—Buenas tardes, señoritas.
Saludó Diago con su voz gruesa.
—Buenas, tar...
— ¿No le parece que esto ya es un acoso?
Interrumpió Aileana a Beth, que contestaba sonriente el saludo de Diago.
Aileana colocó sus manos sobre su cadera y su rostro se tornó molesto.
— Además, ¿cómo sabe que yo estudio aquí?
Diago sonrió.
—Cuando me mudé a este lugar, me dijeron que los escoceses eran muy educados, pero debo decirle, señorita, que usted es la excepción.
— Aún no me contesta lo que pregunté.
Él resopló.
— Estaba dando una vuelta por estos sitios y las vi... En realidad no es acoso, solo quería ser gentil con ambas e invitarles un café.
Los ojos de Beth se iluminaron, mientras que los de Aileana se entrecerraron con mucha desconfianza.
__ Se lo agradecemos, pero...
__ ¡Aceptamos!
Aileana miró confundida a Beth, porque ella había sido clara en expresarle lo que él le provocaba y ella había aceptado sin importarle absolutamente nada. Inmediatamente pensó en zafarse de la situación, pero nada más sintió cómo Beth la tomó fuertemente halándola para que comenzara a caminar.
Aileana miraba el pequeño rastro de humo salir de la taza de café frente a ella. Las palabras de Beth sonaban, pero simplemente Aileana estaba concentrada en ese café.
__ ¿No lo crees?
Preguntó Beth a la expectativa de la respuesta que podría darle Aileana.
__ ¿Cómo?, la verdad no te escuché.
— Le comentaba al señor Smith...
Aileana miró a Diago a los ojos.
—Que él puede ayudarte con el trabajo que te dejó el profesor, el que necesitas para aprobar y, como él mencionó aquella tarde que sabía Latín, me imagino que puede ayudarte. ¿No es así, señor?
Aileana miró con recelo a Beth por la manera en la que la había comprometido, además se reprendió interiormente por estar tan ausente en la conversación para no percatarse de lo que decía su amiga.
— No es necesario.
—Por mí no hay ningún problema, lo hago con mucho gusto.
— Cómo dije... No… Es... Necesario, gracias por su ofrecimiento.
Aileana sonrió fingidamente algo que se estaba haciendo costumbre en ella al tratarse de ese hombre.
__¡Amiga! En serio quieres reprobar y repetir la materia, ¿cómo crees que se sentirá tu papá?
Aileana comenzó a sentirse mal. Su papá se había esforzado mucho para que ella estudiara anteriormente, había intentado otra carrera, pero no terminó de convencerla. Cuando decidió estudiar idiomas, su papá la apoyo moral y económicamente.
Aileana recargó su cabeza sobre la palma de su mano, mostrándose vencida.
—Está bien, acepto su ayuda.
La sonrisa de Diago era resplandeciente.
—¿Por qué no empiezas ahora?
—¿Ahora? No, no.
—Por mí no hay problema.
—No, me imaginó que un hombre como usted está muy ocupado, será cuando pueda, no se preocupe.
—Él aceptó hacerlo ahora. ¿No es así, señor?
Él solo asintió con la cabeza.
—Ya lo escuchaste" Ali"
—Mmm, bueno, está bien, pero podría ser en su casa, es que mi papá...
—Entiendo.
Diago se levantó de la mesa, sacó su billetera del pantalón de vestir n***o que llevaba esa tarde, de esta sacó un billete dejándolo en la mesa. En ese instante, Beth se levantó junto con Aileana.
Los tres caminaron hacia el auto lujoso de Diago Smith. Beth sostenía el brazo de Aileana, pero inesperadamente se detuvo.
—¿Qué pasa?
—Me voy, amiga, ¡esfuérzate mucho!
Beth retiró su brazo del de Aileana, pero antes de terminar de hacerlo, Aileana no lo permitió.
—¿No vendrás conmigo?
—No, amiga, puedes creer que ahora me acordé de que mi mamá me pidió que le ayudara con la florería.
La madre de Beth apenas unos pocos años atrás había puesto una florería con su actual esposo, Después de que enviudara 10 años atrás, se había casado 3 veces, por esa razón los rumores sobre su moralidad eran fuertes y esto afectaba mucho a Beth.
Aileana se acercó más a Beth.
—Tú me metiste en esto, ahora me acompañas.
Susurró discretamente Aileana.
Finalmente, Beth logró zafarse de Aileana.
—Lo siento, sabes cómo se pone mi mamá cuando me pide que le ayude y no lo hago, nos vemos luego, ¿Sí?
Beth se acercó a Diago.
—Señor Smith, me retiro. Cuidé muy bien a mi amiga, gracias por el café.
—No se preocupe, no fue nada.
Beth comenzó a caminar, dejando solos a Aileana y Diago.
—Buena señorita, ¿Vamos?
—Sí, va… ¡Vamos!
Aileana subió al auto y durante todo el camino se mantuvo en silencio. Después de un largo rato, por fin llegaron a una casa muy elegante, Aileana sabía de esa casa, incluso tenía entendido que pertenecía a una familia con mucho dinero, pero que se habían mudado a París, así que permanecía desocupada.
La casa tenía un estilo italiano, más que una casa, era una villa, era hermosa, tenía grandes ventanas, las escaleras al frente de esta la hacían lucir preciosa, estaba rodeada por dos acres de bosque y dentro de este había un estanque muy hermoso.
Al entrar a la casa, esta era más hermosa que por fuera, los grandes candelabros con cristalería le daban un ambiente muy elegante.
—Bienvenida.
—Gracias. Es muy hermosa su casa, no sabía que fuera suya.
—No lo era, pero después de pagar un buen precio por ella es toda mía.
—Es linda.
Diago colocó la palma de su mano sobre la espalda de Aileana, esto le desconcertó un poco a ella, pero lo dejó de lado.
—Vamos a la biblioteca, para que me expliques qué tienes que hacer.
—Sí, claro.
Aileana quedó más impresionada al ver la cantidad de libros que había en ese lugar. Una de las razones por las cuales había decidido estudiar idiomas era por los libros que había leído. En muchos de ellos mencionaban lugares hermosos que ella deseaba alguna vez conocer.
"Lo sé, deben estarse preguntando. ¿Cómo alguien a quien le gusta la lectura escribe tan mal? La respuesta, no lo sé, pero realmente me gustaba leer todas esas historias de amor, las aventuras, los lugares más hermosos del mundo, era como transportarse a otro mundo"