Liam rodeó con sus brazos a Emma mientras se dirigían a la mansión Anderson, ella volvió a hundir su rostro sobre su pecho, en ese lugar se sentía segura, en su mente la atormentaban diversos miedos, temía no volver a caminar jamás, no sería justo para Liam estar atado a una mujer que no podría corresponderle como debería. Ajeno a lo que la chica pensaba, Liam imaginaba como sería su vida en cuanto detuvieran y ella se divorciara de Elliot, podrían por fin ser felices junto a su hijo. Al llegar a la mansión, en cuanto el enorme portón se abrió, Liam le pidió a Emma que pusiera atención sobre el camino, había hermosos globos blancos y rojos decorando toda la orilla, al igual enormes ramos de rosas en el mismo color. —¿Tú has hecho todo esto? —Pedí que lo hicieran, por cierto, nuestro hi

