—¡Serás fantasma!
Judith fue a decir algo cuando Tom, divertido, susurró:
—Ya te gustaría a ti estar entre mis sábanas.
________ soltó una carcajada.
—Nada más lejos de la realidad..., bonito.
—Hum... ¡¿bonito?! ¿Estás intentando decirme algo..., bonita? Porque
si es así, he de aclararte que prefiero las rubias mimosas y suaves a las
morenas embrutecidas y rasposas.
Al recordar a la mujer que lo acompañaba dos días antes en casa de
Judith, _______ soltó con sorna:
—Si las rubias mimosas y suaves son como la insoportable que te
acompañaba el otro día, ¡me encanta ser una morena embrutecida y
rasposa!
Judith, sin entender qué ocurría entre aquellos dos, los miró.
—Vamos a ver, ambos sois mis amigos, ¿no podéis estar cinco
minutos juntos sin tiraros flores?
—No —respondieron los dos al unísono.
Molesta con su actitud, la joven se levantó.
—Tengo que ir al servicio. Procurad no mataros en ese rato.
Cuando se quedaron solos en la mesa, ninguno habló, hasta que llegó
Gordon con una jarra de cerveza para su hijo y comentó:
—¿Has visto qué amiga más guapa tiene Judith?
Tom, mirando alrededor, preguntó:
—¿Dónde está esa belleza?
______ resopló y Gordon, al ver la guasa de su hijo, replicó:
—No te hagas el tonto, que sé que la has visto. Se llama _______. ¿A
que es precioso su nombre?
El joven dio un trago a su cerveza y respondió mirándola a ella:
—Porque lleve el nombre de la heroína de tu película preferida no
quiere decir que tenga que ser una belleza.
Gordon iba a contestar cuando uno de sus camareros lo llamó y se alejó
dejándolos de nuevo a solas. Los dos se retaron con la mirada hasta que
ella dijo:
—Me vas a desgastar de tanto mirarme.
—Lo mismo digo, aunque entiendo que me mires, todas lo hacen.
—¿En serio? —Tom asintió y ella, divertida, replicó—: ¿Y no te has
planteado que quizá te miren por la cara de tonto que tienes?
Ahora el que soltó la carcajada fue él.
—Eres tan parecida a Judith en tus respuestas que cualquier día me
dirás alguna de sus lindezas españolas.
Divertida ante ese comentario, ________ sonrió. Recordó lo que Judith le
había explicado que le decía a su marido cuando discutía con él y
murmuró:
—¡Serás gilipollas!
—Increíble —se mofó Tom—. Las españolas lleváis esa palabra en
los genes.
Atónita, fue a contestar cuando él preguntó:
—¿Tú siempre andas con la metralleta cargada?
—Ante atontados como tú... sí.
Tom dio un trago a su cerveza e, intentando apaciguar las ganas que
tenía de seguir metiéndose con ella, preguntó:
—¿Se le curó a la princesa Sami la herida del dedito?
Sorprendida porque recordara el nombre de su pequeña, cambió su
expresión y respondió:
—Sí. Realmente no fue nada. Pero una tirita de las Princesas Disney
siempre consigue calmarla.
—¿En serio?
________ sonrió.
—Totalmente en serio. Mi niña cree en el poder de las princesas y por
eso te dije esa absurda frasecita delante de ella.
Ambos sonrieron. Aquello era una pequeña tregua y ambos lo
entendieron como tal. Permanecieron unos segundos sin hablar hasta que
Tom dijo:
—¿Te gusta la comida de este restaurante?
—Riquísima —afirmó ella—. Nunca había venido, pero volveré.
Sobre todo me han encantado los brenz.
—Los brenz de mi padre son famosos en todo Múnich y el codillo
asado también.
—¿Gordon es tu padre? —Tom asintió y, divertida, ______ reconoció—:
Nunca lo habría imaginado. Él es tan simpático y tú tan capullo... pero
ahora que te miro con detenimiento, tenéis los mismos bonitos ojos.
—Vaya...
—¿Qué?
Él sonrió e ironizó:
—¿Eso que acabas de decir lo puedo tomar como un cumplido?
Al ser consciente de lo que había dicho, ______ asintió:
—Sí. Si tus ojos son bonitos, lo son y punto.
Tom apoyó los codos en la mesa y se echó hacia adelante.
—Tú también tienes unos ojos muy bonitos, ¿lo sabías? —comentó.
Aquella conversación la estaba comenzando a poner nerviosa y,
retirándose su oscuro pelo de la cara, ______ dijo:
—Gracias, pero no hace falta que tú me piropees también.
—Como has dicho, si tus ojos son bonitos, lo son y punto.
A ______ le entraron los calores.
Llevaba sin escuchar algo agradable de un hombre hacia ella más de
dos años. Una cosa eran las buenas palabras de los amigos o de los
hombres con los que se acostaba simplemente por sexo y otra muy
diferente que aquél la mirara con sensualidad y le hablara de esa manera.
Por ello, para romper el bonito momento, volvió a poner la sonrisilla en
sus labios y sacó a la teniente Parker.
—Me alegra que te gusten, pero no te emociones, no te miran con
deleite.
—¿Ah, no?
—No. Por norma, los chulos no me gustan.
—Para chula ya estás tú, ¿verdad?
Con un gesto que en cierto modo a él le gustó, ella preguntó:
—¿Cómo lo has sabido?
Tom se rió. Aquella mujer lo atraía y no era precisamente por sus
bonitos ojos, pero sin ganas de entrar de nuevo en otra guerra dialéctica,
dijo levantándose:
—Como siempre, no ha sido un placer verte.
—Lo mismo digo.
Sin mirar atrás, Tom se encaminó hacia su padre. Sin quitarle la vista
de encima, _______ observó el buen rollo que había entre ellos y tuvo que
sonreír al ver cómo Gordon le revolvía el pelo a su hijo. Instantes después,
Judith regresó del baño y, mirándola, exclamó:
—No me lo puedo creer. ¿Tom te ha dejado sola?
—Lo he echado yo, no te preocupes.
—Pero bueno, ¿qué os ocurre a vosotros dos? ¿Por qué siempre que os
veis estáis igual?
_______, encogiéndose de hombros, sonrió:
—No lo sé. El caso es que entre ese guaperas y yo no hay feeling.
En ese momento, Judith oyó su nombre, miró hacia atrás y vio que
Tom se despedía de ella y se marchaba. Cuando él desapareció, miró a su
amiga, que bebía tranquilamente de su cerveza, y dijo:
—Pues lo creas o no, Tom es un tipo estupendo.
_______ sonrió y, acercándose a ella, repuso:
—No lo dudo. Pero cuanto más lejos esté de mí... mejor.