CAPITULO 1
Lazos Traición
Autor: Laura M. Orozco C.
Prólogo
Lazos de traición es una historia que se desenvuelve a finales del siglo XIX y el siglo XX, en donde se coloca de manifiesto el contexto de aquella época y evidenciándose la degradación humana en su máxima expresión.
Un ex Capitán con muchos valores y de moral intachable cae en lo mas profundo del alcohol arrastrando así a lo único preciado que le quedaba, su familia y llegando a lo más bajo que un ser humano puede llegar.
Capitulo 1
Una calurosa noche de Marzo, en la sala de la vivienda de la familia Robles se encuentran Doña Julia junto a su esposo el Sr. Manuel quien era un ex Capitán del ejercito Venezolano, comandado por el general Páez, y sus dos hijos Juliet de 19 años y Andrés de 17, aquella familia se encontraba sentada en el comedor, luego de haber cenado dieron inicio a la oración familiar la cual hacían cada noche, al finalizar la oración, cada integrante se dispuso a retirarse de la mesa para ir a sus respectivas recamaras, en ese momento Don Manuel le dice a su hijo:
— ¡Mañana con el sol salimos para Barinas, alístate muy de mañana, espero podamos tener buena suerte con la familia Nieves! — Su hijo le miró con ojos aguarapados, apretando sus labios y con una actitud de sumisión movió la cabeza de arriba abajo para afirmar que había entendido el mensaje de aquel viejo testarudo. Luego se retiro para ir a dormir. Al pasar unos minutos ya su esposa e hijos se encontraban durmiendo o por lo menos eso creía el Capitán Manuel.
En su recamara Andrés se encontraba despierto acostado sobre su cama muy angustiado no paraba de girar su cuerpo de un lado al otro intentando conciliar el sueño, pensaba y pensaba en la actitud de su padre al embriagarse, se preguntaba a si mismo ¿porque su padre se comportaba de una manera sin ingerir si quiera una gota de alcohol y al hacerlo cambiaba totalmente? era un hombre totalmente desconocido. Violento, déspota, ofensivo Andrés sentía que su padre no les tenia respeto ni a su hermana Juliet ni a el.
Cada noche antes de dormir se preguntaba cuando seria lo suficientemente independiente para irse de su casa sin embargo la idea de dejar sola a su madre y su hermana que al igual que el aún no se había casado, le causaba mucho dolor y sufrimiento.
En el cuarto de al lado se encontraba Juliet sin poder dormir pensando que pasaría con la salud de su padre que se deterioraba constantemente con la bebida, solo lloraba desconsoladamente, su llanto podría mojar las sabanas blancas que cubrían su cama, tanto era su llanto que venia desde sus entrañas no paraba de preguntarse ¿que pasaba en su familia? ¿porque su padre se levantaba gritando por las noches? ¿porque gritaba a mamá y llegaba tambaleándose de un lado al otro casi sin tener control de su cuerpo? Así transcurrió la noche y aquellos hermanos quienes se encontraban juntos pero a la vez lejos pasaron las noches más largas de sus cortas vidas haciéndose preguntas sin obtener respuestas.
La noche terminó con el canto del gallo, una suave briza llanera con olor a mastranto levantó a Andrés, Doña Julia ya se encontraba despierta desde hacia las 4:00 am, como lo hacia siempre, se encontraba del lado derecho de la cama matrimonial que comparte desde hace 27 años con su esposo, callada, pensativa y desesperanzada se encuentra la señora de Robles dándole la espalda a su compañero y esposo, ella pensaba como era posible que un militar bastante adinerado se había convertido en un borracho que dejo perder todos sus bienes y prestigio social. Don Manuel se encontraba del otro lado de la cama pensando como iniciar una conversación en la cual debía pedir disculpas una vez más a su esposa por lo sucedido la noche anterior después de que sus hijos y esposa se encontraban durmiendo y el decidió salir a olvidarse de sus conflictos mentales.
Luego de tanto pensar el Capitán retirado decidió hablar con su esposa y le dijo:
— ¡Querida, quiero que hablemos!
