Afuera del restaurante quería volver a entrar y sacar a esa chica de ahí. No sabía qué demonios me pasaba pero, estaba mucho más que relajado. Había funcionado.
Su manera de actuar me hizo entender una cosa, la habían forzado antes. Su miedo, su necesidad de repetir mi nombre, de mirar mi rostro. En medio de todo lo que me ha hecho pasar del estrés que llevaba, el cabreo de que alguien la hubiese tocado sin su consentimiento me quema. Sigo sin saber qué demonios me pasa que puedo entenderla sin que me hable. Es que la necesidad que surge dentro de mí, ahora, de protegerla y joder a quién la daña no es normal.
Tengo que contarlo todo, así que, la parte canalla que no utilizo en este sentido requería de dejarle su piel marcada de mí. Eso tampoco me importó nunca, querer que cada roce quedace grabado en el cuerpo de una mujer. Actúo seco y sin cuidados.
Termino tomando mi auto y destino a mi casa. No sé un carajo de relaciones, de tratar bien a una chica, de dar más que sexo.
En mi casa termino dando vueltas en la sala con un vaso de whisky en la mano. ¿Qué demonios tenía esa chiquilla? ¿Qué soltó mágico por su coño que ahora yo no puedo dejar de pensar en tenerla?
***
Hay un gran bullicio en mi empresa, que sea hace más presente a medida que avanzo hasta mi oficina. Siendo sinceros, en otra ocasión hubiese cortado cabezas. Soy malditamente alérgico a los disturbios, gritos y ajetreo en mi empresa. Aquí todo de ser y verse como lo que es: una empresa de prestigio con los trabajadores más competentes. Sin embargo, hoy me sucede algo distinto, percibo algo distinto dentro que me hace mantener la calma.
Ya distingo a las dos personas que están provocando más que un murmullo: Julia, mi secretaria y Patricia, la encargada de marketing.
—Si se van a tomar del cabello salgan de mi empresa, ahora, si deciden arreglarse dándose unos besos y algo más, me invitan —comento con las manos en los bolsillos detrás de ella.
Detienen de inmediato su disputa y me atienden. Su cara evidencian el miedo. Esto es automáticamente despido, no por el problema o no del todo, sino por los gritos.
—No quiero bullicio en mi empresa —dejo claro lo que ya saben—. Cuidado con esas demostraciones de afecto de ambas porque si demuestro el afecto yo a nadie le va a gustar.
Sigo caminando hasta la puerta de mi oficina, pero, la voz de Julia me detiene:
— ¿No estamos despedidas?
—Julia si quieres irte de la empresa, recoge tus cosas y márchate.
—No, no señor.
Sigo caminando hasta tocar la manilla de la puerta y entrar tras abrirla. Solo un paso he dado antes de encontrar el cuerpo desnudo de Alara sobre mi mesa. Está de espaldas, sentada en el borde de la cara madera.
—Siéntese en su silla magistral, señor Fox —comenta con la voz sensual.
Doy los pasos paciente que me faltan para alcanzar la silla. Me siento recorriéndola con la mirada. Su piel blanca y perfectamente cuidada me invita a tocarla, pero no es la mía. No es aquella piel que me enloqueció aún sin estar completamente desnuda. No es el coño que me comí como demente. No es ella la que me hace actuar como un loco.
Y otra vez me pregunto que me pasa. No soy de preferencias. Ni siquiera a Alara que es con la que he repetido le tengo tantas ganas, tantos deseos y tanta necesidad de su piel.
Me apoyo al espaldar de la silla mientras sigo atendiendo el cuerpo de la chica que se muestra frente a mí. Al ver qué no actúo baja hasta sentarse a horcajadas. Mal movimiento. Sigo sin reaccionar a ella.
Es la primera vez que no tengo intenciones de cumplir. Así que, debo decir algo de inmediato.
—Alara no quiero que vuelvas a aparecer en mi oficina. Esta es una empresa, no el departamento donde follamos. Márchate ahora —demando con seriedad. Ella intenta cumplir su cometido. Rodeo mis dedos en su cuello y la hago mirarme—. No quieres enojarme Alara, ¿Verdad?
Ella se detiene y me observa. Intenta encontrar la duda en mis palabras, pero no las hay.
Se marcha tras mil protestas en baja voz y yo me quedo por minutos sentada en mi silla. Enciendo un cigarrillo para acomodar las ideas que no le tengo ni justificación.
El día pasa y yo lo ocupo al máximo. No pensé más en esa chica porque estaba claro lo que haría a las ocho: sacarla de ese sitio.
Conduzco hasta el restaurante y tras aparcar el auto salgo de él. Me apoyo en la parte delantera y espero paciente a qué se acabe el turno. Enciendo un cigarrillo para matar la impaciencia de esperar por alguien. No espero por nada ni nadie nunca y eso hoy, parece no aplicar con ella.
La puerta del restaurante se abre y por ella sale esa chica que desde ayer me tiene sumergido en ella. Está demasiado arreglada, cosa que no la vi así ayer. Camina con mucha seguridad, derrochando sensualidad, acto que tampoco note el primer día que nos conocimos. Es como si en un día hubiese cambiado mucho. No la conocía pero la imagen que me proyectó me impactó más que esta. De igual forma es ella y yo la quiero conmigo.
Me separo del auto y salgo en su búsqueda. Sus pasos se detienen de golpe cuando me quedo bastante cerca de ella. Me recorre con la mirada y no es la misma mirada que ayer percibí, pero sigo encaprichado con la chica de ayer.
—Vamos a mi casa —le digo sin rodeos.
—Dentro ofrecen servicios...
—No quiero tus servicios dentro. De hecho no quiero que le sirvas ese plato a nadie más. Quiero que vayas conmigo a casa —demando.
— ¿Por qué tanta posesividad? —pregunta aún seria.
—Porque me gustas —dejo claro.
— ¿Qué intenciones tienes conmigo? —indaga.
—No sé de relaciones, así que fácil no la tienes. Algo te aseguro, quiero que te quedes conmigo y que tu cuerpo no lo toque nadie más. Te quiero mía.
—Para eso debemos empezar de cero. El de ayer no puede ser el inicio de algo —comenta, pero para mí si fue el inicio—. Un placer conocerte, soy Sam.
Me extiende la mano y yo la observo. Sigo creyendo que esto es innecesario porque como la conocí ayer es jodidamente satisfactorio. Sin embargo, le sigo el juego.
—Zayn —comento antes de tomarla de cuello y devorar sus labios en un salvaje y posesivo beso.