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1447 Words
-Rick, dijiste que te marcharías hace veinte minutos.- soltó Bella, buscando sin parar la camisa blanca que tanto le gustaba. El tal Rick, un moreno de ojos oscuros, sonrió desde la cama de la rubia, mientras encendía el tercer cigarrillo de esa mañana. -¿Cuál es la prisa muñeca?- dijo con su voz gruesa. -Tengo que marcharme y tu solo eres un grano en el culo después de una noche de sexo. El hombre suspiro. -Bella, eres tan hermosa como no te imaginas, pero en la parte sentimental sigues siendo un asco.- Rick siguió con la mirada a Bella, quien traía su valija color morada. Rick decía la pura verdad. Isabella Cooper, aquella chica risueña, soñadora y de gran sonrisa, había desaparecido hace tres años. Ahora era solo Bella, la chica que estudiaba en la universidad de Camberra, a tres horas de Sídney, la muchacha que pasaba sus noches emborrachándose en cualquier bar y terminaba en la cama con tipos de una noche, como Rick. Esa había sido su rutina hasta el pasado martes a la madrugada, cuando Lenny, su padre, la llamo para decirle que estaba sufriendo de una enfermedad, y aunque no lo quería admitir, estaba bastante enfermo. Bella se alarmó en aquel momento. Durante estos tres años había tenido muy poco contacto con su padre, y la única razón era la, ahora, hijastra de este. Petra. Desde que la vio por primera vez había tenido un mal presentimiento sobre ella. Pero no lo creyó real hasta que descubrió lo de Luke y ella. No, Luke no la había engañado con ella. El muy buen novio, le cortó antes de poder iniciar una aventura con la morocha. Y así, Bella pasó el último año de preparatoria viendo como Luke venía a buscar a la puerta del colegio a una chica, que no era ella. Y viendo los ojos que tanto amaba, mirando a otra. Luego de ese espantoso año, decidió vivir en Canberra y, todo se había ido al demonio. -Rick, por favor, no me llames hasta que vuelva. No quiero saber de ti mientras mi padre está muriendo.- dijo, guardando mas ropa en su valija, sacándose la camisa que le pertenecía a su acompañante y entregándosela. Todas las palabras que salían de la boca de la rubia, se mostraban sin brillo, ya no tenía brillo, pronunciaba las palabras mecánicamente. Podríamos decir que nada de lo que hacía tenía esa esencia de Bella. El morocho se levantó de la cama y comenzó a vestirse mientras tarareaba una canción, agarró sus pertenencias y se colocó detrás de Bella, pasando sus manos por la diminuta cintura de ella, y pegando sus cuerpos, recorriendo el cuello femenino, plantando pequeño húmedos besos. -Suerte allá, muñeca.- susurró en su oído. -Si, si. Suerte con tu esposa, por cierto.- soltó una aniñada risa mientras que se liberaba del agarre del más alto. Este negó con la cabeza y se dirigió a la puerta del pequeño departamento de Cooper. -Gracias por recordar que le estoy siendo infiel a la mujer que amo con una pequeña.- dijo con algo de gracia. Bella se dio vuelta, y le regalo una de las tantas sonrisas forzadas que habían salido en los últimos años. -Gracias a ti, te llamare.- le guiñó un ojo y luego escuchó como se cerraba la puerta. Y ahí estaba, nuevamente sola, en un apartamento algo grande para solo ella, queriendo llenar ese vacío con sexo y alcohol. Luke vino a su mente. Su primera vez. La vez que su virginidad fue entregada al hombre que pensaba amar. Aun recordaba tantas cosas de esa noche. Luke besando cada parte de su cuerpo, tranquilizándola, preguntándole a cada segundo si se encontraba bien, sus cuerpos convirtiéndose en uno mientras casi insonoros gemidos salían de la boca de ambos. Al terminar, se quedaron abrazados, aún desnudos y con la fina capa de sudor cubriéndolos, se susurraron que se amaban y se juraron un amor eterno. Bella sacudió su cabeza, no era momento para pensar en eso. Tendría que enfrentarlo después de tres años de haber huido como idiota. La rubia solo iba a casa de Lenny una vez al año, para navidad, y era el único momento en el año cuando ambos se cruzaban, porque... Luke aun estaba con Petra. Al parecer, se entendían muy bien... Eran