El sol brillaba suavemente sobre las verdes colinas del zoológico de Mérida la mañana siguiente. Amelia, Daniela y Alan habían decidido pasar el día juntos, intentando disfrutar de la naturaleza y los animales, pero el aire estaba cargado de tensiones no resueltas. Alan, con sus muletas, caminaba unos metros adelante, su cámara de teléfono en mano, capturando imágenes de los animales exóticos. Amelia y Daniela caminaban más atrás, el silencio entre ellas se sentía incómodo hasta que Daniela decidió romperlo poco a poco. — Amelia, tengo que ser sincera contigo. —Dijo Daniela, su voz era suave pero seria y su mirada brillante, lucía hermosa y espléndida. Amelia giró la cabeza hacia ella, sintiendo una oleada de incertidumbre asomarse. — ¿Qué

