Esa misma noche, Amelia regresó a casa después de otro largo día en la clínica junto a Alan. El cansancio la envolvía, tanto física como emocionalmente, y al abrir la puerta de la casa, sintió cómo la soledad la invadía. El eco de sus pasos resonaba en el espacio vacío, acentuando la ausencia de su madre, quien seguía trabajando en su guardia nocturna. Amelia subió lentamente hasta su habitación, donde la luz tenue de la lámpara reflejaba su silueta frente al espejo. Se sentó en el borde de la cama, sus manos temblorosas iban desatando los cordones de sus tenis blancas, y una vez que las dejó caer al suelo, se quitó las medias, revelando sus delicados y hermosos pies. Los masajeó suavemente, intentando liberar la tensión acumulada en su cuerpo. Frente al espejo, se quitó la blusa con mov

