—Quiero ir de compras —dijo Paola—. Necesitamos ropa playera, bikinis, todo lo sexy que pueda haber.
—Paola, yo estoy bien así. Traje un traje de baño y algo de ropa casual —le respondí, mostrándosela.
Hizo una mueca.
—Lu, estás loca si crees que vas a salir así como estás. Para nada. Vamos de compras y punto. A eso vinimos.
Bufé.
—Está bien. Me ducharé y luego nos vamos.
—Sí, luego voy yo.
Ambas nos duchamos y nos pusimos algo casual mientras encontramos ropa mucho mejor según Paola. Nos dirigimos al centro comercial, parece que estamos en temporada porque hay mucha gente aquí. Nos metimos en varias tiendas, me probé varios trajes de baño que nunca había usado. Se me ve casi todo. Recordé que a Lucas no le gustaba que mostrara tanto... solo por ese momento pensé que quizás le importaba un poco o se ponía celoso de que otros hombres me vieran, pero ahora me doy cuenta de que quizás solo se sentía avergonzado. Yo no soy tan guapa como sus amantes ni tengo un cuerpazo como el de ellas.
Me deprimí mientras me cambiaba de ropa.
—¿Ya? —Paola se metió al vestidor—. No... Lusiana, no vayas a llorar. Ese bikini te quedó increíble y nos lo llevamos.
—Gracias por ser buena amiga, Pao, no sé qué haría sin ti.
—Lo sé, por eso siempre estuve en pleitos con Lucas, no sé, algo no me cuadraba. Pero vamos, llevamos muchas cosas ya y tenemos que ir a la playa.
Asentí y me limpié la lágrima solitaria.
Salimos del centro comercial y nos dirigimos al hotel de nuevo, nos cambiamos, nos pusimos los bikinis más sexys que habíamos comprado y bajamos al lobby.
—El mar se ve increíble —dijo ella.
—Pediré algo de tomar —le dije, acercándome al bar—. Dame lo más fuerte que tengas, por favor —pedí.
—Enseguida.
Quiero emborracharme el día de hoy. No pensar. No recordar.
—Dame lo mismo que pidió ella —se acercó Paola. El bartender nos dio las bebidas y, ahora sí, caminamos a la playa. Es obvio que captamos las miradas de varios hombres que tomaban el sol o algunos surfistas. Había un chico dando clases de surf. Buscamos las sillas playeras y allí nos sentamos. El mesero, muy atento, nos trajo más bebidas.
—Ese chico está muy guapo y me está haciendo ojitos —dijo Paola, haciendo referencia al chico que daba clases de surf.
—Hmm, quizás.
—Creo que me dieron ganas de tomar clases de surf, no sé, siempre he tenido la curiosidad —sonrió pícara. Yo sé que el chico también le lanzó ojitos a mi amiga. Al menos ella tiene mejor suerte con los hombres que yo.
Maldita sea, Lucas, sal de mi cabeza.
Tomé más.
—Ya vuelvo, no abuses de la botella que te quiero sobria para el atardecer —dijo, yéndose hacia el chico.
Ahora me quedé sola.
—Hola —dijo alguien. Elevé mi vista para ver al chico moreno que se sentó en la silla de Paola sin ser invitado—. Llevo rato observándote. Me parece que eres muy guapa.
—Ah... gracias —ahora no sabía cómo actuar. ¿Qué se supone que diga?
—¿Estás de vacaciones?
—Sí, como todos aquí —respondí sin ánimos de tener una conversación con un hombre. Me quiero alejar de ellos por un tiempo. Todos son unos mentirosos de lo peor. Y este no es la excepción. Quién sabe a cuántas mujeres de por aquí les ha tirado el cuento.
Degenerados.
—Bueno... algunos solo vienen por asuntos de trabajo, ya sabes, negocios.
Asentí.
Tenía razón.
—¿Y tú? —quise saber para no ser descortés.
