Capítulo 8: Mujer oculta

1722 Words
VIII Loren tomaba a sorbos cortos su café, escuchando a su mejor amiga contarle todos los sucesos que la habían llevado a la cama con un desconocido, que resultó ser un importante empresario, casi jefe de su esposo, Demian. Veía a la cara a esa que una vez fue una joven tan radiante, llena de ideas y que los años consumieron hasta hacer de ella un débil y triste cervatillo. No obstante, ese despertar no se lo esperaba para nada y sentía un poco de culpa, pues ella fue quien hizo la sugerencia de que se consiguiera un amante y la llevo a ese sitio a que se desinhibiera un poco, cosa que ella esperaba sucediera bailando y charlando, no abriéndole las piernas a un anónimo total. Pese a eso, y aunque todo el asunto no dejaba de ser algo siniestro, le alegraba ver un brillo en sus ojos mientras le contaba eso. Omitió los detalles de la pelvis de Sebastian, por respeto a él. De resto, todo salía de su boca como si estuviese leyendo un maravilloso libro erótico. —Dios, Sarah… yo te escucho, y aun así, no sé que responderte —dijo desinflando sus mejillas—. Me parece que es una aventura, que la estás disfrutando, ¿pero hay algún futuro diferente en eso? —No lo sé, no tengo idea —respondió la esposa con una sonrisa—. Yo supongo que él me ve ahora como ese asunto prohibido que lo excita más de la cuenta, debe sentirse muy engreído, tú sabes cómo son los hombres. Yo creo que mi cuerpo lo atrae mucho, más no yo como persona, digo, mírame, soy solo una aburrida mujercita encerrada en su casa, presa de los malos recuerdos. Loren sintió como el corazón se le desgarraba. La tomó de una mano e hizo un puchero. —¡Eso no es cierto! Eres una mujer tan hermosa por fuera como por dentro, y eso lo debe tener atado a ti. Entiendo que un hombre como Sebastian Brendant debe ser un mujeriego empedernido, que esto tal vez no vaya a ninguna parte, aun así, tú le gustas, de eso no hay duda. Mi preocupación es qué tan involucrado está tu corazón, como para afrontar la segura separación. —Mi corazón… —susurró Sarah volteando la mirada hacia el cristal de aquel café, viendo a las personas pasar en la calle—. No puedo mentirte, Loren, mi corazón siente cosas por él que pensé se habían quedado en el cemento de ese piso cuando casi me matan. Yo lo sé, no puedo siquiera pensar en ser una compañera real para Sebastian, pero voy a llevarlo siempre como el mejor de mis recuerdos. —Demian… cómo está él en todo este asunto, ¿todavía lo amas? —No. La crudeza de la respuesta hizo que Loren sacudiera su cabeza sorprendida. Al menos en eso su amiga tenía mucha claridad. Tomó otro poco de su café, necesitaba energía para seguir con esa conversación. Le dolió pensar que al final aquello sería solo la historia de un par de amantes que nunca pasarían de noches furtivas. —Vaya, qué sinceridad en tu respuesta, Sarah. —Lo sé, pero Loren, ¿cómo se puede amar a alguien y hacerle algo así?, lo entendí cuando estaba con Sebastian. No sentí culpa alguna, menos remordimiento. Fue ahí cuando supe que no lo amo más. No sé ni cómo voy a plantearle lo del divorcio, sin embargo, no es justo con… —¡¿Cómo?! ¿En serio harás algo así? —objetó Loren alterada, intentando no llamar la atención—. Si lo vas a hacer porque de verdad estás convencida de que no vas a ninguna parte con tu marido, lo acepto. Pero si crees que de Demian vas a saltar a estar con Sebastian, no amiga, la vida no es tan sencilla. —¡Claro que no!, como te dije, con Sebastian, no hay muchas luces en este túnel. Debo agradecerle, eso sí, el mostrarme un nuevo camino para tomar decisiones. Loren intentaba acomodar todo aquello en su cabeza, la verdad ese tipo de conversaciones no las tenía con Sarah desde que eran universitarias y ella deseaba terminar con alguno de sus novios. Volvió a sonreír y recordó decirle sobre la invitación que les hacían en el campus para exalumnos. —Yo entiendo lo difícil que sería para ti, no has regresado desde que «eso» sucedió… aun así, siempre que la universidad hace este evento, yo te aviso. —Iré. Es hora de enfrentarme de nuevo a ese pasado, ya he tenido miedo por mucho tiempo. Loren se emocionó mucho y la abrazó conmovida con lo mucho que su amiga había avanzado en tan poco tiempo, gracias a ese vulgar y sensual recién llegado a su vida. Empezaron a planear entonces el ir de compras por unos vestidos propios para la ocasión y para que todos vieran que Sarah empezaba a brillar de nuevo. A unos kilómetros la vida iba un poco diferente. David, que estaba sentado en su imponente sillón, rodeado de montañas de manuscritos, veía feliz esa invitación a ese lugar del que también