—Adrián, eres un irresponsable ¿Tienes una idea del susto que nos haces pasar?
—Relájate Sebastián, solo fui a dar una vuelta, el corredor de carreras intentó restarles importancia a las preocupaciones de su amigo, negando con la cabeza y, de hecho, descubrí algo muy interesante, y necesito tu ayuda.
—¡Adrián no!, siempre que tú y Sebastián hacen algo juntos, otros tenemos que sacarlas de sus problemas, La siempre seria Serena intentó evitarlo, pero más bien, Adrián le sonrió.
—tú debes saberlo Serena! Serena suspiró, no era nada bueno necesito saber quién es Andrea. —¿Andrea? La mayor de las tres en ese cuarto, se sorprendió ante el nombre.
—Ohh, ¿Con qué Andrea? ¿Quién es Adrián? ¿es linda? ¿Dónde se conocieron? Sebastián empezó a jugar con quién era su mejor amigo.
—¡Eso es Sebastián! No la conozco, pero quiero hacerlo. Es tan hermosa, la vi en la pista de carreras antes de que me llevarán a la ambulancia, y hace rato... Adrián no pudo evitar suspirar, el solo hecho de recordar la música de aquella mujer la tenía vuelto loco.
—Ni te hagas ilusiones Adrián, Serena lo bajó de su nube... O al menos, eso intento Si es quién me imagino, debe ser Andrea de ----. Es la esposa de Damian-----, el dueño de este hospital.
—Woah, ¿Casada dices? Adrián aléjate de ella, están en un mundo muy diferente.
—Además, ¿No te parece que es un tanto "mayor" para tí?
Pero Adrián, como todo buen amigo, ignoró de manera total a sus amigos y sus comentarios. —Serena ¿Tú la conoces? Preguntó.
—Sí, Andrea y yo somos amigas... O algo así, nos conocemos desde la universidad, era compañera de, en aquel entonces, su prometido.
— ¡Entonces tú puedes presentármela! La emoción de Adrián aumentó, haciendo que su amiga se llevará la mano a la cabeza.
—Sí, pero Adrián, escúchame. Andrea es una señora solitaria, no tiene muchos amigos, realmente no creo que...
—¡Dame su número! Te lo suplico, por favor si, en ese momento, Adrián podía ganar un récord mundial a la persona que más ignora las palabras de otros.
Pero este era Adrián Valeroch. Tenía esa aura y poder para hacer que los demás cedieran ante el.
—Mauricio, no puedes seguir atrasando tu salida del hospital solo porque estás esperando a volver a ver a esa dichosa mujer, Serena puso los ojos en blanco, el siguiente gran premio será en una semana y si no te vas, vas a tener problemas.
—Pero Serena...
—¡Pero nada Adrián! El rubio brinco del susto cuando la escuchó. Siempre que su amiga se ponía en ese plan, normalmente era para regañarlo, yo te lo advertí Adrián, Andrea es alguien muy reservada y raras veces la vemos por estos lugares, lo que viste fue una ocasión extraordinaria ¡Olvídate de ella!
¡Mejor! —No puedo, necesito verla de nuevo, así la vida se me vaya en ello. —Pues tendrás que buscarla afuera, porque acabo de firmar tu salida inmediata del hospital.
Probablemente, Adrián no le iba a hablar en una semana por haberle hecho eso. Su mirada lo decía todo. Pero era lo que una adulta como Serena tenía que hacer. Aunque, en teoría, Adrián también era un adulto.
Después de largas horas de papeleo y burocracia, Adrián salió del hospital. Sin tener ni siquiera una cicatriz de herida.
Y como si del destino se tratara, no había salido ni del estacionamiento, cuando el celular empezó a sonar.
—Estás hablando al teléfono de Adrián Valeroch, la persona más Iinda de este planeta, ¿Qué es lo que desea? A pesar de su cansancio, parecía que estaba bastante optimista. -¡Adrián! grito fue suficiente para que Adrián se pusiera serío. Su manager parecía estar realmente molesto.
—Si... Ya sé que me perdí la carrera... ¡No! Definitivamente no hice eso... ¿Rey te lo dijo? Ese traidor... ¡Ya! Está bien, está bien, estaré en México la próxima semana... ¡Claro que voy a correr! —después de una intensa llamada entre regaños y discusiones, el corredor le colgó. Si solo tenía una semana para encontrar a quien iba a ser el amor de su vida, que así fuera.
Un rato después, y ya que llegó al único, pero lujoso departamento que tenía en USA, lo primero que hizo, fue prender su computador. —Andrea Albrecht... A diferencia de muchas personas, Adrián sabia, que si quería encontrar a alguien, debía preguntarle al siempre confiable internet.
