—Ya te digo, _______. Yo creo que es la primera vez que lo he visto así
de enfadado con una mujer. Creo que lo has sorprendido.
—¿En serio?
—Sí —afirmó Judith.
_______, divertida por lo conseguido, se encogió de hombros y murmuró:
—Me encanta sorprenderlos.
Judith sonrió. Estaba segura de que aquella sorpresa a su amigo en el
fondo también le había gustado, aunque se empeñara en negarlo.
Aquella noche, sobre las diez, todos los invitados se marcharon a sus
casas. Con mimo, _______ cogió a su pequeña y la metió en su vehículo. Tras
asegurarse de que estaba sujeta en su sillita, la tapó con una manta. Una
vez cerró la puerta del coche, se volvió hacia Judith y, abrazándola, dijo:
—Gracias por la invitación. Lo he pasado muy bien.
—Gracias a ti por venir. Te llamo pasado mañana para quedar y
comer, ¿vale?
—De acuerdo.
Una vez dentro de su coche, cuando iba a arrancar, a su lado se puso
un impresionante deportivo color burdeos. _______ miró al conductor y se
encontró con los impresionantes ojos de Tom que la retaban. Ella sonrió,
y sin poder remediarlo, le guiñó un ojo y articuló para que él la entendiera:
—Sayonara, c*****o.
Dicho esto, arrancó su utilitario y se fue dejando de nuevo a Tom sin
palabras.
7
Dos días después, Judith y _____ quedaron para ir de compras. Se
pasaron media mañana en un centro comercial, adquiriendo cosas para los
niños y para ellas.
—Creo que a Sami le encantará esta corona de cristales y brillantes
multicolores. Tenemos mil coronitas, pero es que le gustan mucho. Mi niña
es toda una princesa —rió ______.
Una vez la compró y la guardó en la bolsa, las tripas le rugieron y
Judith dijo:
—Vamos, te voy a llevar a comer al mejor restaurante que hay en
Múnich.
Media hora después, entraban en Jockers, y Gordon, padre de Tom, al
reconocer a Judith, rápidamente la saludó.
—Pero cuánta mujer guapa y preciosa por aquí —comentó jocoso.
—Ya sé a quién ha salido tu hijo —se mofó Judith y, tras darle un
beso en la mejilla, dijo divertida—: Te presento a mi amiga española
_______ Muñiz.
—¿Española? Qué maravilla —asintió Gordon.
_______ le tendió la mano con una grata sonrisa.
—Encantada, señor.
Gordon le guiñó un ojo a la joven y cuchicheó:
—Sí me llamas Gordon te lo agradeceré. Eso de señor me recuerda el
ejército.
—¿Un recuerdo malo? —preguntó ______, curiosa.
Gordon, tras asentir con la cabeza, murmuró:
—Mi segunda mujer me dejó por un jodido americano.
—¿Era militar? —preguntó Judith.
El hombre cabeceó e, intentando sonreír, añadió:
—Sí. Comandante, para más señas. Por eso te digo que lo de «señor»
no me agrada, como tampoco suelen agradarme los americanos.
Las jóvenes se miraron y en ese momento Judith entendió lo que
_______ le había dicho y respondió:
—Vaya, Gordon, no lo sabía. Lo siento.
—Es algo que pasó hace unos años y ninguno quiere recordar. En
especial mi hijo mayor, que fue quien tuvo que tratar con ese yanqui en el
divorcio.
Conmovida por aquello, ________ susurró:
—Lo siento, Gordon.
El hombre asintió y, esbozando de nuevo una sonrisa, dijo:
—Creo que se me pasaría el disgusto con un saludo de esos españoles.
Judith, al ver la buena conexión entre ellos, repuso:
—Pero qué zalamero eres, Gordon. ¡Tú quieres dos besos!
—Pues claro, muchacha, ¿acaso lo dudas?
_______ sonrió y, acercándose a él, le dio dos besazos en las mejillas y
tras ello, preguntó:
—¿Se pasó el disgusto?
El hombre asintió y afirmó con una encantadora sonrisa:
—Totalmente.
Los tres sonrieron y Gordon comentó:
—¿Sabes que me encanta tu nombre?
________ abrió los ojos y, sonriendo, añadió:
—Entonces, seguro que te gusta la película Lo que el viento se llevó,
¿verdad?
El hombre asintió.
—Es la mejor película de todos los tiempos, aunque sea americana.
Ella soltó una carcajada y, acercándose a él, expuso:
—Para mis padres también. Con decirte, Gordon, que mi hermana se
llama Scarlett y yo _______, te lo digo todo.
