Doy unas zancadas largas furioso, estoy agotado me dan ganas de irme a descansar a la cama, y mañana encarar a Emanuele, pero no mejor ya mismo él debe saber que hay demasiadas equivocaciones que comete. Llegó a su habitación y abro sin golpear, él está sentado sobre la cama organizando uno de sus tendidos para llevárselo, supongo que, para acampar con su novia, pues esa mujer tendrá que esperar hasta que resolvamos todo. —A ti te estaba buscando, y tendrás que aplazar tu amorío un tiempo con tu nueva víctima —le hablo tan golpeado, me repugna tener a un hombre tan cobarde cerca y más cuando es de mi misma sangre. —¿De qué me estás hablando? ya se la Nana te contó, no me dejó darte la noticia, porque yo sé que te va a alegrar. Pero ¿Por qué estás tan afanado? —Esto es lo que me fastidia

