas, Judith, ¿lo prometes?
—Que si mujer... que sí.
Ella se retiró el flequillo de la cara y se acercó más a su amiga.
—No soy azafata, soy piloto —le confesó.
Boquiabierta, Judith la miró.
—¿En serio? Joder..., qué pasada.
Divertida al ver su sorpresa, ______ respondió con mofa:
—Soy Superwoman, ¿qué esperabas?
Ambas rieron.
—¿Para qué compañía trabajas? —preguntó Judith.
Esa pregunta hizo soltar a ______ una carcajada y respondió:
—¿En serio me guardarás el secreto?
—Pero vamos a ver, ¿cómo te tengo que decir que sí?
Entonces _______ susurró:
—Para la del tío Sam.
Judith parpadeó. Y cuando entendió lo que aquello significaba,
exclamó sorprendida:
—¡¿Cómo?!
—Soy piloto del ejército americano.
—¿Eres militar?
_______ asintió y añadió:
—Piloto un C-17 Globemaster. Vamos, para que me entiendas, un
enorme avión que seguro que has visto alguna vez en las noticias, de esos
que se abren por atrás y se encargan de llevar provisiones a ciertos
operativos y...
—¿Lo dices en serio?
—Totalmente en serio. Ante ti tienes a la teniente Parker de la US Air
Force. Soy el chico que mi padre siempre quiso tener y por desgracia no
tuvo. Por rebeldía me alisté en el ejército con la intención de demostrarle
que no hace falta tener algo colgando entre las piernas para ser valiente y
tener voz de mando. —Ambas rieron—. Y aunque reconozco que me gusta
lo que hago, desde que tuve a Sami no sé si hago bien.
—¿Por qué?
_______ dio una calada a su cigarrillo y respondió:
—Porque odio dejarla sola. Odio ver cómo llora cuando me separo de
ella y odio pensar que algún día me lo pueda reprochar. Por eso, desde hace
tiempo intento hacer un curso a distancia de diseño gráfico, pero nada,
¡imposible centrarme en él! Aunque lo tengo que hacer. Quizá el día de
mañana lo termine y pueda cambiar de profesión.
Judith entendió a su amiga y, antes de que pudiera decir nada, ______
añadió:
—Por favor, es muy importante que me guardes el secreto. Cuando
estoy fuera de la base, suelo utilizar el apellido español de mi madre,
Muñiz. Eso evita muchas preguntas.
—Pero, chica, ¡eres la bomba! Joder, ¡eres piloto americana! Olé tú.
_______ sonrió y Judith, sin entender muy bien por qué quería mantenerlo
en secreto, preguntó:
—No se lo diré a nadie, pero dime, ¿por qué?
—Porque no me gusta que los demás sepan de mi vida. Además, a
mucha gente los militares americanos no les caemos bien. Por lo tanto,
quiero seguir siendo para ti y para todos, sólo _______ Muñiz, ¿entendido?
Judith asintió. Nunca se lo hubiera esperado. Deseosa de saber más,
preguntó:
—¿Y tu marido también es militar?
_______ bebió un trago de su bebida y una vez lo tragó, asintió.
—Sí.
—¿Está de misión y por eso nunca lo he conocido?
El dolor asomó a los ojos de ________ y Judith lo vio. Pero antes de que
pudiera disculparse por la pregunta, su amiga dijo:
—Mike murió en Afganistán y no era mi marido...
Horrorizada, Jud, puso una mano sobre la de ella.
—Lo siento, _______. No quería que...
—No pasa nada —murmuró ella, mirándola—. Tú no sabías nada y es
normal que me hayas preguntado por Mike. —Y tras un tenso silencio,
añadió—: Murió cuando yo estaba embarazada de siete meses, en una
misión.
—Dios, _______... Lo siento...
Se hizo el silencio y Jud preguntó para desviar el tema:
—¿Y cómo te apañas con tu trabajo y con Sami?
—Dora, una maravillosa vecina que se queda con ella, o Romina, la
mujer de Neill, son quienes me echan un cable. También mi madre viene
de Asturias o yo llevo a Sami allí.
—Pues a partir de ahora me tienes también a mí, ¿entendido? —______
asintió y Judith añadió—: Considérate como alguien de mi familia para
pedir ayuda cuando la necesites.
Agradecida, ella le apretó la mano.
—Gracias, Judith. —Y al ver la tristeza en su mirada, susurró—: Fue
terrible perder a Mike. La peor experiencia de mi vida. Pero Sami y su
sonrisa me hacen saber que él vive en ella y por eso yo tengo que ser feliz.
Sobrecogida, Judith la escuchó. No quería ni imaginarse lo dolido que
tenía que tener el corazón. Si a ella le hubiera pasado algo así,
directamente se habría muerto con Bill, pero _______ le estaba demostrando
una entereza increíble y que era de admirar.
—No conocí a Mike, pero estoy segura de que él querría que
retomaras tu vida y fueras feliz, ¿verdad?
______ asintió.
—En serio, _______ —insistió—, me tienes aquí para todo lo que
necesites y...
