—Pero no entiendo, ¿Qué fue lo que hice mal? Adrián estaba hablando con Serena, que solo negaba con la cabeza solo estaba halagando sus habilidades en el violín.
— Adrián, por eso debiste escucharme antes de hacer una tontería como lo que fue, Adrián hizo un puchero, no le gustaba ser regañado, A Andrea no le gusta que le mencionen sus habilidades en la música, y mucho menos en frente de su marido. El odia la música y estaba teniendo problemas debido a eso que hizo en el hospital.
— Adrián, creo que lo mejor que puedes hacer es olvidarte de esa mujer Mauri, que también los estaba acompañando, en aquella mesa en una heladería, hablo por lo que dice Serena, parece que es una mujer demasiado ocupada y con muchos problemas, no creo que sea una persona para ti. Además, y creo que se te olvida, ella está casada...
—Y no creo que tenga ninguna intención de dejarlo por ti, Serena habló y Mauri le asintió, dándole la razón.
—¿Ves? ¿Qué es lo que pretendes con ella Adrián?
—No lo sé, no sé qué es realmente lo que yo quiero con ella, pero sí sé que quiero conocerla, tengo que hablar con ella, saber quién es, que le gusta, algo se movió en mí, y solo sabré que es cuando vuelva a hablar con ella. Es la mujer que yo había buscado tanto tiempo, tarde o temprano, voy a conocerla, pero antes de que la discusión continuará por horas y horas, la suerte le sonrió a Adrián.
Detrás de los parlantes, una mujer anunciaba que los pasajeros con destino a México, tenían que pasar a la puerta correspondiente, bueno tengo que irme, si no llegó en ese vuelo, mi manager me terminara por matar. Dos días antes de los test y poles y tengo que dar entrevistas en lugar de concentrarme en la carrera.
—Tal vez, si alguien no se hubiera ocupado en conseguir hacer enojar a una mujer que no conoce, y se hubiera ido desde hace tiempo, no tendría esos problemas, Adrián puso los ojos en blanco al oír las palabras de Mauri, que solo le sonrió y rio, Ya no te preocupes. Concéntrate en la carrera, ¡suerte!
Los tres amigos caminaron hasta el pasillo antes de la entrada del avión, en donde Adrián entregó su boleto de avión y el pasaporte a ser revisado. Una vez que pasó, miró por última vez a sus amigos.
—i¡Serena! Si ganó mi primera carrera en este día, me darás el número de la señora Andrea ¿Entendido? Serena abrió los ojos con sorpresa, tapándose la cara de la vergüenza, no podía creer que estuviera dispuesta a eso. Intentó replicar, pero le fue imposible, Adrián salió corriendo a toda velocidad.
Tres días después, la famosa carrera, El Gran Premio de México había llegado. Y entre todas las carreras, aquella tenía un ámbito personal para Adrián.
Quería mandar callar a todas las críticas por su reciente accidente. Quería demostrarle a los demás que no se iba a quedar en el camino en el mundo de las carreras de autos por ser una mujer.
Pero sobre todas las cosas, quería ganar esa carrera para tener el número de aquella mujer.
No podía explicarse, ni siquiera sabía dar explicaciones a sus amigos. Á sí misma. Nunca se había interesado por una mujer de esas características, ni tampoco pensó en que le podría interesar una mujer mayor. Pero en ese instante en que vio a Andrea, sintió que su vida cambiaba para siempre.
Y después de tocar su mano, supo que había algo ahí, supo que tenía que saber más de ella. Sabía que algo había cambiado, ella misma había sentido como un toque de electricidad pasaba de un lado a otro. Ambos se habían visto a los ojos, sabían que había sentido algo diferente, como si de una señal del destino se tratara.
Otra vuelta más. Estaba agotado, sabía que su carro no estaba diseñado para llegar a esas alturas del campeonato peleando por la parte alta. Ni siquiera debía de estar en la media tabla. Él sabía perfectamente que el carro que tenía, era tal vez el peor carro construido de toda la parrilla de corredores. Lo sentía brincar en cada vuelta, sentía como estaba llevando el motor al límite.
" Adrián pasa a los pits, no puedes seguir a ese ritmo, necesitamos revisar el carro.”
Pero él no podía detenerse, si lo hacía, perdería el primer lugar, la diferencia era tan poca con el segundo lugar, que sabía que no recuperaría su lugar.
“Lo siento, no puedo hacerlo, solo faltan diez vueltas, estaré bien” — Respondió rápidamente, no se iba a detener.
