Capitulo 2: ¿Socios?

1844 Words
—Andrew, hijo —escuché cómo Jon me llamó al entrar a la cocina donde me encontraba. —Jon, ¿qué tal estás? —saludé alegre. Jon siempre estaba trabajando incluso los veranos, se encerraba en su oficina y nadie sabía de él, a veces podíamos estar en la misma casa sin vernos por días. —Estoy muy bien hijo, ¿tú que tal vas? — preguntó mientras dejaba acariciaba mi espalda con cariño. —Excelente, ¿se te ofrece algo? —pregunté al verlo en la cocina pues, él nunca iba a ese lugar. —Sólo te estaba buscando, los Lambert nuestros vecinos, darán una pequeña reunión en celebración a su regreso en la casa este verano mañana en la tarde. Invitaron a todas las familias de la zona y quería saber si querías ir —ofreció. Hice una mueca de desagrado. —No lo sé, no me gustan las "pequeñas reuniones" de los ricos, siempre terminan siendo una fiesta muy producida —mencioné recordando todas las veces en las que eso sucedió. —Ay Andrew —Jon soltó una carcajada— Será divertido, además sirve para que conozcas a su hija que según sé es como de tu edad. Así no pasas el verano tan solo —propuso. —Es que ya la conocí — volví hacer una mueca de desagrado —¿Y? —Jon quería más información. —En absoluto nos llevaremos bien algún día —solté —Ay Andre, tú no eres así de negativo, esta fiesta puede servir en serio, irán otros chicos de tu edad si de verdad la señorita Lambert no te agrada —sonrió. —Es que no es que ella no me agrade, es que yo soy el que no le agrada —solté un suspiro —Da igual, irás a esa fiesta con nosotros porque eres de la familia —dijo decidido. —Jon... — intenté protestar —No hablaremos sobre ese tema otra vez, soy como tu padre y debes obedecer a este viejo —colocó sus manos en la cintura tratando de verse autoritario a lo que reí. —Ya no iba a decir nada más, sólo te iba a recordar que a Fernanda no le gusta que me asocien con ella —sonreí nervioso. —Ya lo he dicho, eres mi hijo, no de sangre pero mi corazón te adoptó como a uno y eso te hace de mi familia por mucho que ella quiera negarlo —se acercó para abrazarme y para dirigirse a la salida de la cocina. —¿Alguna vez me contarás mi historia? —pregunté antes de perderlo de vista, se detuvo y me miró. —Algún día —la sonrisa que me brindó era nostálgica. Él salió finalmente de la cocina y me dejó ahí con mis pensamientos haciendo ruido en mi cabeza. Toda mi vida me había preguntado lo mismo. ¿Quién era? ¿Cómo Jon me encontró? ¿Qué pasó con mi familia? El pasado era algo tan borroso y poco palpable, mis recuerdos antes de los Stanfford estaban distorsionados. Pero, ¿por qué? —¡Ojitos de niño guapo! —sonreí al ver a Christian entrar para ir directamente a mí para saludarme. —¿Aún con eso? —pregunté divertido—Tus ojos también son lindos, son azules, ¿sabes cuántas chicas se derriten por unos ojos azules? —arqueé mi ceja coquetamente para molestarlo. —Y tú, ¿Sabes cuántas chicas se derriten por unos ojos verdes? —preguntó de la misma forma en que yo lo hice. Rodeé los ojos y sonreí. —En fin, ¿Cómo estás? —pregunté desviando el tema al que le encantaba llegar mi hermano, mi vida amorosa la cual ni siquiera existía. —Justo ahora, estresado. Papá quiere ir a esta reunión con los Lambert y yo no quiero porque debo vestir formal y no me gusta —se quejaba como un niño aunque ya tenía 25 años. —¿Formal? Sí, algo que me agrada, es justo lo mío —me emocioné, éramos bastante distintos en eso, su estilo era más relajado, suéteres, buzos, franelas. —Aunque... —guardo silencio mientras me miraba juguetón. —No sé qué estés pensando pero no —negué de inmediato. —Ay por favor Andrew, vamos de compras juntos y así me ayudas —rodee los ojos al instante. Definitivamente Christian era un hombre al que no podría entender nunca, amaba ir de compras pero no era gay, podía ser el mejor amigo para cualquier mujer porque tenía gustos increíbles. Seguro será un buen esposo. —Ay hermanito por favor —suplicaba. —Desde que eras un mocoso no me decías así, excepto claro para chantajearme —declaré. —¡Andreeeeew! —exclamó. —Ay ya, está bien pero deja el drama, sólo voy porque me hace falta otro traje —me cruce de brazos. —¡Sí! Avisaré para que tengan el auto listo —dijo saltando en su lugar — ¡Salimos en 10! —finalizó saliendo de la cocina dejándome solo de nuevo. No tenía que arreglarme para salir pues ya estaba listo, así que me dirigí a la entrada de la casa donde se encontraba Greg el chófer de la familia mientras esperaba a mi hermano. —Joven Andrew, ¿cómo está hoy? —preguntó aquel hombre amablemente. —Bastante bien Greg, ¿tú cómo vas? —pregunté con atención. Me gustaba tratar bien a todos, sin importar el cargo que tenían, desde el jardinero hasta el chófer y desde éste, hasta las cocineras, me parecía que todos merecían respeto. Eso lo aprendí de Jon. —Excelente joven, ¿a dónde iremos hoy? —preguntó. —Eso vamos a dejarlo en manos de Chris —respondí sonriendo. —¡Vamos! —al instante el rubio apareció por las puertas de la casa y ya se dirigía a nosotros. Noté qué se había cambiado la ropa que antes llevaba y ahora estaba más presentable. Los tres nos adentramos al auto y sin más, Greg avanzó. Todos los veranos íbamos a un pequeño pero acogedor pueblo a unas horas de Orlando (Florida) donde era nuestra residencia local. Cada año, disfrutaba nuestra estancia en la gran casa de descanso, era muy tranquilo a diferencia de la casa en Florida. Después de un rato viajando para llegar al centro del pueblo Christian pidió a Greg que se detuviera en la tienda de un sastre amigo de la familia. Al escuchar eso, me alegré porque quería usar algo formal pero siempre era difícil encontrar un buen traje por mi altura, en una sastrería podría encontrar lo que quería y además, ajustarlo a mis medidas. —Sé lo que piensas. Te conozco más de lo que te conoces hermanito — alardeo a lo que sin responder, reí. El auto aparcó justo frente a una tienda bastante grande y lujosa. Desde las vitrinas se podían apreciar la variedad tanto para damas como caballeros. Al entrar vi un maniquí con un traje n***o y camisa blanca desabotonada desde el pecho, haciendo ver los pectorales hacia arriba, me enamoré al instante. Era justo mi estilo, elegante y relajado a la vez. —Ya sé lo que llevaré — avisé a mi hermano quien hablaba con el dueño del lugar al notarlo lo saludé amablemente a lo que él respondió de la misma forma. —Es una excelente elección joven, necesitamos que se lo pruebe para poder corregir los detalles y dejarlo a su medida con la mayor rapidez, el joven Christian me ha comentado que el evento es mañana a las 4 pm y han venido a la hora perfecta para medir y corregir con mi equipo para hacerles llegar el resultado justo a tiempo —me sorprendí con lo que decía, en tan sólo horas podían modificar un traje dejándolo a mi medida. Obediente, fui a los probadores con todo el traje completo a medírmelo para notar que, efectivamente me quedaba un poco corto el saco y ancho de algunas partes el pantalón de vestir, salí para que tomaran mis medidas. —Quiero que el pantalón muestre mi figura pero a su vez lo quiero sólo un poco ancho para darme comodidad, las mangas las quiero a mi medida tanto de largo como de ancho al igual que la camisa, eso sería todo — anuncié mientras el hombre tomaba nota. Del probador a mi lado salió mi hermano con un traje gris, corbata rosa bebé camisa blanca abotonada hasta el cuello. —Me encanta, te ves muy bien —halague. —Y tú eh, pero debo corregir unas cosas en este traje, me queda bien pero quiero que quede perfecto el saco —se quejó. Él medía un poco menos que yo. —Lo mismo digo —sonreí. Después de dejar las indicaciones y por supuesto el dinero correspondiente salimos de la tienda, aprovechando que estábamos por el pueblo decidimos hacer una parada en un café. —Oye ¿y ya hiciste amigos este año? —preguntó mientras recibíamos nuestros pedidos. —Amigos no, enemigos si —reí al recordar a la castaña prepotente. —¿Andrew con enemigos? Pero si tú te llevas bien hasta con una piedra, además no tenemos ni una semana de haber llegado —bromeó. —Ya sé, soy muy simpático —piqué uno de mis ojos haciéndolo reír— Pero para Daniela Lambert soy un intruso de seguro y entrometido — me encogí de hombros dando un sorbo a mi capuchino. — ¿Lambert? ¿De los Lambert de nuestros vecinos? —preguntó con sorpresa a lo que asentí con tranquilidad, el tema me tenía sin cuidado no era como si estuviese desesperado por caerle bien. —Tenías que caerle mal justo a la hija menor de nuestros vecinos y próximos socios, eso es tan tú —dijo sarcásticamente. Casi escupo el líquido que había ingerido de la sorpresa. —¿Cómo que socios? —pregunté incrédulo. —Casualmente papá conoció a este señor... —se detuvo haciendo memoria—¡Germán! Germán Lambert, y se cayeron bastante bien, resulta que este hombre Germán tiene innumerables campos de golf por toda Florida, ¿si sabes este lugar al que vamos que se llama Campo D&G? —asentí—Bueno también pertenece a esta familia, el nombre fue un regalo de su hija Daniela a su padre Germán siendo éste bautizado como D&G —finalizó. —No puede ser —pasé mis manos por mi cabello —Tú no la conoces pero esa niña es una niñita prepotente, creída, malcriada, mal educada y sus valores, ¿sabes dónde están sus valores? —él negó riendo por mi histeria— ¡En ninguna parte porque no tiene! —explote notando como todos comenzaban a mirarnos raro. —Una lástima hermanito, porque van a convivir mucho. Resulta que casualmente a German le encanta el trabajo que hacen nuestras constructoras y quiere trabajar de la mano con nosotros para sus nuevos proyectos —informó —Yo sólo quería pasar mi verano tranquilo y feliz —me quejé.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD