La tarde cayó sobre la ciudad de Mérida, envolviendo la casa de Amelia en una atmósfera tranquila, aunque dentro de las paredes las tensiones seguían latentes. Daniela, con una mezcla de emociones reflejada en su rostro, decidió romper el silencio mientras ambas descansaban en la sala mirando la televisión un rato. — Amelia, quiero hablarte de algo. —Dijo Daniela, su voz era baja, pero seria. Amelia la miró con curiosidad, notando que Daniela parecía estar a punto de hacer una confesión importante o pedir un gran favor, era por ello que bajaba su voz, intentando que Alan no escuchara. — ¿Qué pasa? —Respondió Amelia, aunque una parte de ella ya intuía hacia dónde iba esta conversación, era más de lo mismo que se veía venir desde un principio y se ver

