Las mejillas de Amelia adquirieron un tono carmesí, y el corazón comenzó a latirle con fuerza, como si la música la hubiese expuesto de una manera que no podía controlar. Miró hacia Arnau, quien la observaba con una mezcla de diversión y desafío en sus ojos. En Montaña Grill, era casi una regla que cuando dedicaban una canción, las parejas se levantaran a bailar así fuera un instante, ambos lo sabían. — ¿Bailamos? —preguntó Arnau con voz baja y confiada, mientras extendía una mano hacia ella con una sonrisa que parecía retarla a decir que no. Amelia vaciló por un segundo, podía sentir las miradas curiosas del resto de los comensales clavadas en ellos, esperando a ver si aceptaría, pero cuando sus ojos encontraron los de Arnau, llenos de una calidez y una s

