—Ah… está bien.
—Volvemos adentro aún queda una pregunta y hablar sobre el trabajo.
—Bueno —levanté mi mentón con los labios fruncidos —. Vamos.
Volvimos a entrar y nos sentamos en nuestros asientos.
—Entonces siga…
Él afirmó y volvió a ver la pequeña libreta.
—¿Es homosexual, bixesual … —lo interrumpí.
—Soy completamente heterosexual ¡Dios! ¿Acaso son homofóbicos?.
—No para nada. eh… ¿Tiene mascotas?
—Un perrito —le sonreí.
—¿De que parte de Inglaterra eres?
—Manchester
—Muy bien ¿Qué tiempo de sangre es?— interrogó con miedo.
Rodé los ojos con fastidio.
—A+.
—Las preguntas se acabaron —avisó.
—¡Aleluya! —comenté irritada.
—Bueno hablemos del niño —él tomo un poco de vino tinto de su copa —. Tiene siete años, es un niño muy talentos y no mentiré algo travieso pero se puede manejar.
Asentí.
—Queremos que seas su niña por tiempo completo —hizo una pausa calculada —. De seis de la mañana a doce de la noche.
Abrí mis ojos —¡¿Y mi hijo?! Tengo que tener tiempo para él.
—Pero me dijo que no tenía hijo —Frunció el ceño.
Solté un suspiro — Pequeñín —musité tranquilamente.
En su rostro aún se reflejaba confusión.
—¡Ay Dios! —rodé los ojos con fastidio —. ¡El perro!
—Ah… —afirmó.
—Él señor necesita que la persona que agarré el trabajo se vaya vivir a la casa.
Me quedé en silencio y me crucé de brazos mientras lo miro.
Piensa Mina, no tendrás que pagar por vivir, solo por dedicarte a ese niño y podrás entrar en una buena universidad. Se ven ricos así… que si.
—Yo puedo pero… Pequeñín debe irse conmigo.
Él asintió —Por supuesto.
—Bien, ¿para cuándo necesitan que me vaya?
—Hoy.
Me quedé atónita.
Tragué rápidamente—¿Hoy?
—Si hoy ¿Tiene problemas para escuchar? — sacó levantó la pluma mientras me mira seriamente.
—No. Es solo que debo hacer la maletas y son casi las 21h, señor…
—No se preocupe la esperaremos todo el tiempo que sea.
—Esta bien, pero antes comamos —le sonreí.
—Si, claro —guardó la libreta donde mismo.
Eso hicimos comimos y Loan me habló un poco de la casa y todo lo demás, después nos fuimos en dirección al edificio y comencé a empacar tranquilamente. Al estar con todo listo bajé y entregué la llave en recepción después junto con Pequeñin subí a la lujosa camioneta mientras esperamos que el chófer suba todos el equipaje.
—¿Todo listo?
—Si —aseguré.
Sin perder más tiempo nos fuimos.
Minutos después nos detuvimos frente a una reja grande que se comenzó abrir. Luego de que se abrió la camioneta entró, es un terreno grande, el camino por dónde pasamos es recto, casa es de tres pisos gigantesca, con paredes color beige y ventanas grandes al frente hay un balcón grandísimo, jardines ingleses y una que otra fuente con estatuas, ha lo lejos se ve un pequeño parque para niño y también un estanque. Es un lugar muy lindo.
La camioneta se detuvo y bajé mirando la casa gigante frente a mi con Pequeñin en mis brazos.
—Es muy linda —acaricié su pelaje suavemente y después aspiré —. Hueles a cloaca —arrugue mi nariz.
—Señorita.
Subimos las cortas escaleras y el abrió.
Por los cielos mis ojos brillaron.
Esta casa es muy hermosa, piso de mármol color beige, las pareces son del mismo color con muchas pinturas y adornos elegantes, las escaleras son en forma de caracol.
—Robert suba el equipaje de la chica a una de las habitaciones —le ordenó él.
—Por ese pasillo de allí queda la cocina, si tiene hambre o le da sed puede ir tranquilamente.
Afirmé y lo miré.
—¿Y dónde está el niño?
—Probablemente dormido —confirmó.
—Buenas noches, mañana el señor hablara personalmente con usted.
