La chica que tengo conmigo vuelve a ser aquella con la que enloquecí. Al escuchar mi nombre mientras la tocaba no solo mi erección cobraba vida. Si supiera el jodido rey que me sentía al tener toda su atención. Al correrse en mi boca entendía por qué me quedé idiotizado desde la primera vez. Ahora solo me volvía más adicto a ella. No habia remedios. De camino a casa se comportaba distinto. Sus actos compaginaban más con la personalidad que me había atraído. Su mirada se centraba todo el tiempo en mí y al enfrentarme a ella, seguía transmitiéndome lo mismo: inexperiencia, dulzura y miedos; sin embargo, conmigo quería deshacerse de todo y lo lograba, me lo entregaba todo. Me volvía una maldito posesivo cuando se trataba de ella, de lo que solo quería yo. Estaba necesitado por sentirla, t

