Dianco miró a Rita fijamente, sintiendo rabia e impotencia, sabía que no tenía otra opción más que ceder a su chantaje si quería salvar a Miranda y cumplir su parte del trato con Marcus. —Está bien, maldita, tendrás tu casa y tu dinero. Una sonrisa triunfal se dibujó en los labios de Rita. En cuanto regresaron a Nueva York, Dianco se apresuró a adquirir una lujosa mansión en el Upper East Side y a depositar un millón de dólares en una cuenta a nombre de Rita. —Ahora, dime, ¿En dónde está Maya? —Verás, hace unos días escuché por casualidad a mis cuidadores hablar sobre el paradero de esos dos tortolitos fugitivos... —¡Habla de una vez, mujer! —la apresuró Dianco. —Según entendí, Maya y Dan se han refugiado en algún lugar de Latinoamérica, en una isla, pero me temo que eso es todo lo