—¿Qué quieres? —Contestó con voz baja y mirándolo a la cara con una actitud tan sumisa como desesperanzada.
— ¡Querida, por favor perdóname! — ¡No sé qué me pasó!
— ¿No sabes qué te pasó?
— ¡Manuel, no es la primera vez que esto pasa, siempre me prometes que todo sera como antes, que ya sera la última vez que sucede, y siempre me mientes!
— ¿Crees que es correcto que nuestros hijos vean todo esto? Ya Juliet es una mujer pronto se casará y tendrá hijos ¿Qué pensaran los muchachos que cortejaran a nuestra hija, ¿que es una muchacha fácil porque su padre es un borracho que solo vive bebiendo?, ¿qué pensaran tus nietos cuando vean tu uniforme y en lo que te has convertido?
— ¡Te desconozco, Manuel Robles!
— Le dice, con un nudo en la garganta intentando no llorar y manteniéndose firme ante Don Manuel a quien deja en su recámara solo. El Capitán retirado se queda solo en aquella habitación a la que apenas logran alcanzar los primeros rayos de sol, de pronto llega a su mente un recuerdo, en donde se remota a su época dorada como Capitán, cuando es condecorado por luchar Junto a Páez y salir victorioso en la guerra civil de 1849, se encontraba en la gloria haciendo lo que más le gustaba, su hogar era perfecto un matrimonio joven y dos hermosos hijos, fue justo en ese momento que su hijo interrumpe su tan atesorado recuerdo tocando a la puerta de su recámara con mucho cuidado.
— ¡Bendición papá, espero tenga buen día! — ¡Papá, ya debemos salir a Barinas me dijo que estuviera listo temprano, lo estoy esperando!
— ¡Que el santísimo creador de los cielos te bendiga hijo, disculpa me quede dormido ya me arreglo, esperame en la sala. — Luego de esto, se dirige a ducharse y luego sale de casa arreglado con la ropa que su esposa le había planchado junto a su hijo, quien también lucía muy bien arreglado, la vestimenta de ambos parecía recién salida del almacén sus zapatos clásicos tenían tanto brillo que podía reflejarse el rostro de cada uno; sin perder tiempo, preparan sus caballos y salen de San Fernando de Apure rumbo a Barinas, despidiéndose de Doña Julia a quien Andrés abraza y besa en la frente.
— Madre mía no temas todo saldrá bien, el santísimo nos proteger siempre — Abraza a su hermana — Regresaremos pronto y gracias a el trabajo de papá yo podré aprender seremos dos luchando y pronto volveremos a ser la familia de antes, cuida a mamá.
Don Manuel abraza a Doña Julia como si nada hubiese sucedido y le asegura que todo lo que hace es por el bienestar de su familia, doña Julia con el corazón en pedazos, disimula frente a sus hijos y responde el abrazo de Don Manuel de manera poco afectuosa, este se despide de su hija con un beso en la frente y dándole un abrazo afectuoso.
— ¡Hija mía, mi chiquita cuánto has crecido, ya eres toda una Dama! — Juliet responde a las palabras de su padre con lágrimas en su rostro, era difícil para ella sentir que su héroe ya no existía y que poco a poco se iba consumiendo en el alcohol, en el fondo de su corazón, sabía que algo podría suceder, era inevitable sentir ese sentimiento.
Aquel viaje no fue fácil para el ex Capitán y su hijo de 17 años de edad, el trayecto a recorrer por aquel adulto mayor fue un poco incomodo, el tener que trasladarse a caballo y en una posición nada cómoda causándole dolor en la columna y articulaciones no era fácil Don Manuel ya estaba bastante mayor su tibia y peroné ya no eran igual, al contrario eran vulnerables a una fractura, su húmero, radio y cúbito se encontraban en total deterioro ya que por muchos años cargo armamentos de mucho peso, también se encontraban latentes a fracturarse mientras los usaba como apoyo para bajar y subir de su caballo, añadido a esto Don Manuel presentaba múltiples problemas de salud como: falta de respiración, adormecimiento en sus piernas, todos estos problema de salud se suman en su cabeza como un motivo para recurrir a su más grande debilidad; el alcohol a el cual no pudo dejar de acudir durante su viaje de trabajo.