" Adrián, es peligroso, sabemos perfectamente que nunca esperamos llegar tan lejos, no necesitas llegar a ganar para que todos sepamos que has logrado cosas imposibles” — Su jefe de carrera le habló, parecía preocupado — “No podemos darnos el lujo de matar al motor, no queremos otro accidente”.
Pero a Adrián no le era suficiente con quedar en el podio. Adrián quería hablar. Tenía que ganar.
“No mataré el motor, tranquilo. Ni tampoco me voy a matar a mí mismo, voy a luchar por esa victoria.” — Cortó la comunicación, antes de acelerar a toda velocidad. Iba a mandar callar a todos los que desconfiaban de él.
Él iba a conseguir lo que quería.
Faltaban cinco vueltas. Su contrincante aparecía constantemente en su retrovisor, tenía que aumentar la velocidad. Tenía que dedicarse a defender o lo iba a adelantar. Sus llantas ya estaban desgastadas, y estaba llevando todo al límite de lo mecánicamente posible, pero no podía parar la velocidad ahorita, no justo ahora.
Tres vueltas. Solo un esfuerzo más, un poco más y ganaría. Sabía que las imágenes de lo que estaba haciendo debían ser espectaculares, pero poco le importaba el espectáculo. Se estaba acercando a la zona de los rezagados, la zona que podría ser su salvación, o su perdición.
Última vuelta, si lograba salir de todos los carros antes de que acabara, no tendría dudas que sería el ganador. Por más que estuviera a la misma distancia que su contrincante. Era un todo a nada, tenía que hacerlo.
“¡Adrián!”
Avanzó a toda velocidad. Arriesgando en la pista para esquivar a los carros que tenía enfrente suyo, arriesgando a chocarlos, a salirse de la pista. A volver a destruir su carro. Nada le importo, esquivo uno y otro. Estaba tan concentrado que no le importaba que afuera, los vítores fueran inmensos. O que empezaran a saltar alertas. Solo un par de metros, y ganaría la primera carrera de su vida.
Cuando se vio cruzando la línea de meta, sintió una liberación que no pudo explicar. Ni siquiera tenía fuerzas para festejar y dar las típicas volteretas. Por más que el público se hubiera vuelto loco, y que sus asistentes en los pits estuvieran de fiesta.
De hecho, tenía unas enormes ganas de ir a dormir...
Cuando despertó a la mañana siguiente, después de una larga fiesta, y su respectiva resaca, lo primero que vio, fue un mensaje en el celular.
Era Serena.
Se había olvidado por completo de reclamar su premio después de ganar la carrera. Había terminado exhausto, y todavía había tenido que pasar una rigurosa investigación sobre si había destruido un motor de carreras para ganar el Gran Premio. Pero nada de eso había pasado, y después lo habían arrastrado a una fiesta. Era la primera carrera que ganaba su escudería en toda la vida. Y el se los había dado.
El mensaje era muy corto. Ni siquiera había palabras en él. Simplemente, había un número telefónico. La energía de Adrián se restableció de golpe y sonrió de oreja a oreja. Era el número de Andrea. O bueno, no era como tal el de ella, era un teléfono fijo, cosa que la sorprendió ¿Aún existían esas cosas? Pero poco le importaba, era el número que tanto estaba buscando.
Brincó en la cama, haciendo que casi se cayera de esta, pegó un grito que perfectamente pudo haber despertado a todo el hotel. Antes de taparse la boca ella misma, tenía que controlarse, no podía hablar en ese estado con la señora Andrea.
—Joder, como te amo Serena.
******Andrea*****
Si su vida era un desastre antes de aquella fiesta, después de esta solo pudo ir a peor. Si pensó que sería un buen momento una fiesta como esa para arreglar sus peleas con Danilo, aquel chico lo había arruinado.
No podía explicarse. Todo parecía que había ido muy bien, Danilo estaba feliz, ella estaba feliz. Hablar con alguien sin el miedo constante a decir algo correcto la estaba tranquilizando. Pero luego tuvo que ir aquel jovencito a saludar. ¿Por qué tenía que mencionar el bochorno del violín? ¿No era más fácil aparentar que no la había visto nunca? Ya ni siquiera recordaba el nombre de aquel chico. Pero poco le interesaba, no quería volver a saber de el en su vida.
Danilo la sacó de la fiesta a toda velocidad. Y los gritos que le dio cuando estaba dentro del coche, los recordaría por el resto de su vida. Ni siquiera fue capaz de llorar aquella noche, solo se quedó callada, recibiendo todas las culpas dentro de ella misma.
—Que quede claro Andrea fueron las palabras de Danilo al llegar a la casa en frente de todos, somos el matrimonio perfecto. Incluso enfrente de nuestros empleados la sostenía del brazo con fuerza, como si quisiera jalarla. Su mirada se incrustaba en la suya, era tal la dureza, que, si de un asesino serial se tratara, seguramente ya estaría muerta. —Amor, yo...
—iNo me digas amor! — Grito. No quiero que me hables con cariño, no quiero que te aparezcas en mi trabajo, ¡No quiero oírte Andrea! Vete de mí vista.
La vida de Andrea se había vuelto un infierno. Un infierno causado por un joven de cabello rubio.
Danilo ni siquiera se molestó en dormir esa noche en la misma cama que Andrea. Tal vez eso sirvió para que ella pudiera llorar por el toda la noche. Su corazón estaba destruido.
El coraje que Andrea sentía ante todo lo que le estaba pasando no lo podía explicar. Era como si tuviera una montaña encima de ella. Como si estuviera en lo más profundo de una cueva en la que lentamente se quedaba sin oxígeno. Ella peleaba con todas sus fuerzas, pero nada parecía surtir efecto. En momentos como esos, lo único que quería, era escapar, de la forma que fuera, eso le daba igual.
—Señora Andrea, me disculpo solemnemente por haberle causado molestias en aquella fiesta, pero sepa que yo lo único que quería era cuidarla y conocerla un poco mejor... No Adrián, no puedes decirle eso, va huir sin remedio—Indescriptiblemente, Adrián tiró otra bola de papel a la papelera, que se estaba llenando a pasos exorbitados.
Había pasado horas pensando cómo sería la manera correcta que podía llamarle, como podía acercarse de manera correcta. Rayos, por una vez en su vida, Adrián quería hacer las cosas bien.
—Señora Andrea, ¿Cómo está? Soy Adrián Valeroch, llamaba para disculparme por lo sucedido la última vez que nos vimos... Si no es mucha molestia, me gustaría verla personalmente para disculparme apropiadamente, en estos momentos estoy fuera del país, pero en unas dos semanas terminará la temporada y — Adrián sonrio ¡Eso es! ¡Eso es lo que estaba buscando!
Sabiendo perfectamente que tendría problemas de diferencias de horarios, Adrián volvió a agradecer a los dioses porque fuera tan de madrugada y estuviera haciendo eso.
Confirmó miles de veces que el número estuviera bien escrito, volvió a leer nuevamente el pequeño guion que había preparado, y suspiró, cerró los ojos, y sin más por hacer, marcó al número. Segundos de espera, segundos que se le hacían una eternidad. ¿De verdad valía la pena? Adrián era de esas personas que se burlaba de los creyentes del amor a la primera vista, ¿Por qué entonces había caído tan interesada en esa mujer?
Más tiempo de espera, ¿Es que nadie iba a contestar? ¿La iban a dejar en el teléfono? Poco le importaba, estaría marcando ese teléfono hasta que cayera del cansancio, aún tenía un par de días en México antes de que tuviera que viajar a Brasil. Pero cuando pensó que todo estaba perdido en esa llamada, escuchó como el sonido de espera se detenía.
—Casa de la familia Albrecht ¿Quién es? La voz detrás del teléfono sonaba de una jovencita, seguro era alguno de los empleados de servicio.
—Necesito hablar con la señora Andrea, es muy importante para mí, ¿Sería tan amable de pasármela? — Unos segundos de silencio. —¿Quién la busca? Adrián Valeroch puso sus sentidos en alerta, no podía saber que era aquel chico, si le avisaba a la Señora Andrea, seguramente nunca la recibiría.
—Soy alguien que la vio en la fiesta de hace unos días en casa de Setsuna, necesito hablar con ella, por favor.
En el otro lado del mundo, una sirvienta estaba muy confundida sobre lo que debía de hacer. —¿Quién es Natalia? Andrea estaba al lado de ella, leyendo con desinterés un libro.
Natalia tapó la bocina del teléfono, para evitar que la misteriosa persona escuchara dice que es alguien que la vio en la fiesta de la señorita Serena, que es urgente que hable con usted.
El cerebro de Andrea empezó a trabajar, ¿Quién de esa fiesta desearía hablar con ella? Toda la gente dentro de esa fiesta eran doctores y más conocidos que seguramente solo formaban parte del circulo de Serena y Danilo. La única persona que había conocido ese día, para su desgracia, había sido... ¡¿Era acaso que podía existir tal nivel de sinvergüenza!?
—Pásamela, si las sospechas de Andrea eran ciertas, entonces iba a matar a alguien—¿Si diga?
Al oír la voz de Andrea, Adrián se quedó estático. Era una voz tan dulce, tan terna, incluso si parecía estar enojada.
