P.O.V Gabriel Al llegar a nuestro hogar, el ambiente estaba impregnado de una ligera tensión. Miranda se encargó de llevar a su madre a una de las habitaciones para que pudiera descansar después del largo viaje. Yo, en cambio, me dirigí directamente a mi despacho, seguido de Damián, Fabricio, mi gamma, e Iker, mi delta. Sabía que no podía perder más tiempo. Había decisiones que tomar, y cuanto antes, mejor. Me senté en mi asiento habitual y, con un tono firme, rompí el silencio: —Vamos a planear la coronación de Miranda lo más pronto posible. No podemos esperar más. Fabricio asintió de inmediato. Era eficiente y rápido, por eso confiaba en él para estas tareas. —Quiero que todo se ponga en marcha en dos días. En ese tiempo, Miranda debe ser coronada como nuestra reina —continué, clava

