La confusión y el dolor se mezclaban mientras veía cómo Dylan luchaba por mantener a Pablo bajo control frente a él. Amelia, al escuchar el alboroto, corrió hacia la cochera al notar que, en un descuido de su parte, Pablo había desaparecido de la cocina, no para marcharse, sino para ir a golpear a Alan. Al ver a Alan en el suelo y a Pablo descontrolado forcejeando con el sujeto, su instinto fue inmediato. Sin pensarlo, abofeteó a Pablo con fuerza, lo suficiente para detener su arrebato momentáneamente. — ¡Lárgate de aquí, Pablo! Estás loco. —Gritó Amelia, con su voz cargada de ira y desesperación, la mejilla de Pablo ardía al sentir aquella bofetada, pero lo que en realidad más dolía para él, era que viniera de su Amelia esa bofetada, en un intento de defende

