Pablo se levantó bruscamente del sofá, la frustración comenzaba a ganar terreno en su interior. Los celos lo carcomían por dentro, aunque se negaba a decirlo directamente, sus ojos emanaban el fuego que sentía consumirle por dentro al escuchar como su novia le confesaba que ya no sentía nada por él, así sin la más mínima delicadeza. — ¿No es por Alan? —Repitió Pablo, con una ironía que se le escapó sin querer. Se pasó una mano por el cabello, incapaz de ocultar el enfado que bullía en su interior. La idea de que Alan estuviera tan cerca de Amelia lo irritaba profundamente, aunque trataba de no explotar por ello. Amelia giró para enfrentarlo, decidida a aclarar las cosas una vez más, pero era difícil no mezclar las cosas, el simple hecho de que Alan com