uno para el otro. Bella soltó una carcajada, llena de amargura y odio. Cerró la valija, y salió de su casa. Se arrepentiría de haber dejado Canberra, y lo sabía. (...) Vaya que esa casa nunca cambiaba. Todo seguía igual. Tommy salió a recibirla. Si... El perro que Curtis le había regalado a Bella ahora vivía con su padre. Sentía que él lo cuidaría mejor, además, Bella no podía verlo sin pensar en su difunto amigo. Aun sentía esa falta gigantesca en su vida, no se acostumbraba a su día a día sin su mejor amigo. Pero poco a poco podía entender que ya no estaba más aquí. Nelson fue el segundo en salir, era un casi adolescente, tenía casi trece años  -Cielos, mírate, estas cada día mas horrible.- fue lo primero que le dijo su hermano.- ¿Qué son esas ropas?- juzgo la vestimenta de la rubia. No tenía nada de malo. Tenía puesto un pequeño vestido de color n***o, pegado al cuerpo, sus medias y botas también eran del mismo color. Bella era una especie extraña de perra gótica, pero eso la hacía sentirse segura. -¡Pero mírate a ti! ¿Qué es ese horroroso peinado?- exclamó, viendo como su hermano tenía la línea de separación justo en el medio de la cabeza, y también parecía como si tuviera gel puesto.  -Vanessa me lo hizo.- dijo casi orgulloso. Bella sintió algo en su interior removerse. Esa maldita aun vivía en su casa, trataba a su hermano como si fuera su hijo y se sentía la dueña de casa. Peor que ella era su hija. Esa maldita hija de p... -¡Pero miren quien está trayendo alegría a esta humilde casa!- Bella sonrió al ver a su padre recibirla, tenía un pequeño bastón que lo ayudaba a caminar tranquilamente sin sentir tanto dolor. La enfermedad que tenía Lenny iba afectando poco a poco su cuerpo, al parecer, se había despertado hace unos años y ahora estaba empeorando más rápido de lo que debería. -Papá, no se supone que estés levantado.- la rubia se apresuro a dejar su valija y camino hacia su padre para abrazarlo. Porque, a pesar de todas las cosas que pasaban, la persona que mas amaba Bella en este mundo era a su monstruoso padre. -Aun soy joven, Bella. No tienes que preocuparte por mí. Pero me alegra tanto que hayas vuelto. Tú me vuelves el hombre más afortunado del planeta. Bella sonrió un poco, creyéndose ser importante para alguien en este mundo. -Te quiero papá y si estoy aquí, es solo por ti.- volví a aclarar. -Lo sé, niña. -No debe ser nada bonito ver a tu ex novio, ¿no?- se burlo Nelson, mientras que jugaba con su consola personal. -Y más si esta con la perra de mi hermanastra. -¡¡¡ISA!!! Por Dios.- Exclamo Lenny.- Déjame aclararte, que no quiero ningún tipo de peleas por Luke en esta casa. Ya ha pasado tiempo, hija. Petra no tiene la culpa de enamorarse de Luke y viceversa. Bella bufo, acomodándose el cabello. -Genial Lenny, primero me haces venir aquí en mis vacaciones y ahora ni siquiera puedo partirle la cara a esa desg...- antes de que terminara la puerta de entrada volvió a abrirse, esta vez entrando tres personas. La primera fue una mujer grande, de bonito rostro y figura, al ver a Bella abrió un poco sorprendida sus ojos pero después sonrió con naturalidad. La segunda, un poco más baja y de cabello moreno, llevaba una pequeña bolsa en su brazo, entraba sonriendo o riéndose de algo, hasta que vio a Bella y se quedo como piedra. Y el ultimo en entrar, pero no por eso menos importante, era un chico bastante alto, su cabello había crecido un poco, el sexy pircing ya no decoraba su labio y parecía más adulto que la última vez. Frente a Luke Henderson se encontraba Bella. Él la miro perplejo, intentando saber si lo que veía era real o no. Los segundos se hicieron eternos y más cuando ambas miradas se cruzaron. Ninguno de los dos parecía querer apartar la mirada. Bella no esperaba cruzárselo tan rápido y Luke ni siquiera sabía que ella estaba ahí. -Adivinen quien volvió.- dijo Bella en un tono lleno de falsa emoción, regalándole una de sus provocadoras sonrisa a los tres mientras que la tensión aumentaba y aumentaba en el lugar. Si... Serían unas largas vacaciones. (...)
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