Después de todo, hasta la persona menos relevante del mundo, debía tener aunque fuera un trabajo subido en la red. Y sus esfuerzos dieron frutos, ahí estaba ella. Definitivamente, no habia mucha información, pero era ella.
“Prodigio de la primera generación de la preparatoria Mugen, Andrea Albrecht, se compromete con el talentoso Danilo Albrecht”. O aunque sea, eso era lo que decia el titular de lo que parecía ser una página de chismes creada en los primeros años del internet.
En ella, solo había una foto, eran ella y el que Adrián pensó que ahora sería su esposo. En ella, Andrea sonreía de oreja a oreja, parecía ser el baile de graduación. Joven y jovial, iba del brazo con un atractivo chico que también saludaba a la cámara.
Adrián sonrió, no tenía dudas. Tenía que conocer a esa mujer.
—¿Serena? Hola, si... Ya se me bajó el coraje, sabes que no puedo estar mucho tiempo enojada contigo un poco de silencio ¿Qué es lo que quiero? No, yo solo quería saber cómo está mi amiga del alma... Ah, está bien, ¿Conseguiste el número de la hermosa mujer?... No lo tienes... Entiendo... ¿Ni siquiera el de su casa? ¡Ay! Tu ganas, no me vas a dar ese, me quedo claro La voz de Adrián se desanimó ¿Sabes dónde puedo verla? ¿van a tener un evento en tu casa! Me imagino que estoy invitada... ¡Gracias Serena! Te quiero.
Al fin, Adrián volvía a estar contento.
Después de aquel día en el que Andrea fue a buscar a Danilo a su trabajo, las cosas se pusieron bastante tensas en la casa Albrecht. Si antes Andréa despertaba viendo la cara de su marido, ahora no. Si antes ella era la encargada de despertarlo, ahora amanecía gracias al ruido que este provocaba.
No había buenos días, ni buenas noches. La distancia de asientos en el comedor había aumentado. La guerra fría que se había desatado en aquel lugar estaba teniendo un claro vencedor. Y es que, desde aquel día, la pobre de Andrea no había parado de llorar.
¿Cómo había sido tan estúpida? Ella lo sabía, ella sabía cuánto detestaba su marido la música... y ella fue como una tonta a hacer todas las cosas que estaban mal para una señora como ella en el mismo día. Había humillado a Danilo enfrente de sus aliados económicos, había estado hablando muy familiarmente con un hombre desconocido, había molestado a los pacientes del hospital...
Aquella vergüenza que sentía, también era lo que hacía que llevara casi dos semanas sin decir una palabra. —Señora, no puede seguir así Naty intentó animarla, mientras le entregaba a Andrea una taza de té -Se va a morir si sigue con esa actitud.
—Es lo mínimo que merezco Respondió tajantemente, cortando la plática de su empleada, dándole un sorbo a su té -Ya no hay nada que me puedas hacer para cambiar de opinión.
La joven suspiró. Era sincera cuando decía que le dolía ver a su patrona en ese estado. Suspiraba todo el tiempo y, aunque no lo había visto, sabía que había llorado en muchísimas ocasiones. Pero ella tenía plena confianza en que sus jefes se reconciliarían, ella dejaría de creer en el amor si ellos dos duraban más tiempo peleados.
Entonces, el teléfono empezó a sonar. —No me importa quien sea, responde tú, no quiero hablar con nadie Natalia asintió, antes de apresurarse a contestar.
—Familia Albrecht, ¿Qué necesita? —Natalia contestó ¿Serena Melbourd ?... No, el Doctor Albrecht no se encuentra en este momento... ¿Una fiesta?, Si yo les avisaré al señor Albrecht... ¿Los dos? ¿Lo dice en serio? ¡Claro que sí! Yo les informo. Minutos después, Natalia regresaba con Andrea, que estaba en el mismo lugar, mirando a la nada. —¿Quién era Natalia?
—Era la señorita Serena Melbourd, Andres se sorprendió de oír el nombre. Podía decir que Serena era de las pocas amigas que tenía, y, aun así, tenía mucho tiempo que no hablaba con ella va a tener una pequeña fiesta en su casa, llamó para invitarlos a usted y al señor Danilo.
A pesar de todo, a Andrea se le iluminaron los ojos. Tal vez esa fiesta era la mejor forma de iniciar una reconciliación. A la noche, cuando Darien llegó, Andrea lo esperaba con una sonrisa. Corrió a abrazarlo, pero un escalofrío recorrió su cuerpo. El perfume de Danilo era muy diferente. Estaba impregnado el de otra mujer. Un perfume dulce y empalagoso. Debió de haberlo imaginado, Danilo recibía el consuelo de su pelea con su amante.
A pesar de todo, decidió ignorarlo.
—¿Y a qué debo una recibida con tanto cariño? Danilo apartó a Andrea ¿Qué es lo que has hecho ahora?
