Luz cierra la puerta de su departamento y se asusta al ver al hombre sentado en la oscuridad de su sala. —¿Qué haces aquí?, ¿como entraste? — pregunta encarando.
—Siempre pierdes tus llaves, por eso dejas una de repuesto escondida en la maseta.
—Tú lo has dicho, es para emergencias, no para que entres a tu antojo.
—¿Hasta cuándo me evitarás?
—No te evito, tú y yo no tenemos nada, vete con la morena con la que estabas, ella si es de tu clase social — espeta la mujer de mala gana.
—Debes parar con eso, ella es solo una conocida, no estábamos solo ella y yo, éramos varios en la mesa.
—Pero no dejaba de coquetearte.
—Pero no cedí, me la pasé observandote, vi como bailabas y tomabas, sentí tantos celos de los hombres que te miraban contornear ese culo.
—Para, deja de hablar de esa manera — advierte Luz quitándose la ropa para darse un baño.
—Luz, me dejaste duro en el baño, lo hiciste apropósito — se queja.
—Debiste aprovechar que estabas con ella para aliviar tu problema — se mete al baño y abre el grifo.
—¿De verdad quieres que otra arregle mi problema? — pregunta entrando bajo la regadera sin quitarse ninguna prenda.
—¿Qué haces?, estas mojando toda tu ropa.
—No importa, de hecho, creo que la ropa me esta estorbando — responde desvistiendose ante la atenta mirada de Luz quien se muerde el labio al verlo —. ¿Seguirás molesta conmigo?.
—Si — contesta y le da la espalda para continuar con su baño, pero tal como lo esperó, unas manos acarician sus pechos mientras unos labios calientes le besan el cuello.
—¿Sigues molesta? – pregunta con voz ronca.
—Si — responde ella con apenas un suspiro y enseguida su c******s recibe una dosis de caricias que la hacen gemir —Camilo — repite al sentir las caricias en su cuerpo.
—Sé como ponerte de buen humor — susurra en el oído ocasionado que la piel se le erice, la toma de la cadera y la penetra mientras ella pone las manos en el azulejo del baño. Con una mano la sostiene posesivamente y con la otra aprieta unos de los senos. Después de varios minutos de placer, los dos están jadeando e intentando recuperar el aliento.
—Te detesto — espeta luz sin soltarse del abrazo de Camilo.
—Claro que no, solo estás celosa — se burla y salen del baño, luz se deja caer en la cama y lo observa de pie frente a ella.
—Tienes la ropa que dejaste la última vez, está en el armario, pero tendrás que ir descalzo, después te entregaré todo seco.
—Gracias — después de vestirse se acerca y se despide de ella con un gran beso —. Es peligroso que dejes llaves en la maceta, alguien podría entrar, será mejor que yo las conserve.
—Eso es trampa.
—¿No sería mejor que me quede a dormir?, ya es tarde.
—Conoces la regla, dormir sería como involucrar sentimientos.
—De acuerdo — responde frustrado y sale del departamento sin llevar zapatos.
***
—¿Que estás haciendo Támara?, ¿por qué lo besaste? — se regaña frente al espejo de su cuarto.
—No puedes comportarte de esta manera, tienes novio, se supone que madurarias y estas haciendo lo contrario.
Se va a la cama pero no puede dejar de pensar en Tobias, ese beso se sintió tan bien, mientras probaba sus labios no pensó en nada más que en lo mucho que había deseado besarlo, se deshace de los pensamientos al revisar su celular y actualizarse en r************* .
—No fui invitada a nada de eso — piensa al ver la fotos de Sofía y sus demás amigos en fiestas y reuniones de las que nisiquiera se enteró—. ¿Qué esta pasando?
Marca el número de su amiga y pregunta en cuanto contesta.
—Sofía, ¿Cómo es que no me enteré de todas las fiestas?
—Támara, amiga, has estado muy ocupada y no quise incomodarte al invitarte a esas fiestas.
—¿Por qué me incomodaría? — pregunta confundida
—No quise exponerte a preguntas incomodas, no creo que te agrade contar lo que has estado haciendo y con que tipo de personas te relacionas últimamente.
—No estoy haciendo nada indebido y mis nuevos amigos no son motivo de vergüenza — espeta Támara.
—Tienes razón, pero no todos lo comprenderian, pero para compensarte, iré a la fiesta cena de tu hermano, tu mamá me llamó para invitarme, con gusto acudiré.
—De acuerdo, nos vemos la próxima semana entonces — cuelga intentando no sonar cortante y grosera pero la realidad es que los comentarios de Sofía le parecen desagradables.
Al día siguiente Támara y Luz terminan su trabajo, solo les falta ir a la lavandería — entrega las sábanas, necesito ir al sanitario — pide Luz.
—¿En serio?, después de lo que te conté que pasó con Tobias, ¿cómo me pides ir sola? — indaga Támara.
—Porque es justo lo que necesitas, lo besaste y después le dices que tienes novio, debes hablar con él.
—Sabia que lo hacías a propósito.
—Te veo en la salida — ríe y se aleja de su amiga.
Luz lleva la carga de sábanas y saluda al ver al joven en la computadora.
—Hola, traje las sabanas.
—Bien — captura los datos y la hace firmar sin siquiera dirigirle la mirada.
—Lamento lo que pasó, no debí hacerlo, me disculpo — habla tímidamente.
—No es necesario que te disculpes, no estoy molesto, solo me tomó por sorpresa que siguieras con él.
—Pues si y ahora estoy muy avergonzada por mi comportamiento.
—No deberías avergonzarte, no hiciste nada incorrecto.
—¿No te parece incorrecto que haya besado a otro teniendo novio?
—No es por la acción, es porque no creo que él merezca tu consideración — Tobias no puede disimular su desprecio.
—Él no merece ser traicionado — espeta Támara que no comprende la actitud de Tobias hacia su novio.
—Escucha, eres hermosa, simpática, agradable, trabajas, no creo que él merezca a alguien como tú.
—No me conoces, he cometido muchos errores, por eso estoy aquí, para madurar y aprender a ganarme la vida, pero eso no tiene nada que ver con James, me equivoqué al besarte.
Tobias siente unas ganas inmensas de estallar de solo escuchar su nombre, da la vuelta y sale del mostrador para estar frente a la joven.
—No te equivocaste en nada — sin poder evitarlo, la besa y ella reacciona abrazando su cuello.
—Esto está mal — responde Támara sin despegar sus labios de los de él.
—No es esto lo que está mal — comenta Tobias sin dejar de besarla y acariciar su espalda como si quisiera consolarla, la hace sentir a salvo al hacer eso.
—Hmm, Hmm — un garraspeo los hace despegarse — Tengo sábanas que entregar — interrumpe una de las recamaristas de mayor edad.
—Enseguida Carmen — responde Tobias regresando a su lugar y Támara se aleja avergonzada por el espectáculo que acaba de dar.