Graham vio dulcemente como Aileana dormía sobre su pupitre, se sentó justo a lado de ella admiradora, pero a la misma vez sintiéndose mal por verla tan exhausta, tan impotente de no poder hacer más por ella. Después de algunos minutos tocó ligeramente el hombro de aquella pelirroja, haciendo que ella abriera esos ojos preciosos que él amaba mucho. —Aileana... El sobresalto de la chica sorprendió a Graham. —¡Me quedé dormida! ¡No puede ser! Llegaré tarde al trabajo Aileana sin soltar más palabras, recogió su mochila, poniéndosela en el hombro y saliendo a toda prisa. Graham aún estaba sorprendido por la acción de Aileana, pero inmediatamente miró como ella regresaba ante él. —Casi lo olvido... Después de comprobar que se encontraban solos en el aula, ella se acercó a él, que aun per

