.2. Una extraña entrevista.

1376 Words
Salí de inmediato de ese lugar. Comencé a caminar por la acera y por el camino pude ver a un perrito pequeño, está mojado y temblando del frío. Me dio tanta cosa verlo así y entonces me detuve. No tengo a nadie aquí ni siquiera amigos y alguien que me haga compañía y entonces lo agarré. —Seremos buenos amigos —le sonreí mirándolo. Es de color n***o y peludo. Me encaminé y agarré un bus. Luego de un rato algo largo, llegué al edificio y me senté sobre el sofá para llamar y pedir mi almuerzo. —Hoy comeremos pizza —le comenté al perrito que se encuentra a mi lado en el sofá. Encendí la tv comencé a cambiar de canal, buscando algo interesante, me detuve en uno de noticias al ver la imagen de un avión estrellado en una montaña y decidí escuchar. —Ya un año del catastrófico accidente de la familia Lecomte —comunicó el hombre moreno. —Terrible y aún no hay rastros de la familia —habló su compañero —. Una de las familias más adineradas de Inglaterra y … Él timbre sonó y me levanté de inmediato. —Llego la comida, Pequeñin —abrí la puerta para ver el rostro pálido de Ben, quién me entregó la pizza —. Gracias… Saqué dinero del bolsillo del vestido. —Perdona… —él miró mi vestido con una sonrisa divertida —. ¿Eres la puta de santa? Rodé los ojos y sonríe. —Muérete Ben —le cerré la puerta en la cara. Hice amistad con el chico que entrega las pizzas, así que por lo menos conozco a alguien. Fui a la cocina y agarré un plato pequeño, después volví al sofá. Coloqué el plato frente al perrito para después abrí la caja de pizza agarré un pedazo y la dejé en el plato, él solo me observa. —Esa es tuya —agarré otro pedazo —. Y está es mía. Entonces Pequeñin y yo comenzamos nuestro almuerzo. —Oye Pequeñin, ¿sabías que la pizza tiene todos los grupos de alimentos?— sonreí mirándolo —. Sé que no me vas a responder pero… se que me escuchas —le pegué otro mordisco a mi pedazo de pizza. Pasaron las horas y se hizo la hora de irme. Me quité el vestido porqué de verdad me veo como la puta de santa, Ben tiene razón. Así que me coloqué uno de mis típicos Jeans y un Jersey. Antes de irme le di una vuelta al perrito que se encuentra muy dormido. Así que me fui. Al llegar pude ver a la señora Malta y el lugar está lleno de chicas con vestidos rojos. Es algo gracioso. Debería llamarse la guardería de Caperucita roja. Ella me miró y me hizo un ademán que me acercara. Eso hice, caminé hasta el mostrador. —Llegas justo a las 20h00, puntual. —expresó con seriedad. —Si...—la miré con el ceño fruncido —. Espero que no sea un viejo pervertido como el de hoy. Ella soltó una carcajada y yo le lancé un mirada de pocos amigos. —Lo siento —reprimió la risa —. ¿Te tocó o algo? Para denunciar. —No, pero resultó ser adivino, porque sabía el color de mi bikini sin yo mostrárselo —comenté con sarcasmo. En ese momento sonó una bocina. —¡Vete! —movió su mano —. Y lo siento, pensé que era un niño. Retrocedí —¡Si! ¡Un niño de 80 años! Me giré y salí al estar fuera un hombre rubio de ojos azules, con un traje de tres piezas color azul marino. Él se encuentra afuera esperando. —¿La señorita, Mina Black? —interrogó mirándome. Asentí lentamente. —Soy Loan Claers —extendió su mano. Yo la sujeté —Un gusto. —Por favor —señaló la puerta de la Range Rover color plateado y la abrió. —Gracias —sonreí y subí. El hombre alto cerró la puerta y subió al asiento del copiloto para luego el chófer comenzar a conducir. Luego de varios minutos en el tráfico nos detuvimos en un restaurant. El chófer abrió mi puerta y bajé,. Después el hombre bajó también. —Adelante señorita —señalo la puerta de color dorado. Y entré junto a él. De inmediato me di cuenta que es un restaurante muy lujos. Es de color blanco con adornos dorados, en las mesas hay pequeñas lámparas con manteles blancos y suena una melodía lenta que proviene de un violín. Nos sentamos en la mesa. —¿Qué desea comer? Lo miré directo a sus ojos azules muy claros. Bueno no es nada feo. —Pizza —lo observé con seriedad. Yo amo la pizza, soy feliz con ella. Él sonrió mirándome —Bueno lo que desee. ¿Yo no iba cuidar un niño? Estoy comenzando a creer que esa no es una agencia para niñeras, sino una para acompañantes sexuales o dama de compañía. Él rubio pidió la comida y después sacó un una pequeña libreta de su chaqueta junto con una pluma. —Muy bien le haré una preguntas y usted debe responder con sinceridad —miró la libreta. Asentí y sujeté la copa para tomar un poco de agua después la dejé dode mismo. —Adelante. —¿Qué edad tienes? —comenzó. —23 años. —¿Azul, rosado, verde o n***o? Fruncí mi ceño. —Rosado —él afirmó —. Pero mi color favorito es el ciruela. —Si no me importa, solo me importa saber si tiene alguna problema mental o algo así — comentó con los ojos puestos en la libreta. Lo miré confusa. —El color favorito de los Psicópatas es al Azul por eso pregunto ¿Alguna vez a cuidado niños? —interrogó. Miré a otro lado pensativa y tragué con suavidad. —Si si, muchos —sonreí ampliamente —. Una vez el bebé de mi… prima… era un pequeño de tres meses, la cosa es que me mordió el dedo y fue doloroso. En fin casa que nos suceden a los que cuidamos niño… Él juntó sus cejas y parpadeó —¿Un bebé con tres meses tenía dientes? Ni puta idea. —Si —asentí rápidamente. —Es la primera vez que escucho eso… —Ya sabes… en la biblia dice que se verán cosas extrañas —le regalé una sonrisa forzada. —¿Tienes alguna carrera? Negué. —¿Sufres de alguna enfermedad? —No… si la menstruación fuera una…. —Me interrumpió. —La menstruación no es una enfermedad — habló de inmediato. Eso lo sé… —¿De verdad no te gusta el color azul? ¿Qué me habrá querido decir? —No. —¿Tienes algún vicio? Negué nuevamente. —¿Tienes pareja? —No. —¿Estas embarazada? —Si no tengo pareja obviamente no puedo estar embarazada. La única forma sería por el espíritu Santo y creo que eso no pasará.. —No es virgen… —tacho. —¿Qué eso también? ¡JA! —me quejé mirando a otro lado —. Solo falta que me pregunté que tipo de sangre soy. Él rubio miró a varios lados y luego miró la libreta —De hecho es una de las que está en la lista — respondió con miedo. Me levanté de golpe. —No lo soporto más, yo me Iré —me comencé alejar. —¡Esperé! —No lo puedo creer, primero un viejo pervertido y ahora un loco que solo me trajo para hacer preguntas personales —hablé para mí misma. Cuando me iba encaminar por la acera, él bloqueó mi pasó levantando sus manos. —¡Espere por favor! —suplicó —. Fue mi jefe él no pudo venir y me dejó las preguntas. Lo siento, lo de virgen… era broma. Entonces tú eres Anastasia y yo soy Christian Grey. Lo miré con rostro fruncido por un momento. —¿Quién es usted? —Su hombre de confianza, él señor Lecomte no se pudo presentar. —¿Y quién mierda es él? —exclamé exasperada. —Es el hermano del niño que debe cuidar. Me relaje.
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