— ¡Hijo, cuida a los caballos yo debo ir a buscar algo para comer ya ha anochecido y debemos tomar previsiones para continuar nuestro viaje!
El pobre Andrés Robles estaba aterrado, cuidando de estos mamíferos perisodáctilos, pero más le aterraba la idea de pensar que su padre fuese a probar un trago de alcohol y que aquel viaje de trabajo no terminara nada bien. Caminando durante un rato, dando vueltas, y vueltas de pronto logra observar a un viejo amigo con el que solía salir a olvidarse de su aburrida vida de casado, Don Manuel observa detenidamente para asegurarse de no estar equivocado ya que la distancia que los separaba era algo grande, luego de ver que si era el hombre quien creía lo llama gritando su nombre:
— ¡José! ¡José! — Repite desesperadamente, hasta que por fin aquel hombre ya mayor con un aspecto poco agradable, descuidado y poco aseado voltea y en lo que ve a su gran amigo, contesta:
— ¡Pero que están viendo mis ojos carambaaa el Capitán Manuel Robles, amigo mío tantos años sin vernos! — Don Manuel se acerca a saludar a su gran amigo, muy afectuosamente se dan un abrazo el cual duró unos segundos, ambos palmeaban sus espaldas al abrazarse
—¿Que te trae por acá?
— Mi viejo y fiel amigo me dirijo a Barinas a hacer un trabajito!
— ¡ Viejo vagabundo, no pierdes la maña!
— ¡ Nada de eso José, no es lo que crees viejo amigo! — le responde a aquel anciano oloroso a cigarrillo y cerveza.
— Ando en busca de algo frío para refrescarme y no te hablo precisamente de la brisa de la noche, ja, ja, ja — El viaje ha sido muy canzón para mí, ya no estoy para estos trotes, si no fuese un viaje de trabajo tan importante, ¡no lo haría!
— José lo mira, sus ojos brillan con una sonrisa pícara y juntos se carcajean.
— ¡Deja de decir tantas pistoladas y vamos! ¡ Camina! Te presentaré unos amigos, la pasaremos bien como en los viejos tiempos!
— ¡No lo dudo, querido amigo! — Contesta Don Manuel y se dirige caminando muy despacio por el dolor en su cuerpo, con su amigo hacia un pequeño bar.
Mientras se disponía a divertirse, el pobre Andrés se encontraba solo, un poco asustado, hambriento y preocupado ya que la noche estaba cayendo y su padre no estaba con el, se preguntaba ¿Que habrá pasado con papá? ¿y si se peleo con alguien? ¿ y si unos patiquines quieren robarle sus pertenencias?
El hijo desesperado pensó mil y un cosas sin embargo, quería descartar la idea de que su padre estuviese bebiendo, pues en lo mas profundo de su corazón mantenía la esperanza de que su padre cambiaría.
Llego la noche y Andrés muy preocupado, estaba decidido en dejar los caballos solos e ir por su padre, en aquel momento no le importaba otra cosa si no saber que su padre estaba bien y que pronto estarían en casa reunidos, el viaje a Barinas no era de gran interés para este adolescente sin embargo no podía refutar a lo que dijese su padre, debía seguir a cabalidad lo dicho por el, casi como si fuese una orden, así que le daba otro punto de vista al viaje.
Andrés decide retractarse de lo que pensaba hacer y opta por quedarse solo esperando que su papá apareciese.
Fue pasando la noche muy lentamente para Andrés, quien decidió llevar a los caballos a un establo el cual rentaban para que los viajeros descansaran sin ningún problema y luego de ello se dispuso a descansar, pensando y pensando que pasaría cuando Doña Julia se enterase de todo lo que estaba ocurriendo.