fue arrancado, dejándolo sin piso y sin Sarah. Sarah, la mujer que debía ser dueña de sus días en ese momento, de la que tuvo que separarse tan de repente. De uno de sus cajones sacó una fotografía de ella, en la cual todavía era esa preciosa joven sin retoques que le devolvieran la humanidad a su rostro, con un halo tan único y lleno de la magia que enamoraba a muchos. Sonriendo solo para él, porque eran novios y casi prometidos. —Cómo pudiste, mi Sarah… —susurró David en la soledad de su oficina, camuflado en miles de letras. Pero su corazón no estaba muy a la par de lo que sentía su cuerpo y habían sido muchos años infernales en que su piel ya casi no recordaba la de esa jovencita. Se mordió los labios para después bajar su cremallera y meter su mano en su entrepierna, única manera en que ahora tendría a esa mujer, en recuerdos. Quería poseerla de nuevo por completo, como las muchas noches en que recorrió su cuerpo, con el deseo impuro de encerrarla en un cajón solo para sus ojos. Recordaba la suavidad y firmeza de sus senos grandes, como sus pezones pálidos se hacían tan duros con la succión de su lengua y el cómo ella se agitaba entre gemidos, pidiéndole más. —Por… qué… Sarah… Replicaba David, a la vez que su mano subía y bajaba tan agresivamente sobre su propio pene. Ella tantas veces lo tuvo dentro, y no solo de su v****a, sino dentro de su boca. Cuando ella amaba, lo hacía con intensidad, como si el día siguiente no fuese a llegar. De repente se inclinó hacia el frente, haciendo que una de las torres de hojas se tambaleara y se desparramara sobre la mesa. La agresividad sobre él mismo no era normal, no obstante, David no estaba pensando en que le dolía, sino en lo duro que iba a embestir a Sarah cuando la tuviera de nuevo en su cama. Para eso regresaba, a ajustar cuentas con su pasado y tenerla a su lado. De Demian sabía que era un perdedor, pero ignoraba por completo el temible jugador que ahora estaba en el campo de juego. —¡Sí, Sarah! ¡Llora de nuevo! ¡Sé que lo quieres! Con la vulgaridad no muy propia de quien conocía tantas palabras, David terminó en su mano, deseando con fervor que su próxima eyaculación se diera sobre el cuerpo de su exnovia. Diez años habían sido suficientes para cualquiera. Y de otro lado, un poco más lejos, Sebastian aún no superaba lo que había leído. Su investigación no le había traído más que desdicha y noches enteras de insomnio. Él ya había caminado por esa senda del dolor tan profundo en que solo se espera morir, pero no creía que su dama especial la hubiese pasado tan mal igual y hubiese sobrevivido. Suspiró un poco, deseoso de verla el viernes como habían quedado. No obstante, aunque la deseaba como un loco, quizás no tan loco como David, tenía que empezar a saber de ella más allá de lo que el cuerpo hablara. Con sorpresa vio que la trajo con el pensamiento, pues lo estaba llamando. —¿Hola? ¿Sebastian? ¿Cómo estás? ¿Has comido bien? La pregunta maternal y tierna lo hizo sonreír. Se levantó y encendió la luz de su oficina. —Sí, hermosa, he comido bien. Si me llamas es porque algo pasa… ¿Está todo bien? —Verás, el viernes no puedo cumplir nuestra… No puedo verte. Voy a ir a una fiesta en mi antiguo campus. —¡¿Pero qué diablos estás diciendo?! —espetó Sebastian subiendo la voz. Él sabía lo que representaba ese lugar en la vida de su chica, e igual olvidaba que ella no sabía que la había mandado investigar. —Lo siento, yo… —¡No! Sarah, por favor, no te disculpes. Claro, ¿no quieres que te acompañe? —habló más conciliador, reprendiéndose por ser un idiota. —¿Qué dices? Si fuera con alguien, debería ser con Demian. —La carcajada de Sarah tranquilizó un poco al inquieto hombre—. Voy a ir con Loren, mi mejor amiga. Las dos estudiamos juntas, yo recibí mi título un poco después… pero no quiero aburrirte con mis cosas. —Sarah, no me aburre escucharte, por favor, piensa en mí como en alguien en quien puedes confiar, no solo en la cama. La joven sintió un golpeteo en su corazón que la hizo sonrojarse. Sebastian, en cambio, estaba muy preocupado porque ella regresara de repente a un sitio que le traía tan funestos recuerdos. No sentía que estuviera lista, él quería estar a su lado para protegerla, como nadie lo hizo esa noche 10 años atrás. Lo que él ignoraba por completo, es que la valentía de Sarah regresaba gracias a él. Ese ladrón de besos, ahora exclusivo de una mujer casada, no solo le robaba los labios, sino también los temores, las tristezas. Todo tendría que ir bien, pero David estaba en el camino sin que ninguno lo supiera. *** Fin capítulo 8.
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