XXVII Las botellas de champaña se destaparon y su precioso líquido salió volando por muchas partes de ese salón. Entre risas y algo de nerviosismo, los presentes celebraban las buenas nuevas. Las fotografías también hacían parte del festín, ese que llegaría a la prensa, a la sección de chismes, de romance, que tanto vendía en aquellos pasquines. El CEO se comprometía con su novia del último año. La declaración no tomó por sorpresa a nadie, eran una pareja normal, se conocieron de forma tranquila, tuvieron una relación común y corriente, lo obvio era que siguiese el anillo en el dedo, y a futuro el «sí» en el altar. Dana, desde un lugar lejos en el salón, levantaba su copa viendo aquella farsa como si se tratara de una mala película, de la que se quiere salir, pero por respeto a quien in