En la barra de una pequeña tasca se deslizaban los tragos por doquier, Don Manuel se sentía en la Gloria a tal punto que terminó olvidándose de que su hijo lo acompañaba, así paso toda la noche entre tragos y tragos, hasta que de pronto quedo rendido sobre la barra sus ronquidos eran tan fuertes que causaban molestia al caballero que atendía en la barra, además en el bar no estaba permitido que ningún cliente se quedase a dormir y menos sobre la barra en donde se sirven los tragos, por lo que el joven intenta decirle que no puede quedarse allí, que debe abandonar el lugar.
— ¡Señor! ¡Señor! Le informo que debe retirarse, no permitimos que nuestros clienteembriagados se queden a dormir acá —le dice Luis el trabajador de aquel bar.
Pero Don Manuel muy molesto y casi sin estar en sus cinco sentidos, le grita a Luis a tal punto de faltarle el respeto a su madre.
— ¡Muchacho del carajo! — ¡Qué no respetas a caso la vagabunda de tu madre no te enseñó modales!
Al escuchar esto, aquel joven y fornido caballero de 32 años de edad no toleró tal insulto a su progenitora, y sin medir palabra alguna, le lanzó un golpe a Don Manuel a tal punto de alcanzar romper su nariz.... Pero un ex Capitán no se dejaría padrotear tan fácilmente por lo que Don Manuel, acerca su mano derecha a un costado y saca un revolver Smith Wesson 38 Chiefs Special cañón corto y justo cuando se disponía a accionarlo, aquel caballero joven y hábil logra abalanzarse sobre él, logrando que aquel veterano en la guerra del cual sólo quedaba un recuerdo sumido en el alcohol cayera en el piso y su revolver lejos de sus manos, José, quien se encontraba un poco mas consciente interviene en la pelea intentando evitar una desgracia y tomando en cuenta el aprecio que siente por aquel chico que vio crecer le dice a Luis.
—Hijo, ¿qué haces?, ¿no ves que no sabe lo que dice? ¡Por favor vete, vete antes de que todo termine muy mal! —Luis decide hacerle caso a José y huye por su vida.
Don Manuel intentando levantarse del suelo le grita con mucha ira.
— ¡Poco hombre! ¡Cobarde! ¡Te salvas de morir esta noche porque huyes! Y es mejor que lo hagas, de lo contrario tu familia tendría que ir y buscar tu mugroso cadáver derechito en la morgue!
José fue a auxiliar a su viejo amigo, el cual no paraba de sangrar, y para empeorar la situación notó que se le había fracturado el tabique, Don Manuel no paraba de decir cuanta barbaridad se le venia al pensamiento y jurando vengarse de Luis fue caminando despacio y cuidadosamente José lo llevó hasta su casa que quedaba a unas tres cuadras de el bar "La Gaviota", mientras tanto envió a su primo el viejo Raúl a buscar a Andrés.
— ¡Primo, pregunte por el hijo de Don Manuel Robles y dígale lo que pasó con su padre, pero sin alarmarlo; no debe estar lejos de aquí, ya sabes si alarmarlo.
— ¡Entendido primo, ya mismo lo busco!
Raúl comienza a hacer su recorrido preguntándole a cuanto chico veía si se llamaba Andrés y si se apellidaba Robles, pero no tenia respuesta alguna, hasta que de pronto un jovencito quien dormía recostado de un árbol, despertó y observó que aquel hombre buscaba algo, aún dormido miró al hombre y escuchó cuando preguntó por Andrés Robles.
Andrés, impactado y a la vez asustado, se levanta corriendo y le grita:
— ¡Señor! ¡Señor! Yo soy Andrés Robles. Dígame, ¿le pasó algo a mi padre? —Preguntó Andrés muy asustado.
— ¡Nada de que preocuparse jovencito, ven acompáñame, te llevaré hacia donde está tu padre!
— Andrés, con mucha desconfianza lo miró y recordó las palabras que tanto le decía su padre:
— "Hijo, nunca confíes en otro hombre, recuerda las palabras de las escrituras Maldito sea el hombre que confía en otro hombre" haciendo una pausa y pensando en estas palabras Andrés se dijo a sí mismo. “¡No tengo otra opción debo buscara a papá!”