—Negocios. Pero no está de más disfrutar un poco —sonrió de lado. El hombre no es feo, pero para nada le llega a los talones a Lucas... ¡no puede ser! ¿Por qué sigo pensando en él? Que se pudra donde sea que esté.
—Soy Leonardo —se presentó.
—Soy Lusiana —le medio sonreí.
—Tu amiga es surfista —me dijo, viendo a Paola subiéndose a una tabla de surf mientras el entrenador la tomaba de la cintura para que no se cayera. Sonreí al imaginar lo que tuvo que planear para que eso sucediera.
—Algo así —reí.
—Qué linda sonrisa tienes.
Me puse seria.
—No eres muy sociable, ¿verdad?
—No soy muy confiada, es eso.
—Tranquila, conmigo no tienes por qué tener desconfianza. Soy un buen tipo. Oye, esta noche iremos a un club, habrá una fiesta y me gustaría mucho verte allí.
—Hmm... pues no lo sé, tendría que consultarlo con mi amiga.
—¿Qué tienes que consultar conmigo? —Paola apareció de repente, toda mojada y agitada.
—Las invito al club Beach esta noche, pero tu amiga está indecisa. Vamos con unos amigos.
—Sí iremos —dijo Paola, tomando de su bebida—. Claro que estaremos allí —me guiñó un ojo.
Le hice una mueca de desagrado. No quería salir con él.
—Perfecto... ¿tú eres...? —quiso saber Leo.
—Paola, la mejor amiga de Lusiana. Si me disculpan, seguiré con mis clases de surf. Cuídala, Leo —se fue corriendo hacia su entrenador.
Paola...
—¿Eres de...? —quiso saber, tratando de hacer más conversación, y yo solo quería que se fuera.
—California —dije.
—Yo soy de Chicago, tengo una empresa allí.
—Entiendo... qué bien.
Me quiero ir.
Su teléfono celular sonó y agradecí eso.
—Discúlpame, Lu, pero como te dije, estoy en asuntos de trabajo. Te veré en la noche, cuídate —me sonrió y me pareció que su sonrisa era amable. Entonces me sentí mal por haberlo tratado así de feo. Igual espero no verlo nunca. No quiero saber nada de hombres por el momento... Aunque debería, debería ir y buscarme a un buen chico para olvidarme de Lucas.
Lucas... ¿qué estará haciendo? ¿O con quién estará?
—Listo. Invité a Mike a la fiesta también.
—Qué rápida —le dije.
—Me encanta —dijo, tomando sus cosas—. Vamos al hotel, ya casi es el atardecer y quiero buscar el atuendo adecuado para esta noche.
—Nos vamos en la mejor parte —le hice saber—, el atardecer.
—Lusi, no seas así —hizo berrinche—. Por fin conozco a alguien que me gusta de verdad y no quiero desilusionarlo. Vamos.
Rodé los ojos y tomé mis cosas.
—¡Bien! Pero mañana hacemos las cosas que yo te diga.
—Claro, mañana será tu día —me abrazó y me dio un beso en la mejilla.
Llegamos al hotel y cada una se duchó. Buscamos ropa y más ropa de la que habíamos comprado porque, según Paola, teníamos que estar muy sexys para esta noche. Paola me vistió con un vestido rojo súper corto, escotado y abierto de la espalda. Dios, jamás me había visto así. Y la verdad no me veía para nada mal. Me puso unas sandalias de tacón fino medio altas y me peinó con una coleta alta. Ella se encargó de maquillarme.
—Estás bellísima —me dijo, orgullosa—. Si fuera hombre me enamoraría de ti, tontita.
—Gracias, por todo.
—Ahora me toca arreglarme a mí porque si no se nos hará tarde.
—Claro, tómate tu tiempo.
Tomé el celular y mientras Paola se arreglaba, entré a la red social de Lucas solo por curiosidad. El corazón me empezó a latir más aprisa cuando vi sus historias: en fiestas, en bares, con mujeres. Él está feliz disfrutando de que no tendrá que lidiar conmigo, y yo aquí sufriendo.
Tomé coraje y me decidí a divertirme esta noche también.