En ese momento se abrió la puerta de la cocina. Tom apareció ante
ellas y, al verlas allí sentadas, preguntó:
—¿A qué huele aquí?
Tom, que de tonto no tenía un pelo, al ver cómo se miraban, añadió:
—Vale. Olvidaré el olorcito que hay aquí y no preguntaré más.
Caminó hacia la nevera, cogió una cerveza y, tras abrirla y dar un
trago, preguntó:
—¿Conspiración de superheroínas españolas?
Ambas rieron y Judith preguntó:
—¿Qué tal? ¿La princesa te curó la pupita?
Él, mirándose la tirita rosa, se mofó:
—Mi pupita está perfecta, ¿vale? —Y acercándose a ellas, preguntó al
ver lo que tenían en las manos—: ¿Vosotras no sabéis que fumar perjudica
la salud?
—De algo hay que morir, ¿no? —replicó ________, y al ver la cara de él,
preguntó a su vez—: ¿Tú no fumas, James Bond?
—No.
—¿Ni siquiera un porrito de vez en cuando para relajarte?
Asombrado por su descaro, Tom respondió:
—Pues no. No me va esa mierda, y te pediría que dejaras de llamarme
por ese ridíc...
—Por favorrrr..., eres como tu novia. ¡Qué poquito sentido del humor
tienes, capullito!
—¿Mi novia? —Y al ver que ella sonreía, aclaró—: Mira, guapa,
Agneta no es mi novia, es sólo una amiga y como vuelvas a llamarme
capullo... te juro que...
—Eh... eh... eh... eh... —gritó ______, haciéndolo callar—. No me
interesa tu vida privada ni me interesas tú. Por lo tanto, te lo puedes
ahorrar.
Sorprendido por el desparpajo de ella para callarlo, fue a decir algo
cuando Jud indicó:
—No se te ocurra decirle a Bill que me has visto fumar, ¿entendido?
Al oírla, ______ miró a su amiga y preguntó en tono guasón:
—Además de no tener sentido del humor, ¿el muñequito es una
nenaza chivata?
Boquiabierto, Tom gruñó:
—Lo de muñequito te lo puedes ahorrar. Lo de nenaza me acaba de
ofender y en cuanto a lo de chivato, déjame decirte que...
—Eh... eh... eh... —gritó _______ de nuevo. Ese método nunca fallaba—.
No me interesa lo que pienses.
Incrédulo por lo ridículo que se sentía ante ella, protestó:
—¿Quieres dejar de tratarme como a un imbécil?
—¿No eres un imbécil? —preguntó _______.
Tom, enfadado y con ganas de estrangularla, siseó:
—Por supuesto que no lo soy.
—No, _______... eso ya te lo aseguro yo —intervino Judith—. Tom es un
tío muy majo cuando quiere, aunque no crea en el poder de las Princesas
Disney.
Las dos mujeres se miraron con complicidad y ______ dijo por lo bajini,
mientras se ponía la coronita de plumas rosa de su hija:
—Vaya con James... Me cuesta creerlo.
Divertida, Jud fue a contestar cuando Tom gruñó:
—Mira, listilla...
—Princesa, por favor —aclaró _______ con mofa, señalándose la corona.
Judith soltó una carcajada sin poderlo remediar. ______ era divertidísima
y Tom, mirando a la descarada de la coronita rosa, siseó:
—Me estás sacando de mis casillas como poca gente lo consigue en
este mundo. En menos de cinco minutos me has llamado muñequito,
capullo, chivato y nenaza y sólo te lo voy a decir una vez más antes de
irme, me llamo Tom, no James ni ninguno de los absurdos nombres que
me has puesto. ¿Entendido, princesita?
_______ sonrió. Le encantaba sacar de quicio a los hombres y sin cambiar
su gesto, preguntó:
—¿Seguro?
—Seguro ¿qué? —gritó él, fuera de sí.
—¿Seguro que no te llamas James, muñequito?
Tom maldijo. Aquella mujer era insufrible y decidió darse la vuelta y
pasar de ella, pero ______ lo llamó:
—James... James..., tienes la cremallera del pantalón abierta.
Rápidamente, él hizo ademán de subírsela y al darse cuenta de que era
mentira, la miró y ella soltó con guasa:
—¡Has picado, capullín!
Al ver que iba a entrar de nuevo en su absurdo jueguecito, Tom se
dio la vuelta y, con su cerveza en la mano, salió de la cocina a grandes
zancadas.
Una vez se quedaron solas, ambas comenzaron a reír y Jud dijo,
mientras ______ se quitaba la corona de la cabeza:
—¿Por qué eres tan malota con él?
—¿Yooooooooooooo...?
—Pobrecito. Tom es un encanto de hombre.
________, divertida, dio un trago a su Coca-Cola y respondió:
—Judith, me muevo en un mundo lleno de hombres y o te espabilas o
te espabilan. Por lo tanto, decidí espabilarme y ser yo la que juegue con
ellos. ¿Has visto qué furioso se ha puesto?