—Nada, nada—Andrea se apresuró a contestar Solo quería disculparme por lo que ha pasado en esta semana, y pensé que... —Disculpa aceptada, ¿Podemos ir a cenar? Tengo mucha hambre Andrea solo pudo asentir. Mientras comían, Andrea volvió a hablar. Irritando a Danilo –por cierto, Serena marcó en la tarde. —¿Ah sí? ¿Y qué es lo que quería?
—Va a tener una pequeña reunión en su departamento, llamó para invitarnos a ir contestó.
—Recházala amablemente, no tengo muchas ganas de asistir, he tenido días muy ocupados, no quiero tener otra fiesta. —Danilo, Andrea insistió, hace mucho tiempo que no vemos a Serena, ha tenido la amabilidad de invitarnos, creo que deberíamos ir. —Y poco tiene que ver que Serena es una vieja amiga tuya ¿Cierto? Andrea sintió sus mejillas colorarse.
—No solo nos está invitando a nosotros, puedo llamarle y preguntarle si puede invitar a Damian, Diego, Mauricio y todos los de la junta Los ojos de Danilo se abrieron sé que eso te gustaría más. Aun así, Danilo lo pensó un rato, antes de darle una respuesta esta bien, iremos a esa dichosa fiesta. No podemos hacerle ese desplante a Serena.
—jiMuchas gracias, Danilo! — Andrea le sonrió y le dio un corto beso en los labios, una vez que se levantaron de la mesa.
Si, nuevamente, todo había regresado a la normalidad.
Aquellos días hasta la famosa fiesta, pasaron como el viento para dos personas. Una, anhelando conocer por fin a la persona que la había vuelto loco, y hacerlo en tiempo record. No tendría tiempo para descansar, la mañana siguiente a la fiesta, debía partir en el primer vuelo rumbo a México
Y justamente ese, estaba siendo uno de sus mayores problemas en ese momento. Siempre había sido una persona que viajaba todo el tiempo, y rara vez se quedaba, incluso en vacaciones, en un mismo sitio. Si tenía ese departamento, era gracias a las múltiples insistencias del agente para que, aunque sea, tuviera un patrimonio, un lugar para dormir sin tener que estar pagando hoteles.
Por ende, tenía el gran honor de presumir que tenía los armarios más vacíos de ropa que muchas personas habían visto en posiblemente toda su vida. Apenas un par de cambios de ropa y zapatos. Todo informal. Pero oye ¿Quién podía juzgarlo? Hacer maletas era demasiado cansado para el. Empacar y volver a desempacar era muy tedioso, y el convenientemente, siempre dejaba sus maletas en el aeropuerto en la paquetería, hasta que volvía a salir.
Pero incluso si fuera hasta el aeropuerto, todo sería inútil. Era una fiesta formal, y Adrián, lo último que tenía en su abandonado armario, era un smoking.
—¿Por qué están tardando tanto? Se preguntaba a si mismo. Había pedido desde el día anterior, una comitiva entera que le trajera los mejores trajes. Pero faltaba poco más de una hora para que la fiesta en casa de Serena empezara, y esos desgraciados no aparecían.
Alguien tocó el timbre de la puerta, Adrián llegó corriendo a toda velocidad. Sería la última vez que los contrataría.
—Lamentamos la tardanza, teníamos otro cliente que tardó más tiempo del que esperaba...Pero Adrián no se molestó en oír sus disculpas, lo jaló directo dentro del departamento, para elegir el traje que usaría. El tempo empezaba a jugar en su contra. Y él siempre era más rápido que el tiempo.
La otra, era un caso todo lo contrario. Encerrada en un vestidor, no podía elegir entre una enorme gama de vestidos que se guardaban ahí. ¿Es que debía usar un vestido demasiado elegante? No, tampoco era una fiesta tan formal. ¿Entonces un vestido de noche? ¡No! Si era muy destacado, Danilo se molestaría. ¿Algo más pegado a su cuerpo o mejor suelto? Había tantas opciones que su cabeza se estaba atosigando. Además, aún le faltaba maquillarse y terminar de arreglarse el cabello.
Tantas cosas que hacer, y tan poco tiempo.
Al final, terminó por elegir un lindo vestido color aqua. No era muy elegante, pero tampoco era informal. Era cómodo y sencillo, justo lo que estaba buscando. Suspiró, por fortuna, aún le quedaba un poco más de hora antes de que la fiesta empezará. Era tempo suficiente para terminar de arreglarse y llegar en carro.
Con sumo cuidado, sacó un collar de plata que había recibido en su aniversario. Aquel collar era una de las cosas más valiosas que tenía en el mundo. Un recuerdo de su familia que había pasado año con año. Se maquilló, fijándose en sí misma. Hacía apenas un suspiro, ella seguía siendo una mujer joven y atractiva. Y ahora, en su cara se empezaban a notar los signos de la edad. Ya no era una jovencita ¿Es que acaso seguía siendo tan bella?
