Victoria, herida en su orgullo, dio un paso hacia Amelia con los ojos llenos de furia como si fuera a intentar hacerle algo, pero se frenó bruscamente al recordar que Amelia era explosiva también… — ¡Molesto? ¡Tú me estás molestando con tu estupidez! —Dijo Victoria levantó la voz en gran medida. —¡No me vas a echar así de fácil! Sin el imbécil de mi novio, que seguro debe de estar aquí revolcándose con tu amiguita en algún lado de la casa, ¡quiero verlo! —Volvió a insistir una vez más Victoria, pero Amelia ya sentía que había tenido suficiente con estos dos niños malcriados, si no se iban, los echaría a la fuerza. Pablo, aún en el fondo, observaba la confrontación con un creciente enfado, pero con Victoria ahora por haberlo delatado, Amelia, decidida a no