—¿A que hora debo levantarme?
—Temprano —él me regaló un sonrisa de labios apretados —. Buenas noches, están en su casa —se despidió nuevamente.
Él se retiró y yo subí la escaleras en busca de mi habitación. Robert estaba esperando frente a la puerta.
—Gracias —le sonreí y me adentré en la habitación, luego él se alejo —. ¡Hey, Robert!
Él hombre vestido con traje elegante se giró y me observó.
—Voy a necesitar una cama para mí perro —le pedí sonriendo —. Buenas noches.
Cerré la puerta detrás de mi. La cama es gigante con mesitas de noche a ambos lados una peinadora, un closet y un baño, hay una tv gigantesca, también hay un balcón.
Pero tengo mucho sueño y mañana hay que levantarse temprano. Le hice una cama de mantas a Pequeñin y el se acurrucó, yo me cambié de ropa y me acosté en la cama envolviéndome en el cubre camas, luego apagué la lámpara de la mesita a mi lado derecho.
—Buenas noches Pequeñin —y en segundos me quedé dormida.
***
Mi alarma sonó, son las seis así que con pasos llenos de pesadez me levanté y me fui al baño he hice mis necesidades y después me adentré en el closet para desempacar y arreglar mis cosas, que son pocas para un closet tan grande, pero ya compraré más cosas. Guardé mis pocas joyas y me detuve a mirar la cadena de oro que me dejó mi padre cuando murió, fue un golpe muy duro para mí, el era mi bastón y también era mi madre.
Mi madre se desapareció cuando yo tenía un año. Solo me dejó en la cuna con una nota y se largo. Pero yo crecí y me quedé con la duda del porqué se había ido, así que decidí investigar un poco junto con mi papá y logre saber que está aquí. Fue una de las cosas por las que vine para este lugar porque quiero encontrarla.
Guardé la medalla que lleva de dije un Sol pequeño. Así me decia mi padre desde que nací y me regaló esa medalla para mí suerte, así que esto es algo significativo para mí.
Ya vestida decentemente me acerqué al balcón y abrí ambas puertas de vidrio. Lo primero que vi fue a una persona escalando por la reja. Usa un mono gris y un sudadera del mismo color con capucha.
—¡Están intentando entrar a la casa! —casi que grité.
Salí corriendo de la habitación y bajé las escaleras con rapidez y me fui por el pasillo de la cocina, busqué un sartén, me regresé y me detuve al escuchar que la puerta se abrió, lentamente me acerqué y pude ver a la persona que iba comenzar a subir las escaleras y lentamente caminé detrás de él cuando iba pisar el primer escalón golpeé su cabeza con el sartén.
—¡AAAH! —gimió de dolor tocándose la cabeza y se giró de inmediato.
—¡Intentas entrar a una casa ajena! —di con el sartén en su brazo y él volvió a gemir.
—¡¿Pero que te pasa?! —exclamó de inmediato.
—¡LADRÓN! —grité y di una patada en sus bolas. Pude ver como agarró sus partes y se arrodilló quejándose de dolor y cuando le fui dar nuevamente con el sartén en su cabeza me detuve al escuchar el grito en el fondo.
—¡DETENTE! —escuché que gritó Loan.
Me giré y lo miré el tiene las manos en la cabeza y las cejas levantadas con cara horrorizada.
Me incorporé mirándolo —¿Qué sucede? Ese hombre intento entrar en la casa, posiblemente para robar, ¿y me dices que me detenga? —lo señale con el sartén —. ¡Es un ladrón!
—¡No es un ladrón, señorita Mina! —se acercó hasta mí —. ¡Es Keiv Lecomte!
Fruncí el ceño —¿Conoces al ladrón?
—¡No es un ladrón! —casi que gritó —. Es el dueño de la casa, hermano del niño y tu jefe.
A Y D I O S.
Retrocedí un poco más y miré al chico que aún está de rodillas quejándose de dolor.
—¡Por favor aléjala de mi! —suplicó en voz baja con dolor.
Miré a Loan quién refleja preocupación en su mirada. Así que solo subí las escaleras nuevamente, deseando que la tierra me tragara.
Mi primer día de trabajo real y golpeé a mi jefe con un sartén.