Los días hermosos de descanso y vacaciones terminaron, había que regresar a la rutina ya. Teníamos que comenzar a organizar todo para la boda, porque no quedaba nada ya de tiempo, sólo dos meses. —Quisiera quedarme aquí por siempre —dijo Daniel, reí. —Yo también, cariño. Pablo había ido a una farmacia cercana a buscar pastillas porque me dolía mucho la cabeza. Pero… Estaba tardando mucho. Terminé de juntar las cosas y guardar todo en las maletas. Daniel me ayudaba en lo que podía, Eider estaba con sus juguetes en la cama. —¿Por qué no regresa papá? —Ya vendrá, cariño —lo miré—, de seguro había mucha gente en la farmacia. Intenté creérmelo yo también. Ya hacía más de una hora que se había ido y no regresaba. Le marqué al celular. —Ya voy. Cortó la llamada. ¿Dónde estaba