Alucinado, preguntó:
—¿En serio, jovencita?
—En serio, Gordon. Esos nombrecitos son la cruz de nuestras vidas.
Al decir eso, los tres sonrieron y Gordon las llevó hasta una mesa. Tras
aconsejarlas sobre qué comer, se fue y Judith comentó:
—Siento lo que ha dicho sobre los americanos. Yo no pienso igual.
Creo que hay gente buena y mala en todos lados.
______ sonrió.
—Estoy acostumbrada. Por eso te dije que me guardaras el secreto.
Judith asintió y, aún sorprendida, preguntó:
—¿De verdad tu hermana se llama Scarlett?
—Sí... mis padres fueron así de originales, y que conste que si yo
hubiera sido un niño, me habría llamado sin duda alguna Rhett, como el
prota.
Entre risas, las dos devoraron lo que Gordon les ponía delante. Todo
estaba exquisito y Judith, tras beber un trago de su bebida, preguntó:
—¿Sales con alguien?
—No.
—¿Por qué?
—No tengo tiempo, Judith. Entre mi trabajo y Sami estoy muy
ocupada. —Y anclando la mirada en ella, añadió—: Pero tranquila, tengo
amigos con los que pasar un ratito divertido. Ésos nunca me faltan.
Al entenderla, Judith asintió y murmuró:
—Siento mucho lo de Mike. Debió de ser terrible.
_______ dio un trago a su bebida y musitó:
—Lo fue y lo es. Todavía pienso en él más de lo que se merece.
Sorprendida al oírla, Judith la miró y _______ aclaró:
—No sé por qué te cuento esto, pero necesito aclararte que Mike me
defraudó.
—¡¿Cómo?!
—Cuando murió, me enteré de que yo no era la única mujer que
existía en su corazón. Digamos que gracias a él tengo lo más bonito que
hay en mi vida, que es Sami, pero también gracias a él no creo en los
hombres ni en el amor. ¡Ni loca!
—No todos los hombres son iguales, ________.
—Permíteme que desconfíe y te diga que el que Bill sea un
loco enamorado de su mujercita, no quiere decir que todos sean como él.
Ambas sonrieron y Judith añadió:
—Algún día te contaré mi historia con Bill. No fue fácil, pero el amor
que nos profesamos pudo con todo y aquí nos tienes. Y antes de que digas
nada más, creo que si le dieras la oportunidad a un...
—Judith —la cortó ella—, lo último que quiero hoy por hoy en mi
vida es un hombre. Yo solita me valgo para sacar adelante a mi hija.
—¿No echas de menos que alguien te abrace?
—No.
—Pero alguien a tu lado te daría una seguridad que ahora no tienes y...
—No, Judith. Alguien a mi lado lo que me daría es inseguridad.
—Que te pasara eso con Mike no quiere decir que te tenga que volver
a pasar.
—Lo sé. Sé que tienes razón. Pero ahora ando con pies de plomo. No
me fío de ningún hombre. Además, soy militar, piensa en mi profesión.
¿Qué hombre querría vivir la vida que yo vivo?
—Dijiste que no quieres ser militar toda tu vida.
—Una cosa es lo que yo diga y otra la jodida realidad, Judith. Tengo
una hija y he de sacarla adelante como sea yo sola. Conseguir un trabajo de
ilustradora me encantaría, pero es algo bastante difícil, por lo tanto, de
momento debo tener los pies en la tierra y seguir siendo militar.
—Tienes que pensar en Sami y en ti.
—Lo sé... y lo hago. Pero si te soy sincera, en quien no puedo dejar de
pensar es en Mike. Con decirte que hasta pienso en él cuando estoy con
otros hombres.
—¡No me lo puedo creer!
________ asintió y, sin poderlo remediar, murmuró:
—Así de tonta soy. Me falla el amor de mi vida y yo sigo pensando en
él.
En ese momento, tras ellas se oyó una voz:
—¿Sigues pensando en mí? Por Dios, muñeca..., me horroriza saberlo.
Al volverse, vieron que se trataba de Tom; _______ resopló.
—c*****o a la vista.
Él se sentó al lado de su amiga y le dio un beso en la mejilla.
—A ti ni me acerco..., nena —aclaró mirando a la morena de ojos
negros.
—Te lo agradezco..., nene —suspiró ella devolviéndole la mirada.
—¿Tienes miedo de que te guste mi cercanía?
—¡Serás fantasma!
Judith fue a decir algo cuando Tom, divertido, susurró:
—Ya te gustaría a ti estar entre mis sábanas.