Amelia sentía el peso del pánico en su pecho. Victoria había llegado en el peor momento posible, y la situación se desbordaba de su control. Alan estaba probablemente en ese mismo instante con Daniela, entregado a la pasión, mientras ella tenía que enfrentarse no solo a Pablo, quien aún intentaba obtener respuestas, sino también a Victoria, aquella mujer que parecía fuera de sí cada vez que se trataba de Alan. El grito de Victoria resonaba por todo el vecindario. Amelia, desesperada, salió corriendo y abrió la puerta, solo para ser rápidamente abordada por Victoria. — ¡Dime dónde está Alan! ¡Quiero verlo ahora mismo! —Victoria exigió con voz aguda, levantando las bolsas que llevaba consigo, parecían regalos o algo por el estilo. —Tengo algunos regalos pa

