CAPÍTULO 9

1080 Words
—Entonces, ¿me dirá de qué trata su proyecto? Lleva mucho tiempo en silencio. Soltó Díago para luego sentarse en uno de los sofás que se encontraba en aquella biblioteca. Él solo podía ver lo hermosa que esa chica era, su cabello rojo y rizado era precioso. —Ah, sí, eh... Bueno, tengo que hacer un ensayo del idioma en sí, algunos aspectos de esta, pero debo escribirlo todo en latín, además tendré que exponerlo frente a la clase también en latín. Diago vio con mucha atención aquel lunar del labio de Aileana mientras está. hablaba. — ¿Y en qué nivel está del idioma? , para partir de ahí. — Yo diría un 50 por ciento, se me dificulta más el habla que la escritura. Ella se mantenía aún de pie mientras observaba a Diago, sentado tan imponente y elegante, claramente la casa y él hacían juego. En sus 24 años no había visto ningún hombre que emanara esa vibra. —Bueno, entonces comenzamos con ese proyecto, ya verá qué aprobará de eso, me encargo yo. Aileana sonrió, era la primera vez desde que lo conocía que se sentía tranquila y cómoda al estar con él... Aileana se estiró un poco y bostezó. Diago se levantó del escritorio donde se habían trasladado a trabajar. —Es algo tarde, señorita, la llevaré a su casa y mañana podemos proseguir, ¿le parece? Aileana recogió algunos de sus libros y sus pertenencias para meterla a su mochila, se levantó igual de la mesa y sonrió. —Sí, muchas gracias por la ayuda, sé que me he portado un poco grosera con usted y me disculpo. —No se preocupe, usted, es alguien muy diferente a muchas chicas de este lugar y eso me agrada. —Eh... Bueno... Vámonos. Aileana subió al auto junto con Diago. A diferencia de la tarde donde el silencio reinó durante el trayecto hacia la enorme casa, en esta ocasión se había iniciado una conversación. —Dígame, señorita, ¿qué desea? Aileana no entendía la pregunta de Diago. —¿Cómo? No entiendo... ¿qué deseo? —Sí, qué desea hacer con su vida, es decir, qué planea hacer. —¡Ah! Bueno, principalmente terminar la carrera, después me encantaría viajar a todos esos sitios que deseo conocer, me encantaría también ser profesora o enseñar alguna cosa y... A su mente la imagen dulce de Graham apareció, haciéndola sonrojar. —¿Casarse? __¿Casarme? Eh... —Dígame. ¿Tiene novio? Aileana guardó silencio y primeramente pensó en confirmar que así era que se encontraba enamorada, pero inmediatamente pensó en su papá y lo mucho que ella quería que él se enterara antes que todo el mundo. —No tengo. Ella inmediatamente desvió su mirada hacia el exterior, donde la obscuridad ya era evidente. Se sentía mal negar a Graham, sentía como si fuera una traición. —Una chica tan hermosa como usted, no lo creo. —Así son las cosas, dígame, ¿usted tiene novia? Él sonrió y negó con su cabeza. —¿Y eso por qué? Usted parece ser muy joven, ¿cuántos años tiene? ... Lo siento, no debí preguntar, es de mala educación. —No hay problema, bueno, tengo 32 años, y pues para contestar su pregunta del porqué no tengo a una mujer a mi lado, es por la sencilla razón por la que no he encontrado a alguien que me interese lo suficiente como para hacerla mi esposa. Aileana comenzó a jugar con sus manos. La respuesta de Diago podría escucharse como una respuesta común y corriente, pero realmente tenía un trasfondo tenebroso. —Mmm, ah. El auto se detuvo justo a tiempo, ya que Aileana sentía que las palabras se habían esfumado después de escuchar a Diago. —Llegamos, señorita. —Gracias. Ella sonrió. — Es un placer, si gusta, puedo pasar por usted mañana para... —No, no se preocupe, yo llegaré sola. Nos vemos mañana en la tarde. —Cómo usted deseó. Que tenga buena noche, señorita. —Igualmente. Aileana se alejó del auto y al entrar a su casa no vio a su padre, así que decidió subir a su habitación. Estaba en mitad de la escalera cuando escuchó el sonido de la voz de su padre. —¿De quién es ese auto? ¿No es el de Diago Smith? —¡Papá! Me asustaste. ¿Estabas en la cocina? No te escuché. —Si estaba ahí, pero no me has respondido la pregunta. —Sí... mira lo que pasa es que... Aileana trataba de pensar rápidamente en algún pretexto, no quería que supiera que estaba a punto de reprobar la materia. Su nerviosismo se estaba haciendo evidente y sabía perfectamente que su padre se daría cuenta, ya que la conocía perfectamente. —El profesor de Latín le gustó mucho nuestro trabajo que... Eh... Así que quiere que lo expongamos al regreso de clases. Ya sabes cosas de profesores, y como aún me falla un poco el idioma, el señor Smith se ofreció a ayudarnos a Beth y a mí. ¿Recuerdas que él se ofreció en aquella ocasión? — ¿Segura? —Sí, papá. —¿Entonces estuviste con él toda la tarde? — Sí, Beth no estuvo porque tenía que ayudarle a su mamá, pero ella también irá, no te preocupes... Además, tú le dijiste dónde estudiaba, ¿no es así? — Solo hice el comentario, ¿acaso te está molestando? —No, no, no. Solamente digo, me lo encontré por casualidad y surgió la conversación del trabajo y él muy amablemente volvió a ofrecerse. Además, tú mismo dijiste que no escucháramos los rumores de las personas, ¿no es así? —Está bien, te creo, y si es cierto eso dije, únicamente no regreses muy tarde, por favor. —Claro, no te preocupes, bueno, buenas noches, me iré a descansar, fue un día muy pesado. — Buenas noches, princesa, duerme bien. Aileana subió rápidamente a su habitación, dejó caer su mochila al suelo, se acercó a su cama y se dejó caer para tratar de descansar. "Bueno, quizás lo juzgue mal, tal como dijo mi padre, no parece ser una mala persona" "Fui una estúpida ilusa, una verdadera estúpida cegada por el momento, por su falsa sonrisa, su falsa modestia, ¡tonta!, aún no puedo creer que me dejé engañar, debí seguir el instinto de mi cuerpo, de mi corazón, pero simplemente no fue así, realmente él era muy bueno mintiendo"
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