El trayecto hacia Burger Bar Mérida fue corto, pero suficiente para que una tensión sutil llenara el espacio dentro del auto. Las luces de la ciudad parpadeaban a través de las ventanas, reflejándose en los rostros de ambos. Amelia, con las manos cruzadas en su regazo, intentaba controlar los pensamientos que giraban en su mente, mientras Arnau conducía con una sonrisa tranquila en los labios, como si el mundo entero estuviera en calma. Al llegar, el bullicio del lugar era evidente. Burger Bar Mérida, conocido por su ambiente vibrante y moderno, estaba lleno de clientes, las mesas rebosaban de comida y risas, mientras la música suave complementaba el ajetreo de la noche. Tan pronto como bajaron del coche y cruzaron las puertas, las miradas comenzaron a posarse en el