Se arma de valor, termina siguiendo su instinto y decide ir con Raúl.
Al llegar a la casa de José, Andrés, se queda atónito al ver que aquel lugar en un estado deplorable, habían botellas de cerveza por toda la casa, colillas de cigarros a más no poder, ropa en el suelo de la casa la cual expedía un fuerte olor a alcohol y cigarrillo, pero hubo algo en particular que lo impactó, ver un porta retratos roto boca abajo esto le causo mucha curiosidad y percatándose de que no lo observaran lo volteó, viendo así una foto de un hombre una mujer y un niño, se trataba de un matrimonio.
Andrés sorprendido se pregunta “¿Quienes eran esas personas?”, en lo que es interrumpido por Raúl quien le dice:
— ¡Muchacho curioso, deja eso! El cuerpo de Andrés se sacude de la impresión, quien muy nervioso voltea y le dice:
— Pe-pe, perdón, no fue mi intención yo solo quería... —En seguida es interrumpido por Raúl, quien le dice — ¡Agradece que José no te encontró husmeando sus cosas! Ven, aquí esta tu padre.
Andrés olvido todo rápidamente y al ver a su padre tan embriagado y con su camisa llena de sangre corre desesperadamente preguntando:
— ¡Papá! ¡Papá! ¡Por Dios! ¿Que te ocurrió?
— ¡Nada hijo mío, no hay de que preocuparse! ¡Todo esta bien! ¡No te preocupes, estoy bien, solo me caí y me golpie pero no es nada!
— ¿Pero cómo que todo esta bien papá? — ¡Si estás sangrando!
En ese momento, Don Manuel muy molesto le dice:
— ¡Ya te dije que estoy bien y no se hable mas del tema!
Andrés solo bajó la mirada y con un nudo en la garganta se quedó en silencio, y así pasó lo que quedaba de la noche en aquella casa tan parecida a un cuchitril haciéndose mil y un preguntas.
A la mañana siguiente, su padre decidió que debían continuar con su viaje ya que no había tiempo que perder, se despidió de su viejo amigo José y su primo Raúl, agradeciendo la hospitalidad brindada y prometiendo a José encontrarse nuevamente y por supuesto, no descansar hasta encontrar a Luis y cobrarle lo que le había hecho, dijo a José, a escondidas de Andrés.
Muy adolorido físicamente, Don Manuel saca fuerzas para montar su caballo, y muy adolorido moralmente, Andrés se pregunta cuando dejará de vivir todo ese tormento, y así siguieron su camino hasta llegar a la casa de la señora Eugenia de Nieves, quien era la dueña de una hacienda ubicada en Barinas, la señora Eugenia escucha el galopar de unos caballos, por lo que se asoma al patio de su casa y dice:
— ¡Buenos días, Don Manuel!
— ¡Caramba, no se le ve muy bien!
— ¿Qué lo trae a tan tempranas horas de la mañana por acá?
— ¡Buenos días, sra. Eugenia! ¿Como amanece? Como puede notar, fui atacado por unos rateros quienes sólo buscaban dinero, afortunadamente no es algo de que preocuparse; solo vine a asegurarme de que todo este en orden hay rumores de que hay rateros por estos lados y esos rumores son dignos de creer. ¡Como habrá notado!, ¡debemos tener mucho cuidado!
Don Manuel llega a casa de la señora Nieves, gracias a las recomendaciones del finado Ernesto Nieves, Teniente subordinado al rango del capitán y quien lo consideraba un gran compañero de batalla.
— ¡ Me parecen muy oportuna su preocupación Don Manuel, si he escuchado que andan ladronzuelos rondando mis propiedades, ¡y eso no lo pienso tolerar! —dijo la Señora de Nieves en un tono bastante fuerte.
Eugenia Ruiz su apellido de soltera, estuvo casada por 22 años con Ernesto Nieves, teniente subordinado muy conocido en la calurosa ciudad de Barinas y quien fue asesinado bajo causas dudosas.