AiIeana corría por toda la calle para llegar a tiempo a la cafetería, a pesar de que los últimos dos días habían sido un verdadero infierno, debía continuar. Esa mañana se levantó con el deseo de seguir adelante, luchando, a pesar de lo doloroso que era entregar la casa donde vivió por muchos años con su padre. Durante toda la noche anterior trataba de aceptar la idea de que podía dar el pago que había acordado el dueño con su padre, aunque este se hubiera negado, pero después de muchas lágrimas, desistió de la idea y muy a su pesar acepto la triste realidad. Las personas que al igual que ella madrugaban para llegar a un empleo que probablemente era igual de desafortunado que el de ella, la miraban con curiosidad por la forma en la que corría. Al estar frente a la cafetería se detuvo e