Arregló su cabello en su peinado favorito. Pero al mirarse en el espejo, no pudo evitar sentirse peor, empezaba a ver cabellos que se pintaban de gris. A su edad, ya no era una mujer deseable, ya no era nada.
El tiempo la estaba consumiendo lentamente.
********** En la fiesta…
—Es una hermosa fiesta Serena, Andrea le sonrió a su amiga después de tantos problemas, admitió que me hace muy feliz hablar con alguien que no sea mi apreciada empleada.
Las dos amigas rieron ligeramente, ignorando las miradas de los demás. Hacía rato que Danilo se había ido con sus amigos, y todo el mundo veía como su esposa acaparaba la total y absoluta atención de la anfitriona.
El timbre volvió a sonar, otro invitado había llegado permíteme un minuto Andrea, voy a abrir.
Al abrir la puerta, y como no podía ser, Adrián Valeroch estaba detrás -Dime por favor que, la belleza de nombre Andrea ya llegó.
—Si Adrián, pero por favor, deja que yo los presente, ella está pasando por una situación...Pero Adrián se quedó en la parte en donde decía "Si Adrián”. Sin pensarlo un poco más, se abrió paso entre todos los invitados. Y escaneo con la mirada la gran casa, buscando a aquel cabello que destacaba sobre los demás.
— ¡Adrián, espera! — Serena gritó, pero fue imposible detenerla.
Mientras, Andrea había regresado a estar sostenida del brazo, escuchando sin mucho interés, una plática de Danilo con inversionistas quienes también fueron invitados. ¿Cuánto tiempo tardaría Serena en regresar? Era lo que se preguntaba.
Y justo en ese momento, Adrián iba subiendo las escaleras a toda velocidad. Como si de un niño pequeño se tratara, incapaz de seguir una sola orden. Pero se quedó quieta cuando por fin la encontró. Se quedó quieto como si de una estatua se tratara. Estaba hipnotizado con aquella belleza, incluso si estaba agarrada al brazo de quien suponía sería su marido, incluso si su expresión de aburrimiento era más que evidente. Aun a pesar de que a través de su mirada podía ver que su vida era una guerra.
Ni siquiera tuvo que esperar a que la gente con la que estaban hablando se fuera. Estos ya se estaban despidiendo. Sin pensarlo tan siquiera dos veces, se acercó a la pareja, que parecía querer alejarse lo más rápido posible. Su discurso ya estaba planificado y solamente faltaba ejecutarlo.
— ¡Disculpe! — Adrián se acercó rápidamente a ellos, quienes le saludaron -Me presento, mi nombre es Adrián Valeroch...
—El corredor accidentado hace una semana? Adrián asintió -Un placer verlo por aquí, me quedé en que otro médico se hizo cargo de su caso y la dio de alta hace unos días. ¿Qué es lo que hace aquí? —Si, justamente, fue Serena, es una amiga, nos conocimos hace un tiempo en los Estados Unidos —Respondió -Ella fue quien me invitó a esta fiesta Danilo asintió Solo quería agradecerle por sus cuidados en el tiempo que estuve en el hospital.
—Ese es mi deber y mi responsabilidad Por más que no lo admitiera, las palabras de Adrián lo hicieron sentir halagado a Danilo pero que descortesía la mía. Deje presentarle a mi mujer, ella es Andrea, Andrea de Albrecht.
—Es un placer conocerla señora Andrea y para sorpresa de todos, para saludarla, Albrecht le dió un beso en la mano. Un golpe de electricidad recorrió todo el cuerpo de Andrea, que no supo responder, pero creo que usted y yo ya nos conocíamos.
—¿Cómo es eso? Yo a usted nunca la había visto en mi vida Andrea recuperó rápidamente la compostura.
—Por supuesto, usted misma lo ha dicho, no nos habíamos visto, pero ya la conocía. Es usted la mujer que tocó tan maravillosamente el violin en el hospital ¿O me equivoco? Aquel hermoso ambiente que existía en ese momento, desapareció. El aire se hizo pesado de pronto, y Andrea retiró su mano con rapidez.
—Nos disculpamos por eso Danilo contestó con rapidez -No era nuestra intención provocar tal espectáculo, de verdad, me disculpo por los inconvenientes y las molestias que vivió en ese momento, no volverá a ocurrir.
—No, espere, no me refiero a eso, fue algo... —Si nos disculpa, nos retiramos. Disfrute la fiesta, señor Valeroch. vio a la pareja irse a toda velocidad por las escaleras, ignorando incluso que Serena pasó a su lado. Pero, lo que más llamó la atención de Adrián, fue la presión con la que Darien tomaba el brazo de Andrea.