Levanta mi falda un poco y me mueve a ras del borde. Con sus ojos aún en los míos acerca su boca mi v****a. La primera lamida llega y yo lo observo esclavizando mi mente también a él. Solo así es posible no empujarlo. Sigo sin saber qué tiene este hombre que mi cuerpo actúa diferente. Lo intenté antes con los demás con el propósito de no caer en una depresión enorme, pero era un rotundo fracaso.
Chupa con destreza mi sexo y suelto un gemido bajito que rápidamente callo con la palma de mi mano. Sus ojos seguían en mi rostro y los míos tenían imán en él porque no los separaba.
Lleva sus dedos a mi sexo y toca, mientras su boca seguía comiendo ágil toda mi hendidura. Introduce un dedo en mi interior y yo empujo mis caderas hacia atrás. Los fantasmas ganan otra vez.
—Lo siento —susurro. La vergüenza me invade. Seguro le cobran mucho por esto y yo haciéndolo perder el tiempo.
—Mírame, no te estoy obligando a nada. Es tu voluntad —alega despacio recorriendo mis muslos con sus manos. Me pierdo en el recorrido de estas y vuelvo a mirarlo a los ojos. Gana otra vez esa mirada y gana otra vez él, todo de mí. Me mueve hasta el borde y yo no me quejo.
—Voy a tocarte —dice—. Mírame.
Lo hago porque su rostro es lo único que gana a los fantasmas del pasado. No sé porqué, pero lo logra. Su dedo vuelve a mi interior y vuelvo a cerrar los ojos pero...
—Mírame —ordena y vuelvo a atenderlo a él.
Se aferra a mi clítoris mientras su dedo me embiste. Los fantasmas están a raya y yo no sé si reír o llorar por haber logrado, después de un año y muchos intentos, entregarme a un hombre.
Se siente increíblemente bien su boca en mi sexo. Su dedo, no se detiene. Jamás en mi vida me he corrido, no sé siquiera como es, pero estoy sintiendo mucho placer dentro.
Saca sus dedos y los mueve encima de mi clítoris. Movimientos rápidos, conectados y deliciosos. Le ha ganado a los putos fantasmas. Estoy bien.
Vuelve a entrar en mí y vuelve a salir magreando mi sexo. Repite acción, una y otra vez logrando que cerrara los ojos pero esta vez no volvieran los fantasmas.
Una corriente atraviesa en mi cuerpo, concentrándose con más intensidad en mi pelvis. Lo empujo o intento cuando siento algo similar a orinarme, dándole un movimiento brusco a mis caderas hacia adelante, guiada por el propio placer. Me corro mojándolo y de la pena intento correrme pero se aferra a mis muslos y pega su boca a mi sexo, tragando toda mi liberación.
Aún el cuerpo me temblaba y yo estaba hecha un lío sobre la mesa. No creía posible que haya sucedido. He tenido mi primer orgasmo, he tenido mi primera representación del placer.
Los fantasmas se habían ido con él, los había espantado.
Me bajo de la mesa y muevo mis pies para irme pero toma mis caderas inmovilizándome.
— ¿Puedes darme más? —pregunta y no sé por qué soy guiada que asiento de inmediato.
Me reclamo internamente pero tal parece que mi cuerpo responde a él. Me siento a horcajadas sobre él, con la clara evidencia de inexperta.
—Esto aquí no está aceptado aún —susurro.
—Pues vamos a romper las reglas. ¿Nunca las has roto? —pregunta y niego mirándolo.
Sonríe antes de acariciar mi rostro por un pequeño instante. Me atrevo a asegurar que ese movimiento de él, hasta a él mismo le asombró.
Zafa su cinto y baja la cremallera dejando ver su erección. No sé de tamaños pero puedo asegurar que eso no se ve pequeño. Trago saliva de inmediato y presiento que mi cara es un poema.
—Ven —susurra contra mi boca y yo me levanto un poco para permitir que toque con su erección mi sexo.
Cuando la punta de su v***a empuja en mi entrada cierro los ojos y me aferro a él con fuerza.
—No —suplico casi al borde del llanto. Los fantasmas han vuelto.
—Mírame —demanda, otra vez—. ¿Has estado con alguien más?
Una lágrima resbala por mi mejilla recordando eso. Asiento, porque virgen no soy, sin embargo, no fue consentido.
— ¿Cómo te llamas? —pregunto porque su cara y su nombre debo tenerlo claro para no rendirme a demonios. Me da confianza, me da seguridad, me siento protegida y no sé por qué.
—Zayn.
Asiento, perdiéndome en sus ojos. Su erección recorre mi sexo y yo sigo quedándome en sus ojos para ganarle a los fantasmas.
—Zayn —repito y aunque es en alta voz, es solo para mí—. Zayn.
Empuja la punta en mi interior y yo lo miro mientras repito su nombre. Sus manos se anclan a mis caderas y yo miro sus manos, volviendo a su cara y repitiendo su nombre.
Empieza a moverme y yo me voy relajando manteniendo mi mirada en sus ojos. Lleva sus manos a mi camisa y desabrocha los tres primeros botones, dejando espacio para llegar a mis tetas.
Podría decirle que se detuviera o gritar pero me doy cuenta de que no estoy incómoda. De hecho, me estoy moviendo por mi cuenta sobre él.
Acerca su boca a mis tetas, las besa y las chupa con devoción arrancándome un gemido.
—Shhh. Estamos rompiendo las reglas, debemos ser discretos —susurra separándose por un instante de mis tetas.
Nos quedamos mirando, muy cerca, con los labios rozando mientras yo no dejo de moverme. No hay experiencia, no habilidad pero me estoy sintiendo demasiado bien dentro.
Tomo su boca, porque sentía que lo necesitaba sin esperar movimiento de su parte. Mis labios se mueven y tampoco son besos expertos, pero sí con deseo infinito.
Este hombre es un antídoto contra los fantasmas.
Otra vez siento esa corriente atravesar mi cuerpo y me aferro más a él. Contracciones en mi pelvis que me hicieron rendirme. El segundo orgasmo llegaba. Sé que no voy a ser capaz de tener relaciones con nadie más, así que, es mi momento de cumplir con mamá.
Una locura sí, pero no voy a detenerme a pensar.
—Viene Harper —susurra en mi oído.
—Córrete dentro —demando—. Hazlo ya. Me tengo que levantar.
Muevo mis caderas sin dejar de contestar y él, aferra sus manos a mis caderas intensificando el movimiento. Un líquido caliente me llena y cuando su rostro deja de mostrarse contraído me levanto. Tomo la braga veloz y me la coloco con prisa. Él se acomoda el pantalón. Me señala los botones de mi camisa y los abrocho rápido.
—Todo bien ¿Fox? —pregunta Harper moviéndome hasta su lado.
—Perfecto —contesta con seriedad él.
—Me alegra —dice ella—. ¿Pedirá la cuenta ya?
Él asiente y ella hace una seña. Lo miro una última vez, ganándome sus ojos, antes de volver con las demás.
— ¿Cómo te fue? —pregunta Sasha.
—Más que bien —le digo.
—Tu pierna —susurra—. Ve al baño. La primera puerta a la izquierda después de las dobles.
Miro como el resultado de su corrida resbala por mi pierna y corro al baño. Me lavo un poco antes de volver al trabajo.
La locura de antes empieza a crear pensamientos cuerdos. Como, ¿cómo respondo a un embarazo?
La respuesta es no lo sé, pero el complacer a mi madre le gana a la respuesta.
¡Puedo con todo!
— ¿Has follado? —pregunta Sasha por lo bajo y yo asiento—. Pero, voluntariamente ¿no? —Vuelvo a asentir.
—No se puede follar porque se convertiría este sitio en un prostíbulo —susurra.
—Rompí las reglas —le digo y ella ríe.
—No lo parecías nena —comenta riendo—. Una chica muy reservada y con inexperiencia sí —se sincera.
—Lo soy, pero, algo tenía ese hombre.
—Dame las gracias y captúrame que yo soy la suerte en tu vida. Una vez me conociste, todo irá bien —dice en forma de broma.
Me río ante sus palabras. Alguien carraspea a mi espalda y cuando atendemos nos encontramos con Harper.
—Angie.—Camina hasta las puertas dobles y entiendo su orden.
Sasha hace una mueca y yo no me río pues me preocupa lo que tenga que decir.
¿Se habrá dado cuenta? ¿Seré expulsada?
—Angie, en tu primer día de trabajo ¿cómo es posible?
—Yo...
—Sí, lo hiciste —me interrumpe.
—No es...
Me extiende un sobre y yo lo tomo sin dejar de mirarla. Su rostro, tan serio como siempre.
Sí, me despedirá.
El sobre contiene dinero. No he llevado ni dos horas, como puedo cobrar tanto.
—El cliente ha dejado propina —me informa y todo en mí toma calma. No me está despidiendo.
Miro otra vez el sobre, es mucho dinero.
— ¿Todo esto? —pregunto.
—Sí, lo que paguen por encima de la cuenta, es propina y va a la trabajadora. Es tuyo Angie. Parece que ha sido un buen día.