—Señora Andrea...Tuvo que recomponerse rápidamente -Soy Adrián Valeroch...—Pero no pudo seguir su discurso, la mujer a quien tanto llamaba la interrumpirá.
—¿Pero que se cree joven Valeroch? La voz de Andrea era fuerte, seria, no había rastros de aquella melancolía que parecía existir dentro de ella ¿Acostumbra entrar a las reuniones sociales de sus amigos para molestar a las personas y luego llamarles para ver los resultados? Se hace pasar por un joven muy simpático, agradable, para acercarse a los demás, ¿Y luego? Destruye los trabajos de los demás, para molestar a mi esposo y a mí, ¿Qué clase de miserable es usted?
Adrián quiso contestar, pero Andrea ni siquiera le dio la oportunidad.
—iNo! No tiene que responderme, créame joven Valeroch que mi opinión sobre usted y su comportamiento es... bastante baja, y si no tiene otra cosa que hacer, entonces ¡Déjeme en paz! Andrea estuvo a punto de colgarle, pero está gritó, desesperada.
—¡Andrea! Andrea déjeme explicarle...
— ¡Señora Andrea! No tiene que explicarme nada, todo lo que se podía decir entre nosotros ya está dicho—Nuevamente, estuvo a punto de colgar, pero esta la detuvo. Algo dentro de ella le pedía que no siguiera con aquella masacre, que escuchara lo que sea que ese joven le tuviera que decir.
—Andrea! Andrea, Andrea, solo le pido que me escuche por unos minutos, le juro que, si me da la oportunidad, usted se va a dar cuenta de que... de que está pensando mal de mí Adrian se movía por todo el cuarto del hotel de un lado a otro, estaba ansioso, ni siquiera cuando estaba por salir a una carrera estaba en ese estado -Está siendo injusta conmigo.
—¡Arruinó lo que estaba siendo una buena fiesta entre mi marido y yo! ¿Y yo estoy siendo injusta? Andrea no sabía por qué no le colgaba en ese momento, aquel hombre la estaba sacando de sus casillas—Hasta nunca joven Valeroch.
—¡Andrea! Volvió a gritar, pero no hubo caso, esta vez la suerte no le sonrió, Andrea colgó la llamada. Dejándola allí, solo al otro lado del mundo, en un hotel a mitad de la madrugada, sin nada.
—¿Quién era señora? Preguntó Naty, una vez que vió a su patrona colgar el teléfono y aventarlo con excesiva fuerza al sillón
—No quiero recibir otra llamada de esa persona—Respondió nunca había visto tanta insolencia en una sola persona. Era Adrián Valeroch.
Natalia abrió los ojos con sorpresa ¿El mismo de la fiesta de la señorita Serena? Andrea asintió.
—El mismo. Quería hablar conmigo ¿Y de qué? ¿Qué era lo que quería explicarme? Andrea subió las escaleras, directo a su habitación, no quería ver a nadie, estaba ardiendo en ira.
—No, no me arrepiento—Respondió Adrián mientras le daba otro bocado a su desayuno, Es solo que me preocupa que la señora de Albrecht tenga ahora una mala imagen de mí.
—¿Y eso que? Pregunto Lito, mientras recogía los platos del desayuno. Adrián jamás había entendido la decisión de su amigo por irse hasta Brasil a abrir su restaurante, pero siempre era la persona más feliz de no quedarse solo cuando tenía el Gran Premio de Brasil — Que la señora de Albrecht piense lo que quiera.
—No, es que precisamente ese es el problema Lito, que sí me importa, y mucho. ¿Ves estas ojeras? Son por pensar en ello toda la noche, no por estar pensando en la carrera.
—¡Adrián por favor! Lito la miró con incredulidad tienes a muchas mujeres detrás tuyo, no te quedes estancado, arranca.
Pero la mirada de Adrián se perdió, recordando aquella llamada, tan corta como amenazante es que la hubieras oído—Rio ¡Estaba furiosa! Recriminándome haber dicho esas palabras enfrente de su marido... Y a mí no me molestaba, podría haberla oído toda la madrugada... tenía ganas de nadar todo el pacífico solo para ir a verla enojada. Una mujer de su calaña usualmente no pierde la compostura... y ella lo hizo. Por mí. — Ella se sonrió mientras imaginaba cómo sería la cara de Andrea molesta. —Se pondría sonrojada?
Pero Lito la estaba viendo con los ojos en blanco, incrédulo Adrián, tú tienes que superar a esa mujer, es peligrosa, pero Adrián hizo caso omiso.
Adrián no volvió a hacer un número cercano a lo que había logrado durante toda la temporada, en aquellas tres carreras que le faltaron. El gran premio de México pesó demasiado, era cierto, se había cargado su coche por ganar un primer lugar. Aquel carro que una empresa pequeña en la que nadie confiaba y estaba sorprendiendo, había quedado como un auto cuestionable.
¿Había valido la pena bajar de posiciones para ganar una carrera? A pesar de todos sus esfuerzos, era prácticamente imposible que terminará en la parte media-alta de la tabla de corredores al final de la temporada, pero poco le importaba que no era capaz de llegar, nunca había estado tan ansioso por qué las vacaciones llegaran, por quedarse un par de meses en su hogar, sin tener que viajar. Solo quería que la temporada terminara.
La señora Andrea no le había vuelto a contestar una llamada. Aquella empleada, a quien ahora conocía como Natalia, siempre encontraba una excusa para evitar que se pudiera comunicar con ella. Pero ahora no tendría escapatoria, ahora que estuviera en el país, no iba a descansar, así tuviera que montar una casa de campaña enfrente de la puerta de la casa de los Albrecht, Andrea lo iba a escuchar.
Tenía poco tiempo antes de que la carrera empezará. Era una pésima idea hacer lo que iba a hacer. Pero no le importaba, más le estaba incomodando el calor que sentía por estar en Brasil. Marcó el número de nuevo, esperando una respuesta.
Tal vez era una pésima idea. A pesar de que era muy temprano, seguramente era muy noche. Y efectivamente era así, en la mansión Albrecht, las luces ya estaban apagadas, cuando el teléfono empezó a sonar.
¿Quién podría ser tan noche? ¿Es que acaso no tenían respeto por el sueño ajeno? Pero el teléfono no se detenía. Y no había nadie para contestar. Natalia se había ido a su casa desde hacía mucho, era Andrea quien tenía que contestar, sí Danilo llegaba a despertarse, estaría de demasiado mal humor.
—¿Si diga? Respondió, disimulando su somnolencia. Adrián tuvo que reprimir un grito al oír a Andrea responder el teléfono. —Señora Andrea...
Andrea cerró los ojos, conteniendo la respiración, no podía hacer un drama Joven, ¿Cómo está? respiraba fuertemente ¿Es que acaso no sabe que es muy tarde para sus llamadas ya?
—Bien, estoy en Brasil en unos minutos empezará una carrera donde compito, es por eso que pierdo un poco el sentido del tiempo. — Intento excusarse.
—¿Qué es lo que necesita joven Valeroch? ¿Acaso es que quiere hablar con mi marido? ¿Tiene algún malestar?
—No, no es nada con su marido respondió en unas dos semanas estaré en el país, y pensé que sería una buena idea invitarla a tomar un café...
—No, la respuesta de Andrea fue cortante. —Sigue enojada conmigo...
—Si no tiene nada más que decir, le agradecería que deje de llamar a este número, que no sé cómo es que lo consiguió Andrea estaba por colgar de nuevo, pero otra vez, Adrián lo impidió.
—Señora Andrea, déjeme explicar lo que dije aquella noche, por favor, solo cinco minutos. —No necesito sus explicaciones. —¡cinco minutos! Por favor, la carrera está por comenzar, solo le pido cinco minutos de su tiempo. Andrea se quedó callada si cinco minutos de su tiempo era lo que necesitaba para librarse de ese joven, que entonces así fuera.
—¿Por qué está tan alterada? Andra preguntó al ver que Andra no le había colgado —Está perdiendo su tiempo joven, le quedan cuatro minutos.
—Puede decirme Andrian, por favor...
—Tres minutos.
—Qué reloj tan veloz el suyo ¿Dónde lo compró? Podría ayudarme a...
—Dos minutos.
—Está bien, está bien, yo no quería incomodarla con su marido, ¡realmente me parece que su música es muy bella! Yo no sabía...
—Ya se le acabó su tiempo.
— ¡No! Espere, por favor, si hice algún daño, lo tengo que reparar explicó, no podía dejar que le colgara, quería seguir oyendo su voz.
—¿Por qué? La mejor forma de arreglarlo es que me deje en paz. —Por favor, acepte tomar un café conmigo.
La contestación de Andrea fue un respiro hondo y luego silencio. Andrea no contestó, solo colgó la llamada. Incapaz de saber qué era lo que debía decir, ¿Por qué era tan insistente ese muchachito con ella? Pero más aún ¿Por qué estaba disfrutando que aquel joven fuera tan insistente?
—Hasta pronto, señora Andrea en Brasil, Adrián respondió para sí misma, sonriente. Poco le importaba si quedaba en último lugar ese día en la carrera. Adrián sabía que había avanzado.