Durante toda la mañana no he dejado de ver la tarjeta que me entrego,
Me rehusó a llamar a su hermana para preguntar por ella, es una maldita estupidez.
¿Quién carajos es Alice Bennett y porque no me la puedo sacar de la mente?
La quiero en mi cama y no pienso quedarme con las ganas de probar su cuerpo, aún no existe mujer que se resista y se lo voy a demostrar.
Guardo la tarjeta en la bolsa interior de mi saco y salgo de mi apartamento para ir al bar, lo peor que puedo hacer es pasar un domingo encerrado observando una tarjeta, es una tontería, puedo tener cualquier mujer y estoy perdiendo el tiempo con ella.
Conduzco hasta el bar y en menos de treinta minutos ya me estoy estacionando, en dos movimientos mi auto está perfectamente acomodado, busco en la guantera algunas monedas para el parquímetro y escucho un chirrido, me levanto de inmediato y un puto Twingo está pegado a la defensa de mi auto.
Es un maldito auto de treinta centímetros, no está manejando un trailer y el idiota aún así le pega a mi auto.
Me bajo encabronado como el infierno, dispuesto a matar al idiota al volante de ese ridículo auto de juguete.
Me acerco a la ventanilla pero no puedo ver a nadie, parece estar agachado recogiendo algo del otro lado del asiento.
Golpe la ventanilla y un rostro angelical aparece a través del cristal.
— ¿Acaso me estás siguiendo? — Pregunta Alice molesta, mientras abre la puerta de su auto.
Por lo visto ni siquiera ha notado lo que hizo.
— Estoy seguro que eso te encantaría, pero le acabas de pegar a mi auto. — Digo sorprendentemente en un tono más calmado de lo que sentía antes.
— ¿Que dices? claro que no. — Camina hacia la parte trasera del auto. — Es un rasguño, mira, ya no se nota. — Raspa con la uña la pintura anaranjada que dejó su auto sobre la defensa del mío.
— Estoy seguro que hara falta mucho más que eso, pero se que podemos encontrar una solución, solo tienes que decidir sabiamente, puedo llamar a la aseguradora o puedes salir conmigo.
Una sonrisita se forma en sus labios y carajo es tan hermosa cuando sonríe, no puedo evitar imaginar esos labios alrededor de mi v***a, estoy segura que esta vez si aceptará.
— Me dices cuanto hay que pagar.
Me quedo perplejo ante su respuesta, hasta que la veo avanzar y me obligó a decir algo más antes de que se aleje, me doy cuenta que estamos frente al bar, probablemente también venga aquí, una vez dentro podrá ser mis y me ahorraré todo este drama de convencerla.
— ¿Vienes muy seguido ? — Pregunto apresurado.
— Se detiene y me mira con curiosidad.
— Bueno, pues creo que nunca lo había pensado, tal vez una o dos veces por semana. — Responde pensativa mientras se muerde el labio.
Carajo, nunca había visto nada más sexy.
— ¿Te parece si entramos juntos?
Su respuesta no llega solo asiente con desconfianza y comienza a avanzar, algo dentro de mi se acelera, una vez que entremos la haré mía y mierda ya lo puedo saborear, me detengo junto a la puerta del bar, pero ella no lo hace, sigue sus pasos.
— ¿A dónde vas?
Se detiene y voltea a verme.
— A la tienda de antigüedades. — Señala un establecimiento a unos pasos del bar que nunca había notado.— Oh, ya veo, tu vas ahi, bien, creo que aquí termina el recorrido.
Continua su camino y la esperanza de hacerla mía en este momento se desvanece.
—No tiene porqué terminar, puedes beber algo conmigo y después te acompaño.— Abro la puerta del bar invitandola a pasar.
— Un poco temprano para tomar, pero gracias. — Nuevamente me rechaza.
— Me lo debes. — Grito a su espalda.
— ¿Disculpa? — Pregunta sin mirarme.
— Le pegaste a mi coche.
Voltea a verme y puedo ver sus mejillas encendidas, respira profundamente y su rostro vuelve a ser el mismo de antes, busca dentro de su bolso y saca una pequeña libreta con brillos y un bolígrafo, no dice nada está concentrada en anotar algo sobre la hoja.
— Mañana en esta dirección, diez de la mañana, no llegues tarde. — Me entrega la nota y se marcha sin nada que la detenga.
Observo la dirección en la hoja y no creo haber estado nunca en ese lugar, la guardo dentro de mi saco y entro al bar en cuanto ella desparece tras la puerta de la tienda de antigüedades.
Es la primera vez que una chica me dice cuando y a dónde ir, la primera vez que no controlo la situación.
Sentado en la barra con mi habitual bebida observo a las personas en su interior, conversan en las mesas, se mueven de un lado a otro, analizan, buscan a la persona indicada para cumplir sus fantasias.
Entro a uno de los apartados y me siento en el sofá, no me apetece hacer nada, solo quiero observar, imaginar, mientras observo a dos hombres penetrar a una mujer, sus gritos inundan la sala y no puedo evitar imaginar la voz de Alice, sus gemidos, los gemidos que le quiero provocar, solo la necesito una vez para deshacerme de este capricho.
Ya tengo su dirección y solo es cuestión de tiempo para que esté en la cama cumpliendo mis órdenes.