Las cosas con Pablo estaban en la cuerda floja, y seguía aguantando por Daniel y por mi bebé que venía en camino, pero él me mentía, me mentía todo el tiempo, estaba misterioso, no me decía a dónde iba a veces, me ocultaba cosas, y sí, Zamira seguía llamándolo, ¿se veían? ¿Se hablaban? Eso no lo sabía, le he preguntado varias veces pero él siempre me negaba todo, ya no sabía si creerle o no. Estaba desayunando con mi padre, mientras Daniel estaba en el colegio. —¿Estás bien? —me preguntó. —Pues… La verdad, no. —¿Qué sucede? —Pablo, no sé, han pasado cosas, es raro y… Me siento en la nada misma. Mi padre suspiró, le conté todo lo que sucedía. Me dijo que hable bien con él y me diga la verdad, o que sino, cada cual por su lado, y sí, tenía razón, porque en la situación que